Alerta Litoral  Buscar
Dólar oficial $1.535,00 +0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,00%Dólar MEP $1.542,00 +0,00%Riesgo país 509 pb +0,00%
JUE, 27 AGO 2026
Entretenimiento

La última ovación a Rubén Rada: un Salón de los Pasos Perdidos desbordado de candombe y memoria

Figuras del canto popular argentino, el presidente Yamandú Orsi y una multitud de varias generaciones acompañaron al músico uruguayo en el velatorio realizado en el Palacio Legislativo montevideano. La despedida continuará este viernes con un cortejo que partirá desde el Palermo.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos · 27 DE AGO DE 2026 · lectura 4 min
waftg

Me imagino la escena y todavía se me eriza la piel: la explanada del Palacio Legislativo de Montevideo, ese edificio de mármol que parece un templo griego varado en Sudamérica, colmada de gente que desde mucho antes de las dos de la tarde se acomodaba con paciencia para entrar al Salón de los Pasos Perdidos. Era la fila del último adiós a Rubén Rada, el Negro Rada, el de toda la vida, y la fila no se movía con la solemnidad muda de otros velorios: se movía con palmas, con algún murmullo de candombe y con la certeza de que a ese hombre no se lo despachaba en silencio, porque él mismo había pedido que la despedida fuera alegre. La ceremonia abrió sus puertas este jueves a las catorce y se extendió hasta las veintiuna, y durante esas siete horas el Salón funcionó como una especie de gran sala de conciertos donde el féretro terminó siendo, paradojalmente, el centro de una fiesta.

Una delegación argentina que cantó frente al ataúd

Alrededor de las cuatro de la tarde, cuando todavía quedaba luz de invierno sobre el Río de la Plata, se armó una de esas escenas que se vuelven parte del folklore de las despedidas artísticas. León Gieco, Natalia Oreiro y Ricardo Mollo —tres voces y tres biografías muy distintas del rock y del pop argentinos— se acercaron hasta donde estaban los tres hijos del músico, su esposa Patricia Jodara y el compositor Jorge Nasser. Cantaron Blumana, ese tema que Rada grabó en los años setenta y que durante décadas sonó en cada cumpleaños montevideano. Después sonó Muriendo de plena, y entonces ocurrió lo que suele ocurrir cuando un himno así empieza a sonar en una sala llena: la gente se fue sumando sola, las palmas se acoplaron al patrón del candombe y el Salón entero terminó funcionando como un cordón de tambores. La nota, vale aclararlo, no fue un número ensayado: fue una de esas cosas que pasan una vez y no se repiten.

“Esto no para. Nosotros somos medio apagaditos; él era para arriba. Alegría, alegría.”Yamandú Orsi, presidente de Uruguay

El presidente Yamandú Orsi decretó duelo oficial para toda la jornada del jueves y se hizo presente en el velatorio. En la rueda de prensa que dio después contó anécdotas personales con Rada —mencionó un show del músico en Corea y el dato casi insólito de que los militares uruguayos desplegados en el Congo cerraban la jornada escuchando Mi país— y dejó una definición que, a mi entender,resume bastante bien el carácter del homenajeado. El propio Orsi contó que Rada le había pedido que la despedida tuviera tono de alegría, no de velorio clásico.

De Palermo al Cementerio del Norte

  • El sepelio será este viernes 28 de agosto.
  • El cortejo partirá a las once desde la esquina de Isla de Flores y Santiago de Chile, en el barrio Palermo.
  • La marcha se dirigirá al Cementerio del Norte, donde descansarán los restos del músico.
  • Matías Rada, uno de los tres hijos del Negro, estuvo recibiendo condolencias durante toda la jornada en el Salón de los Pasos Perdidos.

Rubén Rada murió el miércoles 26 de agosto a los 83 años, después de un mes de internación por una neumonía bilateral. Lo que queda flotando en el aire de Montevideo —y permítanme acá una de esas palabras que me gusta colar para describir lo que siento, porque a los uruguayos siempre les digo que el guaraní nos hermana en el Cono Sur— es un mbaʼéichapa, un ánimo entre solemne y festivo que describe perfectamente al Negro: esa manera de tomarse la vida con música hasta en el momento de irse. Rada había grabado más de cuarenta discos en una carrera que arrancó en los años sesenta con El Kinto y siguió, sin pausa, con su propia banda; cualquiera de nosotros tiene un Rada en la memoria, un tema que aparece cada vez que suena un piano con un toque de jazz o una batería que tira para candombe. A mí, si me preguntan con qué me quedo, les digo que me quedo con esa escena del Salón de los Pasos Perdidos: la de los argentinos cantando Blumana al lado de los hijos del Negro, en una sala donde, por unas horas, no había país frontera que valiera.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo