La película de Batman que nunca existió: Affleck, Deathstroke y un guion que se quedó en el tintero
Joe Manganiello abre su memoir y, casi sin querer, vuelve a empujar el fantasma de la película de Batman que Ben Affleck soñó, escribió y nunca pudo rodar. Acá repaso lo que se perdió, lo que se ganó y lo que el lector debería guardarse para la próxima sobremesa.
Hay una imagen que vale más que mil resúmenes de gacetillas: un guion gigante, encuadernado en espiral, apoyado sobre la mesa del director de una casa en Los Ángeles, con post-its de colores saliendo por los márgenes como banderines de una batalla que nunca se libró. Eso, más o menos, es lo que cuenta Joe Manganiello en "Bloodlines: A Memoir", el libro de memorias donde el actor estadounidense de ascendencia italo-uruguaya, conocido de sobra por sus papeles en "True Blood" y "Spider-Man" (la versión de Sam Raimi, nada menos), se anima por fin a abrir la puerta de un cuarto que Warner Bros mantuvo cerrada durante casi una década: la película de Batman que Ben Affleck quería escribir, dirigir y protagonizar dentro del otrora llamado Universo Extendido de DC.
Qué se contaba en ese guion que nunca se filmó
Manganiello había sido convocado para ponerse en la piel de Slade Wilson, más conocido como Deathstroke, el mercenario con ojo amarillento y vendetta permanente. Y acá viene lo jugoso: el propio actor asegura que Affleck imaginó la película casi como una versión con capas y antifaz del thriller "The Game", aquel film de David Fincher donde un financiero empieza a perder el control de su propia vida.
- Deathstroke perseguía a Bruce Wayne convencido de que el Caballero Oscuro había asesinado a su hijo, y esa obsesión lo empujaba a meterse derecho en la Baticueva.
- El villano terminaba tomando como rehén a Alfred Pennyworth, el mayordomo de toda la vida de la familia Wayne, en una escena que en el papel debía funcionar como nudo dramático de la historia.
- El comisionado James Gordon, el eterno aliado de la Policía de Gotham, moría en el camino, lo cual dejaba a la ciudad sin uno de sus pilares morales.
Pero el guion no se quedaba solo en el duelo Batman versus Deathstroke. Afuera del sótano, en las calles, aparecía una nueva Batgirl que se sumaba al Caballero Oscuro para enfrentar al mercenario. Los dos, según describe Manganiello, terminaban al borde de la muerte después de una pelea que iba a filmarse sobre un tren elevado, imagen bien poderosa, muy Gotham a la hora pico.
El clímax que se vio en un videojuego antes que en un cine
El cierre de la película prometía un mano a mano entre Batman y Deathstroke corriendo por Gotham, secuencia que Affleck le confirmó al propio Manganiello que iba a tomar como referencia directa la cinemática de apertura de "Batman: Arkham Origins", el videojuego de 2013. Quienes lo hayan jugado recordarán esa pelea en plena tormenta de Gotham, sobre tejados y bajo un temporal, con los movimientos del personaje convertidos en un ballet de golpes y capeados. El guiño tiene su lógica interna: Affleck quería que el cine respirara el ritmo de un videojuego de su propia biología de fan. Y, dato al margen, la mítica escena de presentación de Origins contó nada menos con Tim Miller como director.
“Manganiello no se ahorra la frustración cuando describe un proyecto que, según su propia mirada, era la culminación natural de la etapa de Affleck con el personaje.”Según lo reconstruido por el actor en "Bloodlines: A Memoir"
El final de la historia ya lo conocemos. El proyecto se cayó a último momento, Affleck terminó desvinculándose de Warner y, en 2022, la marca optó por un reinicio total: llegó "The Batman" con Robert Pattinson bajo la capa y Matt Reeves en la dirección, dos nombres que le devolvieron a Gotham ese tono detectivesco, gótico y algo depresivo que muchos cinéfilos venían reclamando. Mientras tanto, el futuro del Hombre Murciélago en el nuevo DC Studios de James Gunn y Peter Safran se reparte entre dos apuestas bien distintas: "The Brave and the Bold", que promete un Batman con su familia completa de sidekicks, y "The Batman Part II", la secuela del filme de Reeves.
Lo que se perdió y lo que se ganó
Yo, Verónica, lo confieso: cada vez que aparece un libro de memorias de este tipo, con ese tono entre confesional y de taller, se me activa la parte más ñoña del fandom. Me imagino el día de preproducción con Affleck mostrando el arte conceptual en una pantalla enorme. Me imagino al equipo de dobles probando la coreografía del duelo final sobre una calle mojada, con Bruce jadeando y Deathstroke avanzando. Me imagino, sobre todo, al espectador saliendo del cine discutiendo en la vereda si la nueva Batgirl estaba a la altura. Y eso es lo que más duele. No es solo una película perdida: es una conversación que el público nunca tuvo.
Una nota al margen, en criollo y un toque guaraní
En guaraní, una palabra que siempre me vuelve a la cabeza en estos casos es "karai": alguien con saber, con peso, con conocimiento profundo. Affleck, en su etapa batmaníaca, fue un karai del traje, del guion y de la dirección. Que el destino le haya negado la película entera es de esas crueldadcitas del mundo del entretenimiento, muy nuestras, que uno termina procesando con resignación y un poco de café. Por eso sirve que, de vez en cuando, aparezca un libro como "Bloodlines" y recuerde lo que estuvo a punto de pasar: que la Baticueva podía haber tenido una pelea más, y que Gotham podía haber llorado a Gordon en la pantalla grande.
La pregunta que me queda dando vueltas, y se la tiro a quien esté leyendo, es esta: con todo lo que se describió acá, ¿qué escena hubieras querido ver realizada? Yo no tengo dudas: quiero ver ese mano a mano sobre los tejados de Gotham, lloviendo, capeado, con Affleck jadeando de verdad. Quiero salir del cine y decir, con la boca chica, que valió la pena la espera aunque no haya pasado.
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