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MAR, 15 SEPT 2026
Entretenimiento

La segunda vida de Al Di Meola: una noche de fuego acústico en La Trastienda

Después del infarto que en 2023 le cortó la gira por Buenos Aires, el guitarrista estadounidense volvió a subirse a un escenario porteño con un formato acústico y dos músicos españoles. Dos horas y diez minutos de jazz, flamenco y tango, con un público que no paró de aplaudir de pie.

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Verónica CardozoCultura y espectáculos · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

La Trastienda estaba llena hasta las bandejas delpulled pork y las jarras de cerveza, pero lo que más se sentía esa noche no era el murmullo típico de un viernes porteño, sino una expectativa casi religiosa. Cuando las luces bajaron y Al Di Meola pisó el escenario con su guitarra, se me vino a la cabeza una imagen muy concreta: la de alguien que vuelve a un lugar del que se había despedido sin querer. El guitarrista estadounidense, de 72 años, volvió a tocar en Buenos Aires después de que un infarto sufrido en Bucarest en 2023 le truncara la gira que incluía fechas en la Argentina. Y volvió, según sus propias palabras, como quien vuelve a nacer.

Lo acompañaron dos músicos españoles con raíces flamencas muy firmes: el guitarrista Isaac Romagosa y el percusionista Sergio Martínez, cuyo cajón fue el verdadero ancla rítmica de la velada. El formato acústico, apenas roto por algunas distorsiones puntuales, le dio a la noche un carácter íntimo y detallado, como si estuvieras escuchando en el living de la casa de un virtuoso. El show duró dos horas y diez minutos casi sin cortes, y el repertorio recorrió cinco décadas de una carrera que parece no tener fisuras.

Un menú que mezcló continentes

  • Fandangos, soleás y rítmica afrolatina convivieron con fragmentos de jazz de fusión y momentos de improvisación colectiva.
  • Hubo guiños a su etapa en Return to Forever, el proyecto que compartió con Chick Corea, una de las bandas más influyentes del género.
  • Se escucharon versiones de The Beatles, entre ellas In My Life, y de Simon y Garfunkel, con un cover de The Sound of Silence que puso la sala en silencio.
  • No faltaron pasajes de Astor Piazzolla, con Café 1930 como momento más emotivo para el público porteño.
  • Tocó temas propios como Misterio, Infinite Desire y Eden, además de Ava's Dance in the Moonlight, que dedicó a su hija.

Esa decisión de elegir músicos con alma flamenca no fue un detalle menor: marcó toda la paleta sonora del concierto. Fandangos, soleás y rítmica afrolatina se mezclaron con el jazz más eléctrico de su historia y con evocaciones mediterráneas que sonaron como un viaje sonoro desde Andalucía hasta el Río de la Plata. Varios temas se estiraron más allá de su forma de estudio, gracias a improvisaciones colectivas donde los tres músicos se escuchaban con una atención casi telepática. En algún tramo, la música se parecía a una conversación en la que ninguno quiere hablar más fuerte que el otro.

El regreso, las palabras y un final con palmas

Di Meola habló varias veces en español, con esa cadencia mezcla de gratitud y asombro que tienen los extranjeros cuando descubren que la Argentina los esperaba. Una de las frases que más se recuerdan de la noche fue esa: Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer. Lo dijo mirando fijo al público, y se notaba que no era un verso aprendido: era el resumen de alguien que sabe que tuvo suerte de estar parado ahí. Hacia el final, invitó al público a acercarse al escenario y despidió la noche con Mediterranean Sundance, la pieza asociada a Paco de Lucía, mientras el gentío palmeaba y los teléfonos se alzaban como velas en una procesión laica.

No todo fue perfecto, claro. En un momento Di Meola tuvo que llamar a su ingeniero de sonido al escenario por problemas con el audio, y algunas improvisaciones se estiraron tanto que perdieron un poco de tensión. Fueron asperezas menores dentro de un concierto que funcionó como una declaración de principios: acá hay un guitarrista que pasó por el quirófano y eligió volver a subirse a un avión antes que quedarse quieto en el sofá de su casa. Después de escucharlo, me quedé pensando en una palabra en guaraní que me gusta mucho: jajapo, que significa hacer, crear, fabricar. Es lo que hizo Di Meola el otro día en La Trastienda: fabricarse una nueva vida en vivo, nota a nota, acorde por acorde, ante un público que lo miraba como quien mira a alguien que regresa de un viaje del que no todos vuelven.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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