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MIÉ, 09 SEPT 2026
Entretenimiento

A casi un cuarto de siglo, la frutilla del postre sigue esperando: Paramount quiere revivir "The Italian Job"

La productora reactivó el proyecto de la secuela y negocia con Paul Feig para que se siente en la silla de director. Todavía no hay elenco confirmado y la pregunta que sobrevuela todo es si el espíritu callejero y pícaro de la original llegará intacto o se con más humor a cuestas.

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Verónica CardozoCultura y espectáculos · 9 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Imaginate la escena: un semáforo de Los Ángeles cambia a verde, un Mini Cooper amarillo se desliza entre el tráfico como si fuera un torpedito, y por un instante, mientras mirás ese cuadro, pensás que el tiempo no pasó. Bueno, pasaron veintitrés años, y Paramount acaba de mover las piezas para que ese recuerdo vuelva a la pantalla grande con una secuela de "The Italian Job", la película que en 2003 dirigió F. Gary Gray y que se convirtió en un clásico moderno del género de robos con conductor al volante.

Según la información disponible, la productora inició conversaciones con Paul Feig, un director que se ganó el aprecio del público grande con comedias de acción como las recientes entregas de "Ghostbusters" o las Girls de Brooklyn que parecen no cansarse. Feig todavía no firmó nada, pero la idea de Paramount es clara: quiere que sea él quien le ponga la marca personal a esta segunda parte. Falta, claro, lo más jugoso, que es saber quién se sube al auto.

Un elenco en suspenso y una pregunta que nadie quiere responder

Porque hasta ahora no hay anuncio oficial sobre el reparto. Los nombres que sobrevuelan desde hace años son los de siempre: Mark Wahlberg, Charlize Theron y Jason Statham, los tres mosqueteros de la original. ¿Volverán? ¿Alguno hará un cameo con gorrito de piloto y anteojos de sol? ¿Aparecerán en un flash-back a lo "this was a triumph"? Nadie lo sabe, y en Hollywood cuando nadie sabe, es porque todavía no se sentaron a la mesa a negociar.

La original fue, en realidad, una remake aggiornada del clásico británico de 1969 que encabezara Michael Caine, una de esas joyitas que los cinéfilos guardan como reliquia. La versión 2003, en cambio, recaudó 176 millones de dólares en todo el mundo con un presupuesto de 60 millones, según los números que trascendieron, y se consolidó como una de esas películas que uno se encuentra un sábado a la tarde por cable y no puede dejar de mirar hasta el final. La fórmula era simple y efectiva: un robo de oro en Los Ángeles, Minis tuneados que parecían salidos de una carrera de Picadas, y un sistema de hackeo de semáforos que en 2003 parecía ciencia ficción y hoy, ay, nos resulta casi un manual de instrucciones.

Feig, la comedia y un posible cambio de clima

  • Trayectoria de Feig: más cerca del humor y el gag que del pulso frío del thriller de robos.
  • Riesgo creativo: ¿se sostendrá la tensión del plan perfecto o primará la carcajada fácil?
  • Ventaja posible: aire fresco para una historia que, sin reinventarse, podría quedar como un photocopy del original.
  • Expectativa del público adulto: piden que la química del elenco original sobreviva, o al menos que el espíritu callejero siga intacto.

Acá me permito, con el permiso de ustedes, una opinión sin pedirle permiso a nadie: la elección de Feig me genera una mezcla de ilusión y de cosquilleo en la panza. Ilusión porque Feig sabe manejar grupos grandes de personajes, ponerlos a discutir entre sí y hacer que el espectador se encariñe con cada uno como si fueran primos del barrio. Y cosquilleo porque la versión 2003 tenía un equilibrio muy delicado entre la adrenalina del robo, el humor del enano que explotaba cables y la mirada profesional de una Theron que, está dicho, se comía la pantalla cada vez que aparecía en el hangar con cara de no creer nada de lo que veía. ¿Podrá Feig sostener esa tensión con su paleta más cómica? Habrá que esperar, y por ahora el proyecto no tiene ni fecha de rodaje ni mes tentativo de estreno.

Mientras tanto, me quedo pensando en una palabra que mucho no se usa en el cine de Hollywood pero que a mí, chaqueña de alma, me sale sola cuando una película me hace sentir que estoy adentro del auto, esquivando camiones: ese término guaraní tan lindo que es úpichaá, esa sensación de pasar zozobrando, al filo, con el corazón en la boca y sin saber si vamos a chocar o si nos salvamos por un pelo. La original era úpichaá pura. Veremos si la nueva entrega nos devuelve esa misma descarga o se va por el camino del chiste redondo, que también tiene su encanto, pero que no es lo mismo.

Por lo pronto, la pelota está en la cancha de Paramount y de Feig. Cuando haya humo blanco, lo contar acá, en Cultura y espectáculos, donde seguimos cada giro de guión como si fuéramos uno de esos hackers de la película, pendientes del semáforo, esperando que cambie a verde para acelerar.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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