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SÁB, 05 SEPT 2026
Vida

El filo que se quebró en Chapelco: la tarde en que la nieve casi se lleva a dos esquiadores

Un desprendimiento de grandes proporciones sorprendió en el sector posterior del Cerro Chapelco, fuera del dominio esquiable. Dos personas que descendían en zigzag pasaron a metros del frente blanco y salieron ilesas. El complejo activó el protocolo y volvió a recordar los límites de lo habilitado.

EB
Elena BianchiSociedad · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

La imagen llega de a ratos, mientras el aire todavía corta la cara en la cota alta del Cerro Chapelco. Son las últimas horas de la tarde del jueves y, en el filo posterior del centro de esquí, una masa de nieve se desprende como si alguien hubiera corrido una sábana enorme desde lo alto de la montaña. El ruido es sordo, lejano, y la nube blanca gana velocidad ladera abajo en cuestión de segundos. Dos esquiadores, que segundos antes trazaban un zigzag por la nieve, quedan a pocos metros del avance y, por unas décimas de decisión y algo de fortuna, logran alejarse sin un rasguño.

Un sector fuera del dominio esquiable

Lo sucedido ocurrió a casi 1.980 metros sobre el nivel del mar, en un tramo que no integra el dominio esquiable habilitado del complejo. Es decir, un punto que las señales del cerro indican expresamente que no debe pisarse. Las personas que estaban cerca, según relataron luego testigos a la administración del centro de esquí, fueron testigos involuntarios de la secuencia y hasta alcanzaron a registrarla con sus teléfonos, en imágenes que muestran la velocidad con que el manto blanco avanza sobre la pendiente.

Cuando el personal del complejo detectó lo ocurrido, activó el protocolo de seguridad de manera inmediata. El operativo apuntó a mantener la zona despejada, impedir el ingreso de nuevos visitantes y comenzar a evaluar la estabilidad del manto para descartar nuevos desprendimientos. No se reportaron personas heridas. La jornada, que venía con buena convocatoria por la temporada invernal en San Martín de los Andes, terminó con un golpe de adrenalina y un recordatorio muy concreto: la montaña siempre tiene la última palabra.

Por qué se produce una avalancha

Para entender lo que pasó en Chapelco conviene repasar cómo se gatilla una avalancha. Una masa de nieve pierde estabilidad sobre una pendiente y empieza a deslizar cuando confluyen varios factores al mismo tiempo. Entre los más frecuentes se cuentan la acumulación de capas con distinta consistencia, los cambios bruscos de temperatura, el viento que redistribuye la nieve hacia ciertos puntos del filo y, por supuesto, la inclinación del terreno. A veces alcanza con el paso de una o dos personas por un sector no habilitado para que la sobrecarga sea suficiente y se desencadene el deslizamiento.

  • Respetar estrictamente las zonas señalizadas como habilitadas para el esquí o el snowboard.
  • Prestar atención a las indicaciones del personal del centro de esquí, incluso cuando parezcan exageradas.
  • Evitar transitar por filo, fuera de pista o en pendientes inclinadas después de nevadas intensas o cambios bruscos de temperatura.
  • Antes de salir a la montaña, informarse sobre el parte de nieve y la estabilidad del manto en la zona.
  • En grupos reducidos, mantener la distancia suficiente entre esquiadores para que, ante un eventual accidente, queden personas fuera del área comprometida.

La palabra del complejo y la temporada que sigue

Desde la administración de Chapelco recordaron que el filo es uno de los puntos más altos del cerro y que ese sector no está señalizado ni autorizado para la práctica del esquí ni para ningún descenso fuera de pista. La recomendación, repetida cada temporada, es clara: permanecer dentro de las zonas habilitadas y seguir las indicaciones del personal especializado. La temporada en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre, con semanas en las que la nieve acumulada y el frío intenso suelen ofrecer las mejores ventanas de la campaña, pero también las más sensibles a este tipo de fenómenos. Después de nevadas fuertes, el viento redistribuye el manto y forma acumulaciones que pueden volverse inestables si la adherencia entre capas es débil, un dato que los centros de conocen al detalle y que vuelcan en sus partes diarios de seguridad.

Vuelvo mentalmente a la escena del jueves en la cota alta: dos esquíes clavados sobre la nieve, el sonido seco que se pierde valle abajo, y dos personas paradas a pocos metros del avance blanco, todavía con el corazón en la garganta. Por un rato el Cerro Chapelco se mostró como lo que es: un escenario majestuoso pero exigente, que recompensa a quien lo recorre con respeto y castiga, sin aviso, a quien se apura. El llamado, en voz baja y sin drama, sigue siendo el mismo de cada invierno: pisar solo lo habilitado, escuchar al personal de la montaña y asumir que la nieve, cuando se mueve, no avisa.

EB

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