Tuli Acosta rompe el silencio: "Fue algo construido para atacar mi dignidad"
La cantante cordobesa habló por primera vez en extenso sobre los rumores que la vincularon con la separación de dos artistas amigos. Relató cómo una versión organizada en redes creció "como un virus", condicionó su relación con Luck Ra, golpeó a su familia en Río Ceballos y la llevó a iniciar acciones legales: el 16 de septiembre tiene una mediación contra dos creadores de contenido.
El bullicio de las notificaciones en el celular, los mensajes que se acumulan sin freno y esa sensación de que el nombre propio empieza a escaparse de las manos: así describe Tuli Acosta el instante exacto en que su vida dejó de ser solamente suya y pasó a discutirse en portales, cuentas anónimas y comentarios que se reproducen como eco. La cantante cordobesa habló por primera vez en extenso y eligió la palabra "construcción" para definir lo que le pasó. No fue, según su mirada, un chisme que nació y se apagó solo, sino algo que distintas personas fueron alimentando hasta darle volumen. "No fue un chisme, fue literalmente algo que se construyó para justamente atacar mi dignidad y mi honor", dijo en una entrevista que funcionó como desahogo y como advertencia.
Acosta ya conocía el vértigo de exponerse en público: viene de una camada de artistas que aprendió a crecer dentro de la música urbana argentina, ese circuito que en los últimos años pasó de los shows en boliches a llenar estadios y a tejer una intimidad casi permanente con su público. Pero lo que le tocó vivir en este tramo de su carrera la encontró, confiesa, sin manual de instrucciones. "Es la primera vez que me enfrento a algo tan masivo, de ver mi nombre en todos lados con una carátula de una 'tercera en discordia' con uno de mis mejores amigos", resumió, y eligió la palabra "carátula" como si quisiera dejar claro que lo que se dijo sobre ella nunca pasó de ser una etiqueta pegada desde afuera.
Una mentira que se expandió "como un virus"
Lo que más le llamó la atención fue la velocidad. Una vez que su nombre quedó instalado en el centro de la escena, aparecieron supuestos testigos, supuestas capturas y supuestas fuentes que fueron dándole a la versión un aire de verdad. Ella lo comparó con la lógica de un contagio: "se expandió como un virus", graficó, y lo dijo con la misma crudeza con la que se describe un fenómeno que nadie puede detener. Para Acosta hubo un dato clave que retrata lo que ocurrió: ni siquiera las desmentidas públicas de los protagonistas directos del conflicto lograron achicar el rumor. "Trataron de implantar una mentira muy grande y generaron que ni siquiera la palabra de los protagonistas tuviese valor; ellos decían que no e igualmente insistían con eso", señaló, y en esa frase queda condensado el corazón del problema: cuando la mentira se vuelve masiva, la verdad parece perder jurisdicción.
Con Luck Ra, su amigo de larga data y uno de los artistas apuntados por la versión, intentaron por chat y por llamada que la exposición no les pasara por encima del vínculo. "Nos comunicábamos como amigos. Los consejos que yo le daba a él eran intentando sacarme a mí del medio y viceversa", explicó Acosta. Hubo incluso una decisión silenciosa que, en retrospectiva, habla del peso del escarnio público: acordaron limitar la frecuencia de sus encuentros para evitar que una foto juntos, un café en un bar o un simple cruce en un afteroffice terminara convertido en nueva munición para los trolls y los portales que se nutren de la novela del espectáculo.
Río Ceballos, la familia y el dilema de hasta un viaje
El golpe más fuerte, igual, no llegó de la mano del mundo del espectáculo sino del lado íntimo. La artista contó que la ola de rumores alcanzó a su familia en Río Ceballos, la localidad serrana de Córdoba donde viven sus afectos más cercanos, y que viajó una semana para estar con ellos. Lo que parecía un gesto de cuidado maternal se transformó, según ella misma reconoce, en otra lectura malintencionada: "Realmente te ponen entre la espada y la pared con simplemente una expansión de una mentira en redes", dijo, con la frustración de quien comprobó que hasta el movimiento más humano puede ser usado en su contra.
- El rumor la señaló como "tercera en discordia" en la separación de dos artistas amigos.
- La versión creció con aportes anónimos que le dieron apariencia de veracidad.
- Ni las desmentidas públicas de los protagonistas frenaron la circulación.
- Decidió limitar sus encuentros con Luck Ra para no alimentar la novela.
- El conflicto llegó a su familia en Río Ceballos y alteró su vida cotidiana.
- Inició acciones legales contra dos creadores de contenido y el 16 de septiembre tiene mediación.
“¿Cómo lo limpio? cuando la gente ya cree que es así.”Tuli Acosta
Cuando sintió que la publicación empezaba a pasar de la fama al núcleo más íntimo, Tuli tomó una decisión que ya había evaluado durante semanas: sentarse frente a un abogado y empujar el caso hasta la Justicia. El paso formal se concretó contra dos creadores de contenido específicos, y el 16 de septiembre quedó anotada una instancia de mediación previa, ese trámite obligatorio en la legislación argentina antes de que una demanda por daño a la honra avance a un juzgado. Para ella no se trata de un gesto simbólico: es la forma de empezar a ponerle un cerco jurídico a algo que en las redes, admite, ya no puede controlar.
Si hay una palabra que en guaraní describe lo que Tuli Acosta intenta recuperar es justamente la que más le cuesta pronunciar en este momento: ñeheñói, que podríamos traducir como "reputación" o, más profundamente, como "el buen nombre que uno lleva consigo y que los demás reconocen". En las comunidades guaraníticas ese concepto no se construye solo: se gana con los años, con los actos y con la mirada del otro. Verlo dañado en cuestión de días por una versión repetida hasta el hartazgo en una pantalla, confiesa, la dejó con una pregunta que todavía no sabe responder del todo: cómo se devuelve algo intangible cuando la mayoría ya lo dio por cierto.
A mí, que sigo de cerca el pulso de la música urbana argentina desde hace años, lo que más me quedó resonando de esta charla no es la denuncia ni la fecha de la mediación, sino el detalle casi doméstico de los mensajes con Luck Ra. Dos amigos intentando, por chat, que un rumor viral no les arruine la cotidianeidad; dos personas que se conocen y se quieren aprendiendo a cuidarse de la mirada externa como si fueran hermanos en una novela que no eligieron protagonizar. En ese chat, me parece, está la verdadera imagen de lo que significa hoy ser artista en la Argentina: ya no alcanza con cantar bien, con pegar un tema en las plataformas o con llenar un estadio; hay que aprender, también, a defender el ñeheñói propio de una maquinaria digital que no perdona. Y en eso, Tuli Acosta acaba de dar un paso que ojalá le sirva de ejemplo a más de un colega.
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