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MAR, 15 SEPT 2026
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"Gracias, equipo": cuando el retiro corporativo se convierte en campo de batalla y Netflix lo cuenta con risa nerviosa

La película de Diego Núñez Irigoyen, con Alexandra Jiménez como protagonista, se mete en un finde de spa empresarial donde el compañerismo se desmorona en cuanto alguien susurra la palabra despidos.

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Verónica CardozoCultura y espectáculos · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Imaginate la escena: un hotel de campo con luces bajas, mesas largas servidas como para una boda, compañeros de oficina que llevan años viéndose en la oficina pero casi nunca fuera de ella. Algunos todavía se tratan de usted, otros ya se animan al chiste interno, todos comparten el café y las excusas para llegar tarde. De eso se trata "Gracias, equipo", la comedia española que Netflix incorpora a su catálogo el viernes 11 de septiembre de 2026, y que tiene a la española Alexandra Jiménez como cara visible de un reparto pensado para funcionar como conjunto.

Un guion que conoce el mundo del trabajo por dentro

El libreto lleva la firma de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, dos guionistas con recorrido en el terreno de la comedia de situación, formados en proyectos como "Fariña" y con experiencia en retratar dinámicas de grupo bajo presión. Acá eligen un terreno menos áspero: la competencia entre empleados vista desde el humor, sin buscar la sátira política ni el retrato social con mayúsculas. El resultado es una película que apuesta por entretener antes que por sacudir, y en esa promesa cumple con solidez.

El arranque del film funciona casi como un juego de arquetipos: el jefe que se hace el simpático, la compañera que sabe todo de todos, el ascendido reciente que nadie termina de creer, el veterano que mira a todos desde arriba. La galería está exagerada con criterio, lo justo para que cada chiste apoye en un rasgo reconocible y no se caiga en el caos de gestos acumulativos. Cuando empieza a correr la voz de que habrá despidos masivos, esos arquetipos se van tensando como resortes y el ritmo se sostiene sin tropiezos.

Una protagonista que sostiene el peso del elenco

Alexandra Jiménez vuelve a demostrar por qué se ganó un lugar entre las actrices más confiables de la comedia ibérica. Maneja con naturalidad el doble juego que le pide el papel: la sonrisa social de la empleada modelo, y la incomodidad creciente de quien empieza a calcular a cuánto queda su indemnización. No es un papel heroico ni dramático al estilo de sus trabajos más serios, pero tampoco es una caricatura: es el ancla emocional que impide que la película se vuelva un sketch alargado.

El director Diego Núñez Irigoyen, que viene de codirigir la primera temporada de "División Palermo", maneja el conjunto con orden y deja respirar a los secundarios sin convertirlos en meros comparsas. Esa decisión de dirección es clave para que la comedia funcione: cada personaje tiene su momento y nadie pisa a nadie.

Lo que deja cuando se apagan las luces

Conviene decirlo de entrada: la película no viene a revolucionar el género. El desenlace se vuelve bastante predecible a medida que se acumulan las señales, y el tramo final se entrega a una resolución amable, casi reconciliadora, que desactiva cualquier intento de crítica más filosa. Ahora bien, el recorrido hasta ahí se disfruta. La mirada sobre cómo las personas se vuelven competitivas cuando se sienten acorraladas por la posibilidad de perder el sueldo está planteada con humor, sí, pero también con una observación (moderadamente) crítica que no cae en el panfleto.

Te confieso algo: a mí me hizo acordar a esas reuniones de fin de año donde todos se prometen fidelidad eterna hasta que en enero hay un cambio de organigrama. El film no se anima a ir más a fondo, y eso puede dejar con ganas a quien espere una mirada más incisiva sobre la toxicidad del trabajo en equipo. Pero como comedia para pasar el rato y reírse un rato largo, cumple. Y al final, en la sobremesa del visionado, uno termina pensando en ese compañero que siempre se candidatea para todo y en aquel otro que se borra justo cuando se lo necesita. En mi caso, no puedo evitar sentir que la película funciona mejor como espejo que como denuncia, y eso, en el fondo, también es una forma de decir algo. Aguyje, como diríamos los que mamamos la cultura guaraní, "gracias" por un rato sin solemnidad.

¿Te animás a contarme si reconocés en "Gracias, equipo" algún comportamiento que hayas visto (o tenido) en tu propio trabajo? Te leo en los comentarios, porque acá en Cultura y Espectáculos siempre hay tiempo para charlar un rato más.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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