Saltar al contenido
Alerta LitoralAlerta Litoral ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.545,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 -0,32%Dólar MEP $1.546,90 -0,67%Riesgo país 628 pb +3,12%
MAR, 29 SEPT 2026
Entretenimiento

Cuando el consultorio se muda al living: Gabriel Rolón, Pergolini y una terapia de chistes en Otro día perdido

El psicoanalista llegó al programa para una entrevista y terminó escuchando, y hasta devolviendo, los pequeños reproches cotidianos entre Evelyn Botto, Soy Rada y Mario Pergolini. Una hora de risas que dice mucho sobre cómo nos sostenemos (o no) en el trabajo.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Cuando el consultorio se muda al living: Gabriel Rolón, Pergolini y una terapia de chistes en Otro día perdido

El sillón largo de Otro día perdido suele ser el territorio de Mario Pergolini, pero esta vez el que se sentó en el medio, justo entre Evelyn Botto y Agustín Aristarán, fue el psicoanalista Gabriel Rolón. Todavía no había arrancado la charla en serio y ya se respiraba esa tensión simpática de las familias ensambladas: el que manda, el nuevo y el que siente que lo mandan a hacer cosas raras. Rolón miraba el cuadro clínico con la misma cara que pondría un invitado a una mesa donde todos se conocen y él apenas está probando el primer sorbo de vino.

El nombre equivocado y otras pequeñas afrentas

Botto arrancó con una queja que parece menor y termina siendo un manual de la integración laboral. Después de un año en el equipo, todavía la llaman Layla, un nombre que no es el suyo, y Pergolini lo admite con una sonrisa culpable: tiene problemas con los nombres propios, dice. Ella no le compra la excusa y se nota. A eso se suma otro detalle que, en el reparto de cariños de cualquier oficina, pesa: su compañero conductor no suele saludarla con un beso. Rolón, fiel a su tono, atajó el guante y aclaró que cada uno expresa el afecto como puede, y de paso le apuntó a Aristarán que él tampoco es de los más efusivos al saludar. El humorista se defendió como pudo.

  • Botto preguntó hasta cuándo será la nueva del grupo tras un año de programa.
  • Pergolini reconoció que se equivoca con los nombres y Botto no lo perdonó.
  • La locutora sumó un segundo reclamo: el conductor no la saluda con un beso.
  • Rolón recordó que cada persona tiene su propio modo de mostrar afecto.

En el medio de la charla, Rolón también contó su propio recorrido y se permitió una mirada hacia atrás: ser un rostro visible de la cultura, dijo, lo expone a etiquetas que muchas veces empujan al malentendido, incluso entre colegas que todavía no se animan a leer lo que uno escribe. La frase cayó como una advertencia cariñosa para los que tenemos la costumbre de encasillar al otro antes de escucharlo. Es, si se quiere, un consejo en guaraní: la expresión que más me gusta es ‘opavéve’, que significa algo así como ‘somos parecidos’, porque en el fondo todas las disputas de oficina, de pareja o de programa de televisión nacen de olvidar que al otro también leLate el corazón con la misma desconfianza.

El otro foco de la tarde fue más digital y no por eso menos humano. Soy Rada contó, con el gesto del que todavía no se repone, que un día estaba al lado de Pergolini y el conductor le avisó, en vivo y en directo, que lo dejaba de seguir en Instagram. Para el humorista no fue un clic cualquiera: tener a Mario entre sus seguidores era, dice él, una suerte de carta de presentación frente a gente que todavía no sabe quién es. Pergolini se justificó con una frase que también es un clásico de las redes: sus publicaciones le resultaban aburridas y le saturaban el feed. Rolón, otra vez, ofició de psicólogo invitado: preguntó de qué habla ese unfollow, qué se dice del otro cuando uno decide no verlo más en una red social, y dejó flotando la idea de que en esas decisiones también se juega lazo, vínculo, ganas de seguir cerca o de alejarse un poco.

“Dejar de seguir a alguien en una red social también es una manera de hablar de la relación, aunque uno no se lo proponga.”Gabriel Rolón

Pergolini, ya repuesto del interrogatorio, intentó cerrar la sesión con una pregunta medio en serio, medio en broma: ¿una terapia grupal busca que todos se lleven bien? Rolón volvió a su registro clásico y respondió que depende del grupo, de qué los une, de si están obligados a seguir compartiendo la rutina. Y volvió a preguntar: estos compañeros, ¿van a tener que seguir trabajando juntos? La respuesta, claro, es sí, porque un programa de televisión es un matrimonio a la fuerza con horario y rating. Aristarán, mientras tanto, aprovechaba cada micrófono abierto para sumar su propio reclamo: las actividades que le proponen, el lugar que le asignan, las cosas que le hacen hacer. Todo dicho con la sonrisa del que sabe que está exagerando, pero también con la certeza de que en la exageración aparece, como un fantasma amable, la queja real.

Después, el conductor dio por cerrada la dinámica y se arrancó con la entrevista. Pero la sensación que dejó la mesa es la de una terapia de humoristapropia de los equipos largos, donde el psicoanalista termina siendo apenas una excusa para decir, entre risas, lo que uno no se anima a decir en cualquier reunión de trabajo. Si algo dejó la visita de Rolón es la confirmación de una intuición que me gusta repetir: lo laboral, lo amoroso y lo digital son, en el fondo, tres maneras de preguntarnos si al otro le importa que leamos lo que publica, si se acuerda de nuestro nombre y si tiene un beso guardado para cuando volvemos a cruzarnos en la puerta. Por ahora, en Otro día perdido, la respuesta fue seguir riéndose, que ya es una forma de quererse.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo