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SÁB, 05 SEPT 2026
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La canción que viajó del auto a la sala de espera: Rocío Igarzábal y el recuerdo vivo de Ernestina Pais

A dos meses de la muerte de su amiga y compañera de elenco, la actriz contó una experiencia que la dejó sin palabras: una desconocida empezó a cantar en voz alta el tema de Julieta Venegas que las dos habían compartido entre lágrimas, justo tres días después del accidente.

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Verónica CardozoCultura y espectáculos · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 5 min

Me imagino la escena y todavía se me hace un nudo en la garganta. Son las seis y pico de la tarde de un lunes de fines de junio, en alguna sala de espera cualquiera de la ciudad de Buenos Aires. Poca gente, silencio de hospital, olor a desinfectante, el murmullo tibio de un ventilador de techo. Rocío Igarzábal está sentada, con la cabeza todavía revuelta por el golpe más reciente que le había dado la vida: tres días atrás, el 26 de junio, su amiga y compañera de elenco Ernestina Pais había muerto atropellada por un tren en San Isidro, cuando se dirigía al teatro para hacer la función de la obra que protagonizaban juntas. Y ahora, en medio de ese pasillo con luces de tubo, una mujer a varios asientos de distancia, con su hijo pequeño al lado, se pone a cantar en voz alta una canción que las dos actrices habían escuchado a los gritos en el auto, entre risas y lágrimas, apenas unas semanas antes.

Una amistad construida en escena

Te lo tengo que contextualuar, porque si no la historia se pierde: Ernestina y Rocío no eran amigas de toda la vida. Eran, hasta ese junio trágico, dos actrices que se habían cruzado laboralmente y que, obra mediante, habían terminado construyendo algo mucho más parecido a una hermana que a una colega. Estaban de gira con un espectáculo que las tenía como protagonistas, y en esos meses de viajes, camerinos compartidos y funciones compartidas se habían contado cosas que uno normalmente no se cuenta ni con amigos de décadas. Entre ellas, una confesión musical que parece chica pero que en realidad no lo es: Igarzábal le había dicho a Pais que Todo está aquí, del MTV Unplugged de Julieta Venegas, era una de sus canciones favoritas. Tanto que la había inspirado a componer un tema para su hija, dentro de un disco propio que está previsto para el año que viene.

Las dos la cantaron a los gritos en el auto, en uno de esos viajes de vuelta del teatro, con la emoción a flor de piel. Me lo imagino con la ventanilla baja, el aire de la ruta, y las dos descompaginando la melodía a todo volumen. De esas cosas que parecen intrascendentes y después terminan siendo las que uno atesora para siempre.

Tres días después, en la sala de espera

El lunes 29 de junio, Rocío fue a hacerse un estudio, un espinograma. Todavía con el mundo afuera girando demasiado rápido. En la sala había pocas personas, y una señora mayor se le acercó, la reconoció, y le contó que su hijo había sido una de las últimas personas en estar con Ernestina en los momentos finales del accidente, y que estaba muy afectado por lo que había visto. Cuando la llamaron por su turno y se levantó para entrar al consultorio, otra mujer, sentada a varios asientos de distancia, con el nene al lado, empezó a cantar despacio, en voz alta, mirando para cualquier lado: Todo está aquí.

“Se me erizó la piel. Yo sentí que me estaba diciendo que ella estaba bien.”Rocío Igarzábal

Esa es la frase que la actriz dijo el 4 de septiembre en un programa de radio, con la voz entrecortada, avisando de antemano que el corazón ya le latía fuerte antes de empezar a hablar. Y a mí, te soy sincera, me sigue dando vueltas. Porque una puede intentar racionalizarlo, puede decir que fue una casualidad enorme, que son esas cosas que a veces pasan y que no significan nada más que la mente buscando señales donde no las hay. Pero hay algo en el modo en que lo cuenta Igarzábal que te hace inclinar la cabeza del otro lado, como cuando uno se queda callado frente a algo que no termina de entrar.

Una palabra prestada del guaraní, porque el idioma a veces dice lo que el castellano no

En guaraní existe una expresión que se usa mucho en el Litoral argentino, en Paraguay y en parte del sur de Brasil, y que más o menos se traduce como esa especie de duende cálido que se te cruza en el momento justo, esa cosa rara que parece casualidad pero que en el fondo uno siente que no lo es: los guaraníes la suelen llamar ñande reko, que significa algo así como nuestro modo de ser, nuestra manera de andar por el mundo, pero también se usa para nombrar esos pequeños milagros sin explicación. Yo no digo que lo de la sala de espera haya sido un milagro, ojo. Digo que hay momentos en los que la vida se comporta como si tuviera ñande reko propio, como si supiera qué canción poner y en qué momento.

La música, después

Rocío contó que, desde esa tarde en la sala de espera, la música de Julieta Venegas pasó a ocupar un lugar nuevo en su vida. No es que antes le gustara poco, todo lo contrario: ya la había elegido como banda sonora de un momento muy íntimo, el de escribirle una canción a su hija. Pero ahora se le sumó algo más, una capa que antes no estaba, un peso distinto, más parecido al de un pañuelo que uno lleva en el bolsillo sin saber bien por qué. Y cada vez que la escucha, seguramente vuelve a ver a Ernestina con la ventanilla baja, cantando a los gritos, viva.

A mí, que soy bastante descreída de las señales, este relato me dejó pensando varias cosas a la vez. Primero, que las canciones no son solo canciones: son lugares a los que uno vuelve con la memoria y se encuentra con gente que ya no está. Segundo, que las actrices y los actores, aun cuando el escenario se apaga, siguen viviendo dentro de historias que no siempre se ven, y que esas historias a veces revientan de la manera más inesperada, en una sala de espera, de la mano de una desconocida con un nene al lado. Y tercero, que cuando alguien se va de golpe, como se fue Ernestina, lo que queda del otro lado es esto: pedazos de música compartida, frases picadas, viajes en auto, y la certeza de que ciertas canciones ya no se van a poder escuchar igual. Te tiro la pregunta al aire, como para cerrar, porque me da curiosidad genuina: ¿te pasó alguna vez algo así, de esas cosas que no terminás de explicar pero que sabés que te dejaron marcado?

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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