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MAR, 15 SEPT 2026
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El hechizo sigue abierto: por qué Prácticamente magia 2 deja la puerta entreabierta para una tercera parte

La secuela con Nicole Kidman y Sandra Bullock resuelve la maldición de las Owen pero deja varios arcos sin atar, sobre todo el de Gillian y el futuro de las más chicas, lo que reabre el debate entre los fans.

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Verónica CardozoCultura y espectáculos · 15 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Me acuerdo perfectamente de la primera vez que vi Prácticamente magia, en un VHS prestado en casa de una tía, y la sensación de quedarme pegada a la pantalla viendo cómo Sally y Gillian Owens descubrían que su linaje venía con dones y maldiciones a la vez. Casi treinta años después, vuelvo a sentarme frente al mismo hechizo y la pregunta inevitable es la misma que se hacen miles de fans: si la historia recién está empezando para las más chicas, ¿cómo cerrarla acá?

Lo que la secuela resolvió y lo que dejó pendiente

La segunda parte vuelve a juntar a las hermanas Owen, ahora enfrentadas a Tom Bailey, un pariente lejano sin poderes que quiere quedarse con el libro de hechizos para ajustar cuentas personales. El villano cae rápido, con un conjuro colectivo de la familia, y el peso dramático se muda a Massachusetts, donde Frances descubre que la maldición que condena a morir a los hombres que aman las Owen solo se rompe con un sacrificio personal. Lo entrega, y eso permite que Gideon, el novio de Kylie que estaba en coma, despierte. A partir de ahí, la película se inclina por la reconstrucción: las dos jóvenes empiezan a explorar sus poderes, Kylie se casa con Gideon y Sally vuelve a enamorarse, esta vez de Ian, un personaje nuevo que aparece en esta entrega. No hay escena poscréditos, y aun así el final se siente más bien como un paréntesis.

  • La amenaza de Tom Bailey se neutraliza con un conjuro familiar y queda cerrada.
  • Frances rompe la maldición con un sacrificio personal que le cuesta la vida.
  • Gideon despierta del coma y se casa con Kylie.
  • Las hermanas más jóvenes empiezan a desarrollar sus poderes propios.
  • Sally retoma su vida amorosa junto al nuevo personaje Ian.
  • El arco de Gillian no termina de cerrarse y el futuro del negocio familiar queda en el aire.

En criollo, lo que la película deja picando es lo más jugoso: Gillian queda con una historia a medio camino y las chicas recién empiezan a tantear su herencia mágica, incluyendo qué harán con el negocio familiar que las identifica desde el primer film. No es un cliffhanger con monstruo al final, pero son hilos que, como buena saga, invitan a una tercera parte. Y ojo, la franquicia volvió en un contexto particular: la película original de 1998 encontró una segunda vida en plataformas de streaming, donde una generación que no la había visto la descubrió de grande, lo que explica por qué la secuela existe en este momento y por qué una tercera no es descabellada.

Si me preguntan a mí, y aunque a veces dan ganas de que las historias terminen limpias, acá siento que el final abierto le hace bien a los personajes. Las Owen siempre fueron una familia que convivía con lo incompleto, con dones que no se dominan del todo y con amores que cuestan; dejarlas justo cuando las más chicas empiezan a explorar ese mundo, en lugar de cerrar todo con moño, le respeta al universo que la autora les construyó. Una tercera parte serviría para acompañar a Kylie y a su prima en ese camino y para darle a Gillian ese cierre que todavía se le debe. Pero si no se hace, tampoco es un desastre: el hechizo ya está echado, y lo que vimos alcanza para entender que las Owen, quieran o no, van a seguir hechizando a quien se les cruce.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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