Una noche interminable sobre las estepas: la película turca que vuelve al cine un acto de paciencia
Nuri Bilge Ceylan convierte la búsqueda de un cadáver en las estepas de Anatolia en una expedición filosófica de casi tres horas. La tensión no aparece en los giros del argumento sino en las conversaciones triviales, las pausas y la oscuridad como estado de ánimo. Una rareza disponible en una plataforma de streaming.
Imaginate una ruta sinuosa de tierra color ocre, las luces amarillentas de tres autos oficiales recortándose contra un cielo negro como boca de lobo y un viento helado que no deja de soplar sobre la estepa. Esa imagen, casi hipnótica, abre una de las películas más atípicas que dio el cine de los últimos años: un policial turco que no parece policial, un thriller que se rehúsa a acelerar y una búsqueda que se extiende durante toda una madrugada como si la noche no tuviera intención de terminar jamás.
Una premisa mínima para una película enorme
El punto de partida es deliberadamente austero. Un fiscal, un médico forense, un puñado de policías y dos sospechosos salen a recorrer el campo turco con una linterna y muchas dudas: los hombres que enterraron el cuerpo estaban borrachos y no logran ubicar el sitio exacto. A partir de ahí, el director Nuri Bilge Ceylan arma una película de casi tres horas donde no hay un giro cada diez minutos ni persecuciones Coreografiadas. Hay, en cambio, conversaciones que empiezan como simples comentarios y van subiendo de temperatura, chistes que dejan uncomfortable a más de uno, y silencios que pesan más que cualquier banda sonora.
Un director que sabe lo que hace y no tiene apuro
Para quien ya conoce la obra anterior del realizador, esta película no sorprende tanto como ratifica un estilo: el de un cine de observación rigurosa, que prefiere detenerse en una pausa antes de hablar o en una luz lejana en lugar de cortar la escena. Esas decisiones, que en otra película podrían antojarse caprichosas, acá funcionan como un relojito. La duración no se justifica por una trama compleja sino por la cantidad de humanidad rota que va quedando en evidencia mientras avanzan los kilómetros.
- La oscuridad del campo turco funciona menos como decorado y más como estado de ánimo de los personajes.
- Las conversaciones triviales durante el trayecto acumulan peso narrativo a medida que pasan los minutos.
- El agotamiento de la comitiva se vuelve metáfora de la convivencia cotidiana con el crimen y la muerte.
- El paisaje desértico opera como un personaje más: vasto, indiferente y casi enemigo.
El veredicto de Cannes le dio la espalda en el rubro principal pero le otorgó el Gran Premio del Jurado, un reconocimiento que suele caerles a las películas que incomodan un poco al festival. Con el tiempo, el filme se ganó un lugar firme entre las obras centrales del cine turco contemporáneo y hoy se puede ver en una plataforma de streaming, lo que para mí es una alegría: vale la pena sentarse a verla con tiempo, sin celular al lado y con la disposición de dejarse llevar por un ritmo distinto al que acostumbra el streaming rápido.
“La angustia que construye no es la del suspenso clásico sino algo más cercano al agotamiento existencial: personas que conviven a diario con la muerte y van perdiendo la capacidad de mirarse entre sí.”Lectura editorial de la película
Y una aclaración casi confesional: quienes esperan aceleración van a incomodarse. Quienes acepten las condiciones del director van a salir de la pantalla con una rara mezcla de cansancio y de ganas de charlar con alguien sobre lo que acaban de ver. A mí, que vengo de devorar policial nórdico y palomitas, me terminó de reconciliar con un cine que pide más entrega que la sala promedio. Y fíjense lo curioso: mientras la comisaría avanza por la ruta, en algún momento hasta cae una palabra del campo, algo así como un ñeheñói guaraní que significa "estar cansado del alma", que sería la traducción perfecta de lo que sienten los personajes. Si la vieron, cuenten; si no, dense el gusto de sentarse tres horas frente a una estepa turca iluminada por linternas. La paciencia, otra vez, paga.
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