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JUE, 03 SEPT 2026
Turismo

A ochenta kilómetros de la capital, un camino colonial revive entre asados, viñedos y carretas

Sobre la ruta 7, un trazado de dieciséis kilómetros une postas históricas con restaurantes de cocina criolla, granjas educativas y bodegas con malbec. Recorrido, precios y mejor fecha para una escapada de domingo.

JL
Josefina LedesmaTurismo · 3 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Imaginate este escenario: dejás el auto en el kilómetro setenta y dos de la ruta 7, en el partido de Luján, y a partir de ahí empezás a caminar —o mejor, a manejar tranquilo— por un camino de tierra y asfalto que las carretas usaban en el siglo XVII para cruzar hacia el Alto Perú. Hoy lo llaman Camino Secundario Provincial 064-05, aunque la gente del lugar lo sigue llamando el Camino Real. Son apenas dieciséis kilómetros, pero da la sensación de que el reloj retrocede un par de siglos.

La primera parada: spa, granja y pan recién hecho

A mano derecha del ingreso, casi sin darte cuenta, aparece un lodge con spa y actividades de aventura. Dos kilómetros más adelante, una granja con laguna propia ofrece un menú de mediodía que no escatima: fiambres, empanadas, pastas, asado y postre, todo servido en mesas largas. Mientras comés, los chicos pueden amasar pan o visitar a los animales. La jornada arranca a las diez de la mañana y se estira hasta la merienda, con entrada general que ronda los quince mil pesos por adulto y unos ocho mil los menores, aunque conviene confirmar valores actualizados antes de ir.

Carlos Keen, el corazón criollo del recorrido

A medida que avanzás, el paisaje se llena de parrillas, casas de campo y comedores donde la cocina criolla se sirve sin prisa. Uno de esos lugares funciona desde hace generaciones y conserva recetas que llevan más de cien años en la misma familia: guisos, estofados y ese tipo de platos que las abuelas preparaban los domingos. Otro, escondido entre los árboles, es famoso por su picada, las empanadas y las carnes a las brasas, con cubiertos que cuestan alrededor de doce mil pesos y botellas de vino de la zona desde seis mil.

Si querés algo menos conocido pero igual de sabroso, te recomiendo desviarte tres kilómetros antes de llegar a Carlos Keen: hay un comedor familiar atendido por sus dueños que sirve cordero patagónico y pastel de papas casero. No tiene señalización grande, así que preguntá a los vecinos —siempre saben quién cocina bien en el pueblo.

Viñedos, catas y el tramo final hacia Villa Ruiz

Pasado Carlos Keen, el camino se vuelve más tranquilo y el verde gana terreno. Aparece un viñedo donde se puede hacer cata de malbec, pinot, tannat, cabernet sauvignon y marcelan, y donde el menú con maridaje —cuatro pasos— sale alrededor de veintidós mil pesos por persona. Más adelante, un restaurante con parque ofrece menú libre a unos dieciocho mil pesos y suma actividades para toda la familia: búsqueda del tesoro, vóley, fútbol, juegos de mesa y taller de pan.

Antes de cerrar el recorrido, dos paradas obligadas: una casona de 1897 reconvertida en hotel de campo, donde se pueden conseguir habitaciones por noche desde cuarenta mil pesos, y los comedores especializados en lechón a la estaca, bondiola con salsa de cerveza negra y pastas caseras, que coronan el viaje con sabores de raiz bien pampeana.

La huella de las guerras civiles

El tramo también tiene historia pesada. En las afueras del pueblo de Azcuénaga todavía quedan parte de las instalaciones de una estancia construida en 1755, donde en 1834 se firmó un documento político clave del período rosista. Por ese mismo lugar pasaron figuras centrales de las guerras civiles argentinas, y las paredes antiguas lo siguen contando.

Cómo llegar y cuándo conviene ir

Desde Buenos Aires, la combinación más directa es tomar el Acceso Oeste hasta Luján y después empalmar con la ruta 7 hasta el kilómetro 72, donde se dobla a la derecha. Carlos Keen queda a doce kilómetros de ese desvío. La mejor época para visitarla es entre marzo y mayo, cuando el clima es templado, los viñedos están en su punto y los restaurantes no sufren la saturación del verano. Llevá efectivo: en muchos comedores rurales no aceptan tarjeta.

JL

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