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SÁB, 05 SEPT 2026
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El olvido que Nintendo compró: la historia de las dos películas porno de Super Mario que la compañía prefirió enterrar antes que exhibir

A comienzos de los noventa, mientras la versión oficial de Super Mario Bros. fracasaba en los cines, una productora adulta filmó en dos días una parodia que se convirtió en dos. La gigante de los videojuegos pagó para que nadie pudiera verla, y casi lo consigue durante más de una década.

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Verónica CardozoCultura y espectáculos · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 5 min

Me imagino la escena: un set improvisado en algún rincón de Los Angeles, a comienzos de los años noventa, con presupuesto de apenas veinte mil dólares, equipos técnicos que parecen armados con lo que había a mano y un guion escrito al vuelo, casi a la carrera, mientras afuera explotaba el fenómeno de Super Mario Bros. y los chicos de todo el mundo se peleaban por terminar cada nivel del fontanero bigotudo. En ese contexto, el director y actor Buck Adams vio lo que muchos todavía no se animaban a ver con claridad: que la cultura popular estaba llena de intersticios donde se podía meter mano sin pedir permiso, y que la fiebre por Mario era una invitación demasiado tentadora como para dejarla pasar. Así nació la primera entrega de Super Hornio Brothers, rodada en apenas dos días y con un resultado tan voluminoso que la producción terminó partiéndose en dos películas distintas.

Un doble movimiento que salió mal

Lo más jugoso del asunto es el timing, que parece calculado por un guionista con muy mal humor. Las dos películas de Super Hornio se estrenaron prácticamente a la vez que la adaptación oficial de Super Mario Bros., la que dirigieron Rocky Morton y Annabel Jankel y que se convirtió en uno de esos fracasos ruidosos que todavía hoy se estudian como caso de manual: crítica destrozándola, público esquivándola, y una imagen del personaje que quedó golpeada durante años. Encima de ese papelón, todavía había que explicarles a los padres que existían unas películas para adultos con el fontanero como protagonista. La coincidencia fue un regalo envenenado para Nintendo, que ya venía masticando bronca por el resultado en taquilla de la versión oficial y que de golpe tenía que hacer frente a un problema extra, más subterráneo pero igual de incómodo.

Ahí entra la decisión que vuelve a toda esta historia tan particular: en lugar de iniciar juicios eternos, demandar a medio mundo o salir a dar explicaciones públicas, Nintendo optó por la vía más silenciosa posible. Compró los derechos de las dos películas de Super Hornio Brothers, los archivó y se sentó a esperar. Sin comunicados, sin campañas, sin títulos en los diarios. En criollo, la compañía decidió tirar la plata a cambio de que el material dejara de circular, asumiendo que cualquier ruido extra alrededor del tema iba a terminar haciéndole más daño que la propia existencia de las cintas. Una estrategia que, mirándola con perspectiva, resultó casi quirúrgica en su discreción.

Y funcionó. Durante más de diez años, la pregunta sobre si esas películas habían existido de verdad se convirtió en una de esas leyendas urbanas que rebotan de foro en foro sin terminar de confirmarse. Muchos creían que eran un mito, un invento de fans con demasiado tiempo libre o una exageración de la prensa especializada. La cobertura mediática, que suele ser generosa con este tipo de curiosidades, se topaba siempre con el mismo muro: no había copias disponibles, no había distribuidores que hablaran, no había manera de chequear si aquello era real o un cuento bien armado. En ese sentido, hay que reconocerlo, la movida de Nintendo fue de manual: gastaron para que no se hablara, y casi lo consiguen.

Lo que volvió a aparecer y lo que nunca volvió

  • En 2009, mucho después del estreno original, apareció en internet una copia parcial de Super Hornio Brothers 2: King Pooper Returns, que incluía un resumen de la primera entrega y reavivó el debate sobre la existencia de las cintas.
  • El actor Ron Jeremy, protagonista de ambas producciones, confirmó públicamente que los derechos del material pertenecen a Nintendo y que, por cuestiones legales, no es posible volver a distribuirlos ni reeditarlos.
  • La primera película, Super Hornio Brothers, sigue sin aparecer de manera íntegra en ningún circuito accesible al público, y su desaparición alimenta cada tanto nuevas oleadas de curiosidad y de rumor.

Hay algo que a mí, particularmente, me sigue resultado fascinante de este episodio, y es la lógica invertida que plantea: una empresa de videojuegos multimilionaria gastando dinero, no para sumar contenido a su catálogo ni para diversificar negocios, sino lisa y llanamente para comprar silencio. Es un movimiento casi Kafkiano, como si la compañía hubiera decidido que lo más valioso que podía hacer con esas cintas no era verlas, ni editarlas, ni reciclarlas, sino directamente comprarlas para que nadie más pudiera hacerlo. En una industria donde hasta el material cancelado se rescata después en ediciones de coleccionista, ver a una empresa pagar para que algo desaparezca resulta casi una rareza antropológica. Uno podría decir, con esa picardía criolla que solemos usar para bajarle el tono a las cosas pesadas, que Nintendo les metió un kurepi de madre al asunto, les tapó la salida con elegancia y se quedó tranquilo. Y lo más irónico de todo es que esa decisión, pensada para proteger la imagen de Mario, terminó transformándose, décadas después, en una de las historias más recordadas del mundillo gamer. Porque, queramos o no, hablar hoy de las películas de Super Hornio es, inevitablemente, seguir hablando de Mario, de Nintendo y de los límites cada vez más porosos entre la cultura popular, la parodia y el negocio. ¿Sabías de la existencia de estas cintas, o te pasó como a mí, que te enteraste recién hojeando archivos viejos? Sea como sea, lo más sano es asumir que el archivo, cuando quiere hablar, siempre termina encontrando la manera de asomar, aunque sea por la ventana de al lado.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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