La despedida que Eastwood filmó, miró y guardó para siempre en un cajón de "Sin perdón"
A 34 años del estreno de la película ganadora de cuatro Óscar, se conoció el detalle de una escena del final que Clint Eastwood llegó a rodar, incluyó en un primer montaje y luego descartó por considerarla "un golpe de más". El guionista David Webb Peoples la describió y reveló su inesperada conexión con "El padrino".
Me imagino la sala de montaje de Clint Eastwood en aquellos años noventa, con la luz tenue de los proyectores de video y el zumbido apenas perceptible de las cintas pasando una y otra vez. Ahí, delante de su director favorito y de su propio rostro ya avejentado, el realizador californiano se sentó a revisar una vez más el cierre de "Sin perdón", esa película que había acariciado durante casi una década antes de animarse a filmarla. Y en esa revisión, según contó el guionista David Webb Peoples, Eastwood tomó una decisión que hoy, más de tres décadas después, sigue dando que hablar: cortar una escena del desenlace que él mismo había rodado y que, en un primer montaje, incluso llegó a estar incluida.
Para quienes vimos "Sin perdón" en su momento, el final que conocemos muestra a William Munny, el pistolero jubilado que vuelve a empuñar por dinero, regresando a su rancho con el bolsillo lleno y el alma bastante más vacía. Eastwood, que ya venía de títulos durísimos como "Sin piedad" y la saga del "Vigilante" de los setenta, construyó a este antihéroe con la economía de gestos que lo caracteriza: pocas palabras, mirada de acero y ese silencio que dice más que cualquier monólogo. Pero lo que el público nunca vio fue un cierre alternativo que el propio Peoples alcanzó a ver proyectado en una sala.
La escena que quedó afuera
En ese segmento eliminado, Munny volvía a su casa y se reencontraba con sus hijos. El clima era apacible, doméstico, de esos que en el western clásicoan un final feliz. Hasta que el hijo mayor, Will Jr., notaba la repentina prosperidad económica de la familia y, con la inocencia cruel de la adolescencia, le preguntaba al padre si había matado a alguien para conseguirla. La respuesta de Munny, seca y definitiva, era que no. Una mentira que, para Peoples, terminaba de cerrar el arco del personaje con una honestidad brutal: el pistolero no podía ni siquiera confesarle la verdad a su propia sangre.
“Munny no dice "maté a esos hijos de puta". Está avergonzado de lo que hizo.”David Webb Peoples, guionista de "Sin perdón"
La huella de "El padrino" y un director que estuvo a punto de serlo
Lo más curioso de este cierre alternativo, al menos para mí, es la genealogía que el propio Peoples reconoce. Cuando lo escribió, tenía muy presente el tramo final de "El padrino", ese plano en el que Michael Corleone le asegura a su esposa Kay que él no fue quien mandó matar a su cuñado, mientras la puerta se cierra sobre la mentira y sobre la vida de ella. Eastwood, gran admirador del cine de Francis Ford Coppola, terminó haciendo suyo el proyecto que el propio Coppola había considerado dirigir antes de bajarse. Dato de color que, a esta altura, ya forma parte del folklore hollywoodense: dos obras maestras del cine americano dialogando a través de un final que finalmente nunca vimos.
- La escena fue rodada e incluida en un primer montaje, pero Eastwood la sacó del corte final.
- En ella, Munny le miente a su hijo Will Jr. sobre el origen del dinero que trajo a casa.
- El guionista se basó en el cierre de "El padrino" para escribirla.
- Eastwood le dijo a Peoples que le parecía "un golpe de más" y no la usó.
- El material descartado nunca se publicó, ni siquiera como extra en DVD o Blu-ray.
Yo, que cada tanto vuelvo a ver "Sin perdón" y cada vez me parece una película más grande, más honda y más necesaria, confieso que la decisión de Eastwood me parece de manual. No porque la escena alternativa sea mala, sino porque Munny, tal como queda en el montaje definitivo, carga con su vergüenza sin necesidad de verbalizarla. Está en la mirada perdida, en el modo en que acaricia a los chicos sin terminar de mirarlos, en esa frase final que suena casi a disculpa. A veces, en el western y en la vida, lo que no se dice termina pesando más que cualquier confesión. Y Eastwood, viejo zorro de Monterey, lo entendió así antes que nadie.
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