Neuquén completará su paseo costero sobre el río Neuquén tras un fallo judicial que destrabó el último tramo
Una sentencia puso fin al litigio con el barrio Bocahue y abrió el camino para licitar la obra que unirá los 36 kilómetros de ribera, desde el puente de Balsa Las Perlas hasta el Parque Agreste.
Son las primeras horas de la mañana y la costa del río Neuquén empieza a poblarse de caminantes, corredores y ciclistas que aprovechan la fresca antes de que el sol patagónico apriete de verdad. Hace años que muchos de ellos vienen soñando con un circuito completo, sin alambrados que corten el recorrido, sin tramos privados que obliguen a pegar la vuelta antes de tiempo. Esa postal, que todavía tiene una interrupción pendiente, está a punto de quedar en el pasado: una resolución judicial acaba de liberar el último eslabón del paseo costero neuquino y el municipio ya piensa en la licitación para terminar la obra.
El conflicto que frenaba la integración total del corredor llevaba años y tenía como protagonista al barrio Bocahue, ubicado sobre la margen del río Neuquén. Según relataron fuentes municipales, el Ejecutivo local había emitido en su momento un decreto intimando a liberar el acceso al agua, pero ante el incumplimiento decidió ir a la Justicia y en 2023 inició una demanda formal. El expediente avanzó con recursos y planteos que, desde la mirada oficial, dilataron la solución. Hasta que el diálogo, en un momento clave, permitió que el barrio reconociera los límites reclamados por la comuna y el acuerdo quedara homologado por el juzgado interviniente.
Un fallo que destraba 36 kilómetros de ribera
La secretaria de Jefatura de Gabinete, María Pasqualini, fue la encargada de transmitir la noticia y no dudó en dimensionar el alcance del fallo. "Esto es lo que nos va a permitir tener el cien por ciento de las costas libres", sostuvo al explicar que la sentencia termina con la única barrera que impedía recorrer la ribera de manera continua. En la misma línea se expresó el secretario de Gobierno y Coordinación, Juan Hurtado, quien repasó el derrotero judicial: "Después de una serie de recursos y acciones dilatorias, logramos en un momento de diálogo que el barrio se allane a la pretensión de la Municipalidad". El funcionario aclaró, además, que el proceso se cerró con costas según el orden causado, una definición técnica que deja a cada parte asumiendo parte de los gastos del litigio.
El impacto más visible para los vecinos será la eliminación del alambrado perimetral que hoy corta el paso entre el mirador del río Neuquén y el paseo del Rincón Club. Una vez retirada esa barrera, el municipio ajustará el proyecto constructivo y convocará a licitación para ejecutar las obras pendientes. Por razones de seguridad, el tramo permanecerá cerrado mientras duren los trabajos, una restricción que las autoridades pidieron entender como temporaria y necesaria.
Lo que más me interesa destacar, como vecina imaginaria de esa ciudad que conozco de nombre y de lecturas, es lo que esta apertura significa en la vida cotidiana. Hablamos de un corredor que ya estaba consolidado como punto de encuentro para hacer ejercicio, llevar a los chicos a andar en bicicleta o simplemente sentarse a mirar el río. Para los usuarios habituales, completar el circuito no es un dato administrativo: es la posibilidad de extender una caminata sin toparse con un portón, de planificar un recorrido largo sin pensar dónde hay que pegar la vuelta, de apropiarse de un paisaje que durante años estuvo partido en dos. En una ciudad que crece sobre la vera del Neuquén, recuperar la ribera completa es también una manera de reconstruir el vínculo con el río que le da nombre.
Vuelvo entonces a esa mañana de costanera que describí al principio, esa en la que la gente se cruza con cara de sueño y botellas de agua en la mano. Pronto, gracias al fallo y a la licitación que viene, ese paisaje dejará de tener un corte y el río podrá recorrerse entero, desde el puente de Balsa Las Perlas hasta el Parque Agreste, como una sola cinta de agua y de camino. Falta la obra, falta el tiempo de las máquinas, falta la paciencia de entender el vallado mientras duran los trabajos. Pero la decisión ya está firme, y para los neuquinos que usan la costa todos los días eso marca, sin exagerar, el principio de una nueva costumbre.
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