Alerta Litoral  Buscar
Dólar oficial $1.530,00 0,00%Dólar blue $1.540,00 0,00%Dólar MEP $1.525,30 0,00%Riesgo país 490 pb -0,81%
SÁB, 05 SEPT 2026
Vida

Puchero, el perro que se hizo bicipolicía en Neuquén y nunca quiso irse de la comisaría

Tiene unos 12 años, duerme en su propio colchón en la Comisaría Primera y cada mañana espera en la puerta la salida de los agentes que recorren la ciudad en bicicleta. Lo adoptó la calle, lo quedó queriendo la fuerza y hoy es una pequeña celebridad del patrullaje neuquino.

EB
Elena BianchiSociedad · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Son las primeras horas de la mañana en la esquina de Ministro González y Mendoza, en el corazón de Neuquén, y un perro de pelaje oscuro ya está parado en la puerta de la Comisaría Primera, mirando hacia la calle con la misma expectativa de siempre. No ladra, no se mueve: espera. Del otro lado del portón se escucha el ruido metálico de las bicicletas siendo sacadas del lugar donde pasan la noche, el tintineo de las llaves y la voz de un agente que pregunta, como cada día, si ya está listo para salir. Puchero, que así lo llaman todos en la fuerza, mueve la cola apenas. El turno recién empieza, pero para él la jornada arrancó hace rato.

Lo que más llama la atención de quien lo cruza por la calle es el chaleco impermeable que lleva sobre el lomo, con una frase bordada que parece pensada para desarmar al transeúnte más apurado: No me lo robes... yo también tengo frío. Ese chaleco no salió de una tienda de uniformes: lo cosieron con sus propias manos integrantes de la agrupación Patas Unidas Neuquén, una de esas voluntariados animales que en los últimos años se multiplicaron por la ciudad. Cuando Puchero camina al lado de los bicipolicías por la zona del hipermercado Jumbo, por el corredor que cruza la ciudad de este a oeste o por los alrededores de la Comisaría Segunda, muchos vecinos frenan la marcha, lo fotografían y, sobre todo, preguntan si está en adopción. No lo está.

Una década de patrullaje a cuatro patas

La historia de Puchero en la fuerza no empezó con un acta de entrega ni con una decisión administrativa. Empezó, simplemente, con un perro que apareció hace más de una década por la seccional y que nunca se fue. Con el tiempo, esa presencia silenciosa se volvió parte del paisaje: el animal se fue ganando un colchón propio dentro del destacamento, las vacunas al día y una rutina que replica, casi con de relojero, la de los agentes que más quiere.

Su base fija es la Comisaría Primera, en Ministro González y Mendoza, pero su radio de movimiento es bastante más amplio. Algunos días recorre las calles de la División de Policía Motorizada, sobre Petróleo e Intendente Carro, donde también lo conocen y lo dejan pasar. En cualquier dependencia donde se presente, dicen los efectivos, siempre tiene dónde echarse un rato. Toda la fuerza lo reconoce, y eso, en una estructura tan grande como la policial, no es un dato menor.

“Aparte de ser un compañero, es el primero que está listo para salir a hacer las tareas de prevención. Cuando pedaleamos siempre hacemos una parada fija para no cansarlo demasiado.”Nemesio Lagos, agente de bicipolicía con nueve años en la fuerza

Una presencia que ordena y alerta, pero no se mete

Los bicipolicías son, sin dudas, quienes más tiempo comparten con él. Esa modalidad de patrullaje nació en Neuquén hacia el año 2000, por iniciativa del entonces comisario Mario Barros, que junto a un grupo de agentes de Cutral Co decidió cubrir el territorio a pedal. Puchero llegó bastante después, pero adoptó la rutina como si la hubiera inventado él. Cuando arranca el turno, ya está en la puerta; cuando termina, vuelve solo a su colchón.

En la calle, el perro se mueve con una mezcla singular de calma y atención. La agente Aldana Campos, que lleva tres años en la seccional, lo describe con una precisión que sólo da el trato cotidiano: con otros perros es indiferente, si alguno lo provoca directamente lo ignora, y ante una situación tensa en un procedimiento, ladra para alertar, pero no escala. Se da cuenta enseguida, dice. Solo se pone a ladrar para dar alerta, pero no pasa de eso. Es, en criollo, un perro que entiende cuándo la cosa se pone seria y cuándo no hace falta meter la pata.

Lo intentaron adoptar. Lo pensaron más de una vez, incluso, algunos efectivos que lo quieren como si fuera de la familia. Pero Puchero, cada vez que tuvo la chance de mudarse, eligió volver. Lo quisieron adoptar, pero no pasó nada, resume Campos con una media sonrisa. Se quedó en la jefatura. Ya es de acá. En una ciudad donde la relación entre la policía y el vecino suele ser tensa y está atravesada por discusiones que exceden a cualquier perro, este animal se las ingenió para ocupar un lugar raro: el de un compañero que nadie mandó pero que todos sostienen.

Mientras la mañana se acomoda sobre Neuquén y las bicis empiezan a tomar la calle, Puchero ya está trotando unos metros adelante de los agentes, con el chaleco impermeable brillando apenas bajo el sol frío de la Patagonia. De vez en cuando se detiene, mira hacia atrás como si verificara que todos vienen, y sigue. No es un perro de desfile ni una ocurrencia para la foto: es, probablemente, el bicipolicía más antiguo de la ciudad, y el que menos piensa renunciar.

EB

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo