La “VTV del amor”: por qué Rolón invitó a revisar los vínculos de pareja sin dejarse atrapar por el miedo a estar solo
El psicoanalista y escritor dialogó con Luis Novaresio y propuso una metáfora bien concreta —la revisión técnica de un auto— para pensar qué sostiene a las parejas que siguen juntas a pesar del sufrimiento. También habló del deseo y de por qué conseguir lo que queremos no alcanza para callar la falta.
Lo veo todavía en la pantalla: Gabriel Rolón cruzando las piernas, con esa calma de quien sabe que lo que va a decir incomoda, y soltando una frase que se me quedó pegada durante toda la charla que mantuvo con Luis Novaresio. “Hay que hacer la VTV del amor”, propuso, y a mí, que vengo de una familia donde el auto se llevaba a la planta oficial cada año como si fuera un ritual, la imagen me resultó tan cercana como reveladora. La comparación es bien terrenal: así como revisamos el vehículo para que no nos deje varados en medio de la ruta, habría que parar la pelota y mirar cómo está la pareja antes de que los problemas la terminen llevando a la banquina.
Lo que Rolón puso sobre la mesa no es menor. Contó, con esa voz pausada que lo caracteriza, que hay gente que convive con aspectos de su pareja que directamente le desagradan, y sigue adelante igual. Otros, directamente, se resignaron. Y acá aparece uno de los puntos más sensibles de toda la conversación: el miedo a estar solo. “La compañía de alguien querido te calma, pero no borra la experiencia de soledad. Un abrazo puede aliviar lo que una persona siente, pero no lo resuelve”, dijo, casi como si le hablara a ese montón de amigos que conozco que llevan años en relaciones donde el cariño se mezcló con el hartazgo y ya no saben distinguir una cosa de la otra.
Una frase para llevarse a casa
“El deseo te incomoda porque te señala la falta. Se desea lo que no se tiene.”Gabriel Rolón
Esa idea, que a primera vista suena a slogan de autoayuda, tiene una profundidad que vale la pena desmenuzar. Lo que Rolón plantea es que el deseo no se apaga cuando conseguimos lo que queremos, y ahí se entiende por qué tantas personas que lograron todo lo que soñaban —el trabajo, la casa, el hijo, el libro terminado, la pareja estable— igual siguen sintiendo que algo falta. Es, si se quiere, una de las trampas más silenciosas de la vida adulta: creemos que alcanzar el objeto del deseo nos va a dejar en paz, y lo que descubrimos es que la paz nunca termina de llegar del todo.
Las búsquedas que no se apagan
- Una necesidad cotidiana que parece menor pero que igual pesa.
- El anhelo de encontrar una pareja que nos contenga de verdad.
- Conseguir un trabajo que durante años soñamos desde otro lugar.
- Alcanzar un éxito profesional que imaginamos como definitivo.
- Leer ese libro pendiente o tener un hijo que cambia la vida entera.
Rolón no lo dijo con tono solemne; lo dijo con la naturalidad de alguien que sabe que esta verdad patea el tablero de muchas seguridades. La falta persiste, insistió, porque en el fondo somos conscientes —aunque no queramos mirarlo— de que la vida y los afectos no son permanentes. Y convivir con esa conciencia, agregó, es parte de la experiencia humana. Vuelvo a la imagen del principio, a esa planta de verificación donde uno lleva el auto y el mecánico le dice qué está flojo: me quedo pensando cuántas parejas harían bien en hacer ese mismo ejercicio, no para romper, sino para entender qué los sigue sosteniendo juntos y qué los está sosteniendo por pura inercia. Porque la diferencia entre elegir y resignarse, a esta altura de la vida, es una diferencia enorme.
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