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JUE, 24 SEPT 2026
Entretenimiento

Paul Rudd y Nick Jonas se cruzan en una comedia musical sobre el crédito que nunca llegó

Rick canta en bodas en Dublín y una noche se cruza con una estrella del pop. Lo que empieza como una sociedad creativa se complica cuando una de sus canciones pega fuerte sin su nombre en los créditos. La película ya está disponible en streaming.

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Verónica CardozoCultura y espectáculos · 24 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Imaginen la escena: un tipo con corbata mal anudada, micrófono en mano, cantando un hit de los ochenta para una pareja que ya está un poco mareada de vino. Así arranca, más o menos, la rutina de Rick, el personaje que Paul Rudd se pone como un guante en "Power Ballad", traducida acá como "Letras robadas", la película que acaba de caer en el catálogo de HBO Max después de su paso por las salas.

La historia es de esas que a mí, particularmente, me atrapan: tiene música, tiene amistad, tiene ese dilema espinoso de la industria que tantas veces quedó debajo de la alfombra. Rick, músico irlandés, dejó en el camino el sueño de ser una estrella del rock y se quedó en Dublín entreteniendo casamientos con versiones de canciones ajenas. Una noche se cruza con Danny, un cantante de pop en plena curva ascendente, al que le pone cara y voz Nick Jonas. Entre los dos surge una química creativa, empiezan a escribir juntos y aparece una canción que funciona, que pega, que se vuelve un éxito radial. Hasta ahí, todo soñado. El problema empieza cuando los créditos no reflejan lo que pasó en la sala de composición.

Una disputa muy real envuelta en melodía

Lo que la película de Carney pone sobre la mesa no es un invento de guionista: la pelea por la autoría y el reconocimiento en la música popular es una herida abierta. El film lo lleva al terreno de la comedia dramática, con Paul Rudd componiendo a un tipo que carga con la frustración de haber resignado un proyecto propio y que, encima, ve cómo otro se queda con el rédito de una idea suya. El conflicto es concreto, legible, y por eso duele.

  • Rick: músico en Dublín que canta en bodas y sueña con volver a crear.
  • Danny: estrella del pop interpretada por Nick Jonas, con el ego a tono con su ranking.
  • La canción: el punto de quiebre entre ambos y el motor del conflicto central.
  • El crédito: lo que se pelea y lo que se pierde cuando el reconocimiento llega en otro nombre.

La cinta dura algo más de hora y media, un reloj ideal para esta clase de historias: lo suficiente para desarrollar el vínculo entre los dos protagonistas y para dejar que las canciones escritas para el film respiren. Rudd, a quien muchos recuerdan por sus papeles cómicos en la saga de "Ant-Man" o en comedias como "Los amos de la noche", se mueve cómodo en un registro más contenido, casi melancólico, que le sienta muy bien. Jonas, mientras tanto, aprovecha el costado de estrella con sobrepeso de exposición para construir a un personaje con el que el público pueda empatizar, no solo admirar.

Me gusta decir que el film trabaja con una palabra que acá, en esta zona del continente, usamos sin pensarlo: el ñeheñói guaraní, esa idea de "algo que es de uno pero se va de las manos". Rick escribe, comparte, confía, y cuando quiere acordar el resultado ya no le pertenece del todo. Es una sensación muy humana, la de poner lo mejor de uno en una mesa y ver cómo alguien se lleva el plato. Y eso, incluso si uno no toca una guitarra en su vida, se entiende perfectamente.

"Power Ballad" no inventa el subgénero, pero lo ejecuta con oficio: hay humor, hay canciones pensadas para sonar en parlantes reales, y hay un núcleo emotivo que se sostiene sobre todo en la mirada cansada y querible de su protagonista. Para quienes quieran una noche liviana pero con algo para llevarse puesto, esta llegada al streaming es una buena excusa. Yo, por mi parte, confieso que la vi pensando en cuántos acuerdos de bares y estudios deben repetirse, con otras ropas, en la vida real. Y eso, queridos lectores, no tiene precio ni crédito que lo arregle.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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