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JUE, 03 SEPT 2026
Vida

La herencia que Messi les deja a los chicos: valores que se pueden enseñar sin pisar una cancha

Dos autoras argentinas convirtieron la trayectoria del capitán en un libro pensado para familias. La despedida de la selección abre el momento justo para conversar en casa sobre disciplina, error y trabajo en equipo.

EB
Elena BianchiSociedad · 3 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Son las nueve de la noche en un living cualquiera de Buenos Aires y la pantalla del televisor todavía muestra la última imagen de Messi con la camiseta albiceleste. La escena se repite en miles de hogares del país, porque la despedida del rosarino de la selección argentina no fue un anuncio más: fue un sacudón que mezcló nostalgia, gratitud y, para muchos padres, una pregunta incómoda. ¿Qué le digo a mi hijo ahora que el capitán se va? ¿Cómo transformo en palabras lo que este tipo nos enseñó durante veinte años sin que suene a sermón ni a clase de historia? Yo misma me la hice el otro día, mientras mi sobrino de nueve años miraba las repetidas del partido con la misma fascinación con la que mira los dibujitos.

Un libro que se anticipó a la despedida

Verónica de Andrés y Florencia Andrés, madre e hija, se adelantaron a ese momento con ¡Messirve! (Ediciones B), un libro donde la figura de Messi funciona como hilo conductor para hablar de valores sin moralinas. Ellas lo plantearon como una conversación familiar y, sin saberlo, terminaron escribiendo la guía que muchos padres están buscando ahora que el retiro se hizo efectivo. La idea central es simple y por eso funciona: no se trata de endiosar al diez sino de tomar lo concreto de su trayectoria y convertirlo en herramientas para la vida cotidiana.

Cuando uno abre el libro se encuentra con una frase del propio Messi que condensa, sin que él lo buscara, una clase entera de perseverancia. Dijo alguna vez que ser un éxito de la noche a la mañana le llevó diecisiete años y ciento catorce días. Lo dijo sin drama, casi como al pasar, y sin embargo esa cuenta al revés es de las cosas más útiles que un adulto puede repetirle a un chico que se frustra porque no aprende a leer de un día para el otro, porque no entra en el equipo titular, porque el dibujo no le sale como en el tutorial. Los resultados visibles, les explico yo a los míos, siempre tienen una historia invisible detrás y a veces esa historia es larguísima.

Lo que se puede enseñar sin pisar una cancha

  • La diferencia entre talento y disciplina: Messi lo dijo con una cuenta regresiva que asusta, pero que sirve para bajar a tierra las expectativas de los más chicos.
  • El error como parte del proceso: el capitán no ganó siempre ni jugó bien en todos los partidos, y eso también se puede charlar en la mesa familiar.
  • El peso de la familia como reguladora emocional: el diez mencionó a su mujer, a sus hijos y a sus padres como el ancla que lo sostuvo en los días difíciles.
  • El equipo como condición de cualquier logro: sin compañeros, insistió, no habría nada, y esa idea sirve para el fútbol, para el aula y para cualquier proyecto colectivo.

Me detengo un momento en el punto del error porque me parece el más necesario. En un país donde se premia al que nunca falla, la trayectoria de Messi es casi un manual de contracultura: cuántas veces se lo vio fallar un penal, errar un pase en una final, quedarse en el banco cuando las cosas no salían. Y cada vez volvió. Las autoras lo usan en el libro como disparador para una pregunta que vale para cualquier chico y cualquier edad, no solo para los que juegan a la pelota: la excelencia no es no equivocarse nunca sino preguntarse cómo se mejora la próxima vez. Esa distinción, que parece sutil, cambia conversaciones enteras en las casas.

Una despedida que también abre conversaciones

A mí me gusta cerrar estas notas volviendo al principio, al living donde empezó todo. El nene con el que arrancamos esta nota ya dejó el control remoto y ahora está en la mesa, comiendo un trozo de pizza y preguntando por qué Messi llora en las fotos. Es una pregunta enorme para nueve años y, sin embargo, tiene una respuesta sencilla que el propio capitán dio más de una vez: porque le inculcaron que no todo da igual, que hay cosas por las que uno se emociona de verdad, que la camiseta pesa. Esa es, quizá, la lección más simple y más difícil de transmitir. Y es la que, ahora que el ciclo se cierra, nos queda a los adultos como tarea pendiente.

EB

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