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MAR, 15 SEPT 2026
Turismo

Remar entre flamencos y camalotes: la otra cara de Santa Fe se descubre en kayak desde Arroyo Leyes

La laguna Setúbal ofrece 32 kilómetros cuadrados de agua, islas y vida silvestre a pocas cuadras de la capital provincial. Una empresa familiar organiza desde paseos cortos para principiantes hasta travesías de día completo por el Delta Superior, con almuerzo isleño y briefing de seguridad.

JL
Josefina LedesmaTurismo · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Te imaginás en la ciudad, a pocos minutos del centro santafesino, y sin embargo el paisaje se parece más a un cuadro del Amazonas que a la postal urbana de la costanera. Eso es lo que pasa cuando metés un kayak en el agua de la laguna Setúbal y empezás a palear hacia el norte: las torres se quedan atrás, los edificios se achican y, de golpe, el horizonte se llena de juncos, irupés y flamencos rosados que pasan a tu lado como si fueran parte de una coreografía.

La Setúbal es el gran espejo de agua que bordea Santa Fe capital, con 32 kilómetros cuadrados de superficie que se extienden desde los arroyos Aguiar y Leyes hasta el Canal de Acceso del puerto. Forma parte del Sistema Paraná, recibe agua de riachuelos que bajan desde Brasil y debe su característico tono rojizo al Bermejo, mientras que la salinidad se la aportan los arroyos Saladillo Dulce y Saladillo Amargo. El resultado es un cuerpo de agua con nutrientes y una biodiversidad que lo vuelven un capítulo aparte dentro del litoral.

Tres formatos para todos los niveles

Desde Arroyo Leyes, Carlos David Busaniche maneja junto a su familia Setúbal Kayak's, una empresa chica que arma las salidas a medida del palista. Las opciones se ordenan en tres formatos bien diferenciados. Las recorridas cortas navegan cerca de la costa urbana, con el puente colgante y la ciudad como telón de fondo, ideales para una mañana o una tarde y para quien se sube por primera vez a un kayak. Las jornadas largas arrancan temprano y terminan al atardecer: se meten en el Delta Superior, donde la laguna se fragmenta en cientos de cauces menores, zanjones con corriente fuerte y pasajes entre islas con playas de piedra y arena. En el medio del día, el equipo cocina una bondiola isleña desmechada que se sirve en el almuerzo. El tercer formato es el lago artificial, formado por el refulado de tierra en barrios cercanos: aguas tan calmas que se convirtió en el espacio preferido de los chicos y de quienes nunca remaron antes. La empresa también alquila ese predio, que tiene acceso directo a los esteros.

Antes de cada salida los guías dan un briefing con las características del recorrido, las medidas de seguridad y el equipamiento obligatorio. En tierra avisan sobre víboras y fauna silvestre en los senderos; en el agua, las advertencias apuntan a las corrientes más intensas que aparecen al meterse en los ríos internos y a los camalotes que a veces bloquean los arroyos menores y obligan a rodear o caminar por barrancas barrosas.

La fauna, ese espectáculo que viene solo

Lo que distingue a la Setúbal de otros tramos del Paraná es la cantidad de vida que se cruza en el camino. Flamencos rosados, garzas, espátulas, chajás, patos y gallinetas son habitués de la zona. El carpincho, que había quedado casi desaparecido tras la bajante extraordinaria de la pandemia, volvió a verse en los márgenes. En los campos de las islas pastan caballos y vacas de los puesteros locales, y cuando llega la temporada las alfombras de irupé en flor suman un detalle visual que deja sin palabras a más de un palista.

  • Salidas cortas cerca de la costa urbana, con vistas al puente colgante y a la ciudad: arrancan en torno a los 12.000 a 15.000 pesos por persona y son la mejor forma de probar sin comprometerse.
  • Travesías de día completo por el Delta Superior, con almuerzo de bondiola isleña incluido: el valor ronda los 35.000 a 40.000 pesos por persona y conviene reservar con anticipación.
  • Lago artificial de aguas calmas para niños y principiantes, con opción de alquiler del predio con acceso directo a los esteros para quienes quieran pasar el día entero.

Para llegar desde Santa Fe capital hay que tomar la Ruta Provincial 1 hacia el norte y, después de pasar el puente colgante que cruza la laguna, seguir hasta Arroyo Leyes. El viaje en auto se hace en alrededor de 40 minutos sin tráfico y el acceso está bien señalizado. Si no tenés vehículo propio, las líneas de colectivo interurbanas cubren el tramo desde la terminal santafesina hasta la localidad, aunque moverse después dentro del pueblo es más sencillo en remis o bicicleta.

Una alternativa menos conocida para sumar al plan es combinar la salida de kayak con una caminata por los senderos de las islas bajas: muchos puesteros abren sus tranqueras los fines de semana y ofrecen queso de campo, miel y dulces caseros. Es una manera de completar la jornada y llevarse algo más que fotos. La mejor época para ir es entre fines del otoño y principios de la primavera, cuando bajan las temperaturas, el agua queda más limpia de camalotes y los irupés entran en flor; en pleno verano el calor aprieta, pero los guías suelen ajustar los horarios para evitar las horas más duras del mediodía.

JL

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