Del ladrillito de la Game Boy al battle royale: la historia de los videojuegos que se vendieron como pan caliente
Un recorrido por las franquicias que acumulan cifras siderales de unidades vendidas en la historia de la industria, en el Día del Gamer que se celebra cada 29 de agosto.
Cada 29 de agosto, las pantallas de medio mundo se encienden con un ritual que ya tiene su propio calendario: el Día del Gamer, una jornada que nació sin épica y que, sin embargo, terminó encontrando su lugar bajo el sol de la cultura pop. La fecha fue propuesta en 2008 por tres revistas especializadas españolas —Hobby Consolas, PlayMania y PC Mania— que decidieron ponerle moño a algo que ya existía en las redes: el orgullo de pasarse horas frente a la consola o la computadora. Desde entonces, la jornada se festeja con promociones, maratones y streamers que se prenden al festejo. En Estados Unidos, en cambio, el equivalente llega un par de semanas después, el 12 de septiembre. Pero a esta parte del mundo lo que nos importa es el 29, y para celebrarlo nada mejor que repasar los títulos pagos que más copias vendieron en la historia del medio.
Me acuerdo perfectamente de la primera vez que encajé una pieza de Tetris en una Game Boy gris, en viajes largos de colectivo: la pantalla sin luz de fondo, el sonido monocorde y esa satisfacción absurda cuando encajaban cuatro líneas juntas. Esa misma sensación, multiplicada por décadas y plataformas, es la que explica que Tetris, el rompecabezas que el ingeniero soviético Alexey Pajitnov creó en los años ochenta, acumule más de 520 millones de unidades vendidas sumando todas sus versiones. Lo sigue, muy lejos en el tiempo pero todavía enorme en cifras, Minecraft, de Mojang, que sobrepasa los 300 millones en prácticamente cualquier dispositivo con pantalla: celulares, tablets, consolas, PC. Y en el tercer escalón aparece una de las marcas más fuertes de la industria: Grand Theft Auto V, de Rockstar Games, que supera los 230 millones de copias repartidas en tres generaciones de consolas desde 2013, sostenido en gran medida por su exitoso modo en línea.
Los gigantes que completan el podio histórico
- Red Dead Redemption 2 (Rockstar Games, 2018): 85 millones de unidades, con su ambientación en el ocaso del Lejano Oeste.
- Wii Sports (Nintendo, 2006): 82,9 millones de copias, incluído con la consola Wii en la mayoría de los mercados, responsable de introducir el control por movimiento a una audiencia masiva.
- Mario Kart 8 Deluxe (Nintendo): roza los 80 millones sumando sus versiones para Wii U y Switch, y se mantiene como referencia del multijugador familiar.
- PUBG: Battlegrounds: 75 millones de copias antes de migrar al modelo gratuito; sentó las bases del género battle royale.
- The Elder Scrolls V: Skyrim y The Witcher 3: Wild Hunt, ambos con más de 65 millones de unidades, sostenidos por sucesivas versiones y actualizaciones desde 2011 y 2015 respectivamente.
- Animal Crossing: New Horizons (Nintendo Switch, 2020): más de 50 millones de copias, en parte gracias al contexto de confinamiento global que encontró en su propuesta de vida tranquila el tono justo para el momento.
Lo que más me gusta de esta lista es que cuenta una historia que va mucho más allá de los números. Hay un hilo que une a Tetris con Animal Crossing, y ese hilo es el de los juegos que entendieron qué quería la gente en cada momento: en los ochenta, rompecabezas simples para máquinas con dos botones; en los dos mil, mundos abiertos para explorar durante horas; en 2020, una isla virtual donde pescar y charlar con vecinos cuando el mundo real estaba cerrado. Cada uno de esos títulos, a su manera, le dio a una generación entera la posibilidad de olvidarse un rato de lo que pasaba afuera.
En lo personal, cada vez que vuelvo a Tetris pienso en una palabra que me enseñó una abuela correntina y que me parece perfecto traer a esta nota: ñeheñói, que en guaraní quiere decir algo así como «la calma de hacer las cosas con tiempo». Porque al final, de eso se tratan estos juegos que sobreviven generaciones: de regalarnos un ratito de ñeheñói en medio del ruido. Y eso, a mis cuarenta y tantos, lo valoro muchísimo más que cualquier campaña de marketing.
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