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DOM, 20 SEPT 2026
Vida

Levantarse de la silla cada tanto rinde más de lo que parece: lo que dice la ciencia

Una revisión de 25 ensayos clínicos con más de mil participantes mostró que interrumpir el sedentarismo con caminatas, estiramientos o escaleras mejora la atención y la memoria al volver a la tarea. Especialistas y autores consultados coinciden en que el efecto es modesto pero real, y en que se nota más en aulas y oficinas.

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Elena BianchiSociedad · 20 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Son las once de la mañana en una oficina cualquiera de Buenos Aires y el café ya quedó lejos. Del otro lado del mostrador, Laura se levanta, estira las piernas hasta la impresora y vuelve con los ojos un poco más despiertos. Lo hace casi sin pensarlo, como si el cuerpo le pidiera una pausa antes de volver a la pantalla. Esa microinterrupción, según una revisión de estudios que reunió a 1.115 personas, puede hacerle un favor silencioso a la cabeza.

El trabajo, encabezado por Yongming Li, juntó 25 ensayos clínicos en los que se probó qué pasa cuando uno interrumpe las horas sentado con movimientos breves. La idea es sencilla y bastante llevadera: en vez de prometer una rutina maratoniana, alcanza con pararse, caminar unos metros, practicar algo de yoga, pedalear en una bicicleta fija o, si el ánimo lo permite, subir escaleras. También se ensayaron opciones más intensas, como correr sin desplazarse o hacer saltos, siempre en períodos de menos de diez minutos.

Mejoras chicas, aunque concretas

Cuando los participantes volvían a su tarea, los investigadores midieron cambios en la atención sostenida, en la capacidad de cambiar de consigna y en el control de respuestas impulsivas, esa habilidad de no apretar el botón antes de tiempo. También detectaron mejoras en la memoria de trabajo, la que permite retener un dato en la cabeza mientras se resuelve otra cosa, como repetir un número de teléfono mientras se anota un mensaje.

La magnitud promedio del beneficio fue modesta: un valor de 0,24 en la escala estadística usada por el equipo, donde 0,2 ya se considera un efecto pequeño. No es una transformación, pero es un plus que, multiplicado por jornadas y semanas, puede sumar. Y se nota más cuando la práctica se sostiene en el tiempo y se aplica en escuelas o lugares de trabajo.

“Es una intervención razonable y de bajo costo. Lo que pediría es cautela al leer un promedio que mezcla niños con adultos mayores, porque las etapas cognitivas son muy distintas.”Mark Hamer, investigador del University College London

Cada media hora o cada hora, qué cambia

  • Pausas de dos minutos cada treinta minutos: en algunos contextos, aunque sin ventaja clara sobre esquemas más espaciados.
  • Pausas de dos minutos cada sesenta minutos: mostraron una diferencia ligeramente mayor en el desempeño al retomar la tarea.
  • Actividades más intensas, como correr sin desplazarse o saltar, también fueron evaluadas, aunque no superaron a las caminatas o los estiramientos en la respuesta promedio.

Por qué el movimiento breve podría ayudar

Mike Trott, de la Universidad de Queensland, deslizó una explicación posible: el movimiento liberaría dopamina y noradrenalina, dos sustancias que el cerebro usa para mantenerse atento y con la motivación arriba. La hipótesis suena lógica y, sobre todo, barata. Mientras tanto, en las oficinas y en las aulas, la receta sigue siendo la de siempre pero en versión miniatura: parar, estirar las piernas, dar una vuelta y volver. Para Laura, y para muchos, eso significa terminar la mañana con la cabeza un poco menos embotada y la tarde, tal vez, un poco más llevadera.

EB

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