Leticia Brédice vuelve al escenario con su propia voz: adentro de Milagro, la obra que la desnuda
La actriz debuta como autora y directora en el Teatro Santa María, comparte elenco con su sobrina Ananda y atraviesa un presente profesional arrollador: Susana Giménez en Netflix, canto en eltrece y un unipersonal que es, según cuenta, un espejo de su propia vida.
La primera vez que entré al Teatro Santa María en una función de Milagro todavía me resonaba en la cabeza esa frase que Leticia Brédice repite con una media sonrisa: lo que tengo para contar es el milagro de la vida. Y la verdad es que, después de verla subir a las tablas con un texto que ella misma escribió y dirigió, la frase deja de sonar a lugar común y empieza a sonar a una confesión en voz alta. El teatro huele a madera tibia, las luces todavía están tibias del ensayo de la tarde y en el escenario una mujer que alquiló el espacio para decir todo lo que nunca se animó empieza a desarmarse frente al público, con la misma crudeza con la que uno se desarma frente a un amigo de toda la vida.
Porque Milagro es, ni más ni menos, la primera obra que Brédice firma como autora y directora, y eso ya dice bastante de una actriz que empezó a los trece años y que tiene en la mochila títulos tan pesados como Ceniza del paraíso y Nueve reinas. Acá no hay personaje ajeno que la resguarde: el personaje es María de los Milagros Figueroa Alcorta, una mujer que paga un teatro para hablar en voz alta, y al lado de ella, como contrapunto y reflejo, aparece Ananda Li Brédice, su sobrina, desplegando una galería de figuras que funcionan como un espejo deformante de la protagonista. Las dos se formaron desde chicas en la escuela de Norman Briski, y eso se nota: hay una misma raíz de formación acting en cómo se mueven, en cómo se dejan mirar y en cómo se bancan las pausas.
Un linaje de mujeres artistas y un aprendizaje mutuo
Brédice lo dijo con una mezcla de orgullo y ternura que le sale natural: en nuestra familia somos de un linaje de mujeres artistas. Pero lo más interesante no es la herencia: es el presente. Estar con mi sobrina es un sueño y un aprendizaje, resumió, y al escucharla queda claro que Milagro también es un trabajo de equipo familiar en el mejor sentido de la palabra. Ananda, que venía de desempeñarse como asistente de dirección, aporta a la función una base técnica que la propia Leticia valora especialmente, y se nota en escena: la dirección respira, los tiempos están cuidados y el ritmo no decae ni siquiera cuando el texto se pone más íntimo.
El estreno del viernes 4 de septiembre, con producción de Darío Arellano, coronó un proceso que Brédice describió como largo y experimental. Arrancó como una performance y, dijo la actriz, logramos solidificar una parte de la obra que realmente queríamos contar. Esa palabra, solidificar, es clave: Milagro no es un ejercicio autoral, es un espectáculo que encuentra su forma definitiva justamente cuando la autora se permite quitarse capas.
“Todo lo que sucede en el escenario es inesperado y a la vez gracioso. Es como la vida.”Leticia Brédice
Un presente profesional a toda máquina
- Estreno de Milagro en el Teatro Santa María como autora, directora y protagonista, junto a su sobrina Ananda Li Brédice.
- Interpretación de Susana Giménez en la serie sobre Moria Casán disponible en Netflix.
- Participación como concursante en el reality de canto Es mi sueño, conducido por Guido Kaczka en eltrece.
Una palabra prestada para explicar Milagro
En el litoral argentino solemos usar una expresión en guaraní que se escucha seguido: ñande, que significa nosotros, los nuestros. Y ñande es la palabra exacta para lo que se ve en escena entre Leticia y Ananda. No es un parentesco decorativo: es un acuerdo de complicidad que sostiene toda la obra. Las dos se contienen, se provocan, se esperan y se devuelven miradas que parecen salidas de un álbum familiar más que de un guion. Esa intimidad es, a mi criterio, el motor real de Milagro: lo demás, los milagros cotidianos que una persona reconoce al contar su propia vida, son apenas la excusa para que esa complicidad pueda ocurrir frente a un público desconocido.
Yendo hasta el hueso: a mí Milagro me dejó la sensación de estar viendo a una actriz que dejó de esconderse detrás de los personajes que le ofrecieron para, por fin, mirarse a sí misma en un escenario. En un presente donde Brédice canta en televisión, interpreta a la diva de los teléfonos en una serie y, ahora, se para sola frente a un teatro con su propio texto, lo más deslumbrante no es la cantidad de pantallas y escenarios que habita, sino el modo en que los recorre sin perder el pulso. Brédice no llega a Milagro: la estaba esperando. Y, si me apuran, también nos estaba esperando a nosotros.
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