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LUN, 31 AGO 2026
Vida

Siete aulas sobre ruedas llevan oficios a los confines de Neuquén y ya formaron a más de 460 vecinos

El Ministerio de Educación provincial y el Instituto Nacional de Educación Tecnológica articulan una red de unidades móviles que dictan capacitaciones en soldadura, tornería, energías renovables y otros rubros. Recorren parajes rurales y localidades cordilleranas donde antes no llegaba ninguna oferta de formación profesional.

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Elena BianchiSociedad · 31 DE AGO DE 2026 · lectura 4 min

Las camionetas con cabina y un acoplado especialmente acondicionado arrancan muy temprano en la capital neuquina y empiezan a trepar hacia el norte de la provincia mientras todavía la noche se niega a irse del todo. Adentro del habitáculo va el equipamiento completo: herramientas, bancos de prueba, tableros, una pequeña soldadora portátil, máquinas de coser industriales, paneles solares listos para ser instalados. No son vehículos de transporte, sino aulas rodantes. Y su tarea es concreta: llegar adonde ningún centro de formación profesional fijo puede hacerlo.

Desde que empezaron a funcionar en 2025, estas siete unidades educativas móviles llevan recorridas once localidades neuquinas y suman ya 463 personas que completaron algún curso de oficio. La propuesta es articulada entre el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano de la provincia, la Dirección de Educación Técnica, cada municipio que las recibe y el Instituto Nacional de Educación Tecnológica, que aporta buena parte del equipamiento y la lógica pedagógica. El Centro de Formación Profesional N°43 es el encargado de coordinar la logística y de escuchar qué necesita cada lugar antes de armar la grilla de capacitación.

La oferta se diseña después de llegar, no antes

Lo que distingue a esta experiencia es que no se imita el mismo temario en cada parada. Antes de estacionarse en una localidad, las autoridades educativas relevan qué demanda laboral tiene la zona y qué saberes pueden servirle a un chico que quiere quedarse en su pueblo en vez de emigrar a Neuquén capital. Así aparecieron, por ejemplo, los talleres de mecánica de motores fuera de borda y nafteros en Huinganco, una zona donde la pesca y el trabajo rural marcan el pulso cotidiano. O los cursos de instalación de sistemas solares fotovoltaicos y térmicos en Aluminé, donde la red eléctrica convencional todavía queda lejos de varias viviendas. San Patricio del Chañar, en cambio, pidió capacitación en gasista domiciliario y soldadura, oficios con salida laboral inmediata en cualquier pueblo chico. Plaza Huincul sumó tornería. Mariano Moreno incluyó moldería y patronaje de indumentaria. Y San Martín de los Andes apostó por combinar soldadura con instancias pensadas para la formación de docentes técnicos.

  • Metalmecánica y tornería, con bancos y tornos transportables.
  • Mecánica automotriz y de motos, incluyendo motores fuera de borda.
  • Soldadura en distintos procesos, con equipos portátiles profesionales.
  • Instalación de sistemas solares fotovoltaicos y térmicos para viviendas rurales.
  • Gasista domiciliario, con práctica en instalaciones simuladas.
  • Moldería, patronaje y confección de indumentaria, con maquinaria textil industrial.
  • Capacitaciones orientadas a la formación de docentes técnicos.

El catálogo, visto de un tirón, parece el inventario de cualquier escuela técnica clásica: soldadura, tornería, mecánica, textil, gas. La diferencia está en que esos saberes viajan ahora comprimidos dentro de una estructura móvil, con instructores que se quedan varios días en cada comunidad, dictan las clases, toman las prácticas y se vuelven a subir al acoplado para cruzar a la próxima parada. Lonco Mula, Villa La Angostura, Villa Pehuenia, San Martín de los Andes, Aluminé, Plaza Huincul, Chos Malal, Huinganco, Mariano Moreno, Centenario y San Patricio del Chañar son las once localidades que recibieron las aulas desde 2025. La lista, al ser leída en voz alta, suena a un mapa bastante completo del interior profundo de Neuquén.

El derecho a aprender sin emigrar

Para los vecinos que viven en zonas alejadas, la aparición de estas aulas móviles significa algo bastante más grande que un simple curso. Significa no tener que elegir entre aprender un oficio y quedarse a vivir en el pueblo. Por eso, cada vez que una de esas unidades se estaciona en una plaza, en un galpón municipal o en el playón de una escuela rural, se arma algo parecido a un movimiento: vecinos que se acercan a preguntar cuándo empiezan las clases, emprendedores que evalúan si les conviene anotarse, jóvenes que ven en la capacitación una manera de proyectarse sin emigrar. Yo he visto escenas así en pueblos chicos, donde un simple curso bien dictado termina funcionando como punto de encuentro y como una pequeña inyección de futuro. Y ese es, en definitiva, el corazón de esta política: llevar formación profesional adonde antes no llegaba, con la convicción de que aprender un oficio no debería ser un privilegio reservado para los que viven cerca de una ciudad grande.

EB

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