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MIÉ, 09 SEPT 2026
Vida

Neuquén le gana tres kilómetros al río y vuelve a mirarlo de frente

La Municipalidad estrena el sábado 12 el tramo más ambicioso del Paseo Costero, entre las calles Chocón y Aguado, con un mirador elevado que balconea sobre el Neuquén. La red suma 33 kilómetros continuos sobre la ribera y la apuesta ahora es completarla de punta a punta, incluso en la confluencia con el Limay.

EB
Elena BianchiSociedad · 9 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Son las siete y pico de la tarde y la costanera empieza a poblarse de a poco, como si el río convocara a la gente con una paciencia que solo tienen los caudales grandes. Hay quienes bajan en bicicleta, quienes sacan a caminar al perro y quienes se quedan sentados en un banco mirando cómo el sol se aplasta contra el horizonte neuquino. Esa postal, que durante décadas fue una cuenta pendiente de la capital, empieza a quedar atrás: este sábado 12 de septiembre, en el marco del 122.° aniversario de la ciudad, la Municipalidad va a inaugurar el tramo más ambicioso del Paseo Costero, una obra que le devuelve al río un lugar que nunca debió perder.

Tres kilómetros que cambian la ribera

El nuevo segmento se extiende desde la calle Chocón hasta la calle Aguado, en pleno barrio Confluencia, y se suma a una red que ya alcanza 33 kilómetros lineales sobre las márgenes de los ríos Neuquén y Limay. La intervención incluyó pavimentación de la calle vehicular, veredas de hormigón, una bicisenda de concreto asfáltico, iluminación led y mobiliario urbano nuevo, pensado para que la gente se quede, no solo para que pase de largo.

Lo más llamativo del recorrido es un mirador elevado en la proyección de la calle Figueroa, que funciona como balcón sobre el agua. Por estos días se terminan los últimos detalles de señalización y la conexión vial del cruce, justo lo que falta para que el intendente y su gabinete puedan cortar las cintas el sábado a la tarde, en medio de los actos por un nuevo aniversario de la ciudad.

  • Más de tres kilómetros de senderos peatonales entre Chocón y Aguado.
  • Bicisenda de concreto asfáltico paralela a la traza principal.
  • Calle vehicular pavimentada, veredas de hormigón e iluminación led.
  • Un mirador elevado sobre el río en la proyección de calle Figueroa.
  • Acceso libre y gratuito, integrado a los 33 kilómetros ya habilitados.

Para llegar desde el centro, el camino es tan simple como conocido: se toma la ribera del río Neuquén y se sigue la traza existente del Paseo Costero hacia el sur, hasta donde empieza el tramo nuevo. No hay que pagar entrada, no hay que sacar turno, no hay que pensar demasiado. Es una salida directa para el fin de semana largo, apta para caminatas, para pedalear o, simplemente, para sentarse a mirar cómo el agua sigue pasando mientras la ciudad, de a poco, aprende a mirarla de vuelta.

“La ciudad completa, que estaba de espaldas al río, va a quedar mirando al río.”María Pasqualini, secretaria Jefa de Gabinete de la Municipalidad

La inversión total del tramo fue de 15.000 millones de pesos, financiados íntegramente con fondos municipales, un dato que la funcionaria destacó como parte de una decisión política deliberada: poner a la ribera en el centro de la planificación urbana. Detrás de la frase hay una idea fuerte, casi una confesión: durante años, Neuquén creció mirando hacia otro lado, hacia la ruta, hacia el Alto Valle productivo, mientras los ríos quedaban como un decorado lejano al que solo se bajaba en las fechas patrias o en alguna escapada de domingo.

La próxima frontera: la confluencia

La intendencia no piensa quedarse ahí. Esta semana se destrabó un trámite judicial que habilita la licitación del tramo que bordea la confluencia de los ríos Neuquén y Limay, desde el puente de Balsa Las Perlas hasta el Parque Agreste. Si todo avanza como está previsto, será el próximo eslabón de un circuito que, por primera vez, permitirá recorrer la ciudad de punta a punta pegado al agua, sin interrupciones, sin cortes, sin tener que volver a subir a la avenida para cruzar de vereda.

Mientras tanto, el sábado va a haber una de esas escenas que a esta altura ya se vuelven rutina en Neuquén, pero que no por eso dejan de conmover: familias enteras bajando a la costanera con sus hijos, parejas de jubilados ocupando los bancos nuevos, adolescentes probando la bicisenda con auriculares puestos y algún corredor solitario que estira las piernas después del trabajo. El río, que durante tanto tiempo fue solo el fondo de una foto, empieza a ser otra vez el centro de la escena. Y eso, en una ciudad que celebra 122 años, no es un detalle menor.

EB

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