Mientras Mirtha ordena la última tos, Juana Viale vuelve a calzarse el delantal de la sobremesa dominical
La conductora sigue en su casa después de la internación en el Mater Dei y su nieta encabezará una nueva emisión con Repetto, Pfening, Menem, Navia y Bossi como invitados.
Lo primero que se escucha cuando uno entra a la redacción estos días es la misma pregunta repetida en dos o tres mesas distintas: si la señora ya está bien, si la tos aflojó, si hoy graba o si otra vez la va a reemplazar Juana. La imagen es casi la de una mesa servida que todavía espera a la abuela: copas altas, mantel largo, la silla cabecera vacía por un ratito más. Esa silla, por ahora, la vuelve a ocupar su nieta, otra vez al frente del ciclo mientras Mirtha Legrand termina de ordenar la recuperación de aquella bronquitis que la mantuvo internada en el sanatorio Mater Dei y que, según cuenta su hija Marcela Tinayre, todavía se hace notar con una tos persistente que es lo único que falta resolver para que la conductora de 99 años pueda volver al trabajo.
Una sobremesa con invitados conocidos y una silla que sigue esperando
Yo vengo siguiendo este ping pong de reemplazos desde hace varias temporadas y, si algo aprendí, es que cuando la conductora no aparece, no se nota tanto el hueco como el cariño: la cámara la busca igual, el público la nombra al pasar y Juana sostiene el ritmo con esa mezcla de frescura y oficio que le viene por herencia y por propia madera, porque hace rato que dejó de ser la nieta que invitaban para llenar un programa y se convirtió en una conductora con marca propia. La emisión que viene, según me acerco a contarles, tendrá en la mesa a Juana Repetto, Guillermo Pfening, Martín Menem, Álvaro Navia y Jésica Bossi, una combinación curiosa que mezcla actualidad política, cine y el costado más liviano de la farándula, justo lo que siempre supo dosificar Mirtha como nadie.
Mientras tanto, en la casa de Mirtha la jornada arranca con mates y con la tos como personaje invitado. Marcela Tinayre fue clara al explicar que mientras ese síntoma no ceda, no hay vuelta al estudio, y deslizó que el regreso recién podría darse en la semana posterior a esta emisión, siempre y cuando la evolución sea favorable. No es un capricho ni una exageración: la conductora suma 99 años, salió del sanatorio un domingo por la tarde después de cinco días de internación, y el último parte médico difundido por el centro de salud fue terminante al pedir que la recuperación siga en el domicilio para retomar lo antes posible, sin apurar los tiempos.
- La sobremesa de este fin de semana vuelve a tener a Juana Viale como conductora, con Repetto, Pfening, Menem, Navia y Bossi como invitados.
- Mirtha Legrand continúa la recuperación en su casa tras cinco días internada en el sanatorio Mater Dei.
- La tos persistente es, según Marcela Tinayre, lo único que frena el regreso al trabajo de la conductora.
- El retorno recién podría darse la semana próxima, sujeto a cómo evolucione el cuadro.
- Las clásicas meriendas dominicales en lo de Mirtha ya llevan dos semanas suspendidas y todavía no hay fecha confirmada para reanudar.
Hay un detalle que a mí, personalmente, me conmueve cada vez que lo recuerdo: en mayo, cuando recibió el Martín Fierro a la labor periodística femenina, Mirtha dijo, casi mirando al futuro con la precisión de quien siempre tuvo el reloj bien calibrado, que iba a ser centenaria y que pensaba seguir viniendo a recibir el beso y el abrazo de todos sus colegas. Y uno le cree, porque la vimos hace poco más de un mes en el teatro Liceo acompañando a Carlos Rottemberg en la presentación de su libro Pasen y Lean, y porque también se dio el gusto de ir a ver Secreto en la montaña, con Benjamín Vicuña y Esteban Lamothe, y de sumarse con amigos a una función de Midachi, la despedida, como si se negara a dejar pasar un solo estreno sin pasar ella primero por la butaca.
La casa como escenario y los afectos como escenario
Esta vez, en cambio, el escenario no es un teatro ni un set de televisión sino su propia casa, y el público son los amigos que la visitan, los almuerzos compartidos y la familia que le organiza la agenda. Acá va una palabra que aprendí de chico escuchando a mi vieja y que cada vez que aparece me reconcilia con el idioma: ñeheñói, que en guaraní quiere decir algo así como "conversación amena", esa charla larga que se estira sin apuro y que en casa de Mirtha debe estar sonando de mesa a mesa mientras ella se repone. Por eso la imagen que me queda, más allá del parte médico y de los nombres de los invitados, es la de una mujer rodeada de los suyos, lidiando con una tos que se niega a irse, esperando el día justo para volver a sentarse en esa cabecera que es, para varias generaciones de argentinos, mucho más que una silla en un programa: es un lugar en la historia de la televisión, un punto de encuentro semanal donde la conversación todavía se permite ser larga, con curvas y sin apuro, casi un acto de resistencia en estos tiempos de frases cortas y mensajes volátiles. Ojalá la próxima semana, si el cuerpo le da el guiño que todos esperamos, la veamos de nuevo abriendo la puerta del estudio con esa energía que ya quisiera más de uno, y mientras tanto, al menos, queda Juana sosteniendo la mesa con oficio y con ese orgullo de llevar el apellido más pesado de la televisión argentina, que se lleva con respeto, con trabajo y, ahora también, con la tarea extra de cuidar a la abuela hasta que la tos se canse de hacer ruido.
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