El kiwi y la ciruela pasa, dos aliados cotidianos para destrabar el intestino sin apurar la consulta médica
Una recorre los pasillos de cualquier dietética y la otra se cuela en los hogares desde la infancia. La evidencia científica las puso a prueba en ensayos clínicos y los gastroenterólogos las miran con buenos ojos, aunque aclaran que no son balas de plata.
Son las ocho y media de la mañana y en la verdulería de la esquina ya hay movimiento: una señora le pide al pibeor dos kiwis, del otro lado otra señora pregunta el precio de las ciruelas pasas, mientras el ruido de las balanzas y el aroma dulzón de la fruta madura se mezclan con el murmullo del barrio. Esas dos frutas, tan familiares en la mesa argentina, concentran buena parte de la atención cuando se busca mejorar la regularidad intestinal sin recurrir de entrada a medicamentos, y aparecen una y otra vez en estudios clínicos y guías de salud digestiva con mecanismos de acción bien distintos entre sí.
El estreñimiento es uno de los motivos de consulta más frecuentes en gastroenterología, y antes de avanzar hacia el tratamiento farmacológico las recomendaciones iniciales apuntan a modificar la alimentación, aumentar la ingesta de líquidos e incorporar fibra de forma gradual. En ese marco, el kiwi y la ciruela pasa reúnen la mayor parte de la evidencia disponible, según el repaso que hacen los especialistas.
El kiwi: fibra que retiene agua
La Organización Mundial de Gastroenterología sitúa a la fibra y a la hidratación como pilares del abordaje dietario del estreñimiento, y el kiwi responde a ese perfil: aporta fibra soluble e insoluble, retiene agua en el intestino delgado y favorece deposiciones más blandas. Un ensayo multicéntrico revisado por el American College of Gastroenterology encontró que el consumo de dos kiwis verdes por día se asoció con un aumento de al menos uno y medio de evacuaciones espontáneas completas por semana en personas con estreñimiento funcional o síndrome de intestino irritable con predominio de constipación. El mismo análisis registró mejoras en la consistencia de las heces y en el esfuerzo durante la evacuación, algo que cualquier paciente reconoce al primer alivio.
La ciruela pasa: sorbitol y volumen
La ciruela pasa opera por una vía diferente. Además de fibra y pectina, contiene sorbitol, un alcohol de azúcar que el intestino delgado absorbe de manera incompleta, y ese proceso atrae agua hacia la luz intestinal, lo que ablanda las heces y facilita su paso. Una revisión publicada en la base de datos de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos identificó además compuestos fenólicos en la ciruela pasa como factores que contribuyen a su efecto laxante. Su acción parece apoyarse más en el incremento del volumen del bolo fecal que en una aceleración del tránsito intestinal total, algo que los especialistas remarcan cuando explican por qué a veces la sensación de alivio tarda un poco más en llegar.
Cuál elegir, según cada organismo
- Estudios comparativos que incluyeron ambas frutas, junto con psyllium, registraron mejoras similares en la frecuencia de evacuaciones espontáneas completas en personas con estreñimiento crónico, por lo que no surge de la evidencia un ganador indiscutido.
- La diferencia práctica pasa por la tolerancia individual: el kiwi tendería a generar menos distensión y molestias digestivas, mientras que la ciruela pasa mantiene ventaja cuando el problema principal son las heces duras.
- En ambos casos los especialistas recomiendan una incorporación gradual, sumando una porción por día durante la primera semana y luego aumentando hasta alcanzar la cantidad estudiada en los ensayos, siempre acompañada de agua suficiente para que la fibra pueda cumplir su función.
Cuando vuelvo a la verdulería, el kiwi y la ciruela pasa ya están en sendas bolsitas de papel, y la conversación con quienes los eligieron sigue siendo la misma de siempre: la de quienes buscan un camino cotidiano, accesible y probado antes de sentarse en el consultorio a pedir una receta. Los especialistas coinciden, además, en que ningún alimento resuelve el problema por sí solo, y que la constancia, la hidratación y el resto de los hábitos pesan tanto como la fruta que se suma al desayuno.
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