La verdad del homenaje a Romina Yan: Yankelevich contó por qué Darío Giordano apareció esa noche en el Gran Rex
El productor salió a desmentir las versiones que circularon en redes y explicó que el padre de los chicos acompañó a Azul, que tenía una participación en el show. También repasó cómo tomó la tenencia de Franco y Valentín.
El jueves a la noche, mientras yo me acomodaba en el sillón con el ruido de la ciudad entrando por la ventana, leí una y otra vez las palabras que Gustavo Yankelevich mandó a la prensa sobre el homenaje a Romina Yan que se hizo en 2018 en el Teatro Gran Rex. La aclaración llegó después de que volviera a rodar por las redes un video de Darío Giordano hablando con los cronistas en esa misma velada, justo en medio de los fuertes dichos de Valentín sobre situaciones que habría atravesado con su padre.
El productor, que tiene en su haber una lista larga de formatos que marcaron a varias generaciones —desde los musicales juveniles más recordados de la televisión hasta aquel ViveRo que conmovió a todo un país—, salió a poner las cosas en su lugar con una frase directa: nadie invitó a Giordano aquella noche al teatro de la calle Corrientes.
Un padre que acompañó a su hija
La explicación que dio Yankelevich tiene la simpleza de las cosas que suelen quedar silenciadas por el ruido mediático. Según contó, Azul, la más chica de los hermanos, tenía una participación artística programada en el homenaje. Entonces, en lugar de mandarla con otra persona, fue su papá quien la llevó al teatro, la esperó y terminó concediendo una nota.
“Leí que algunos preguntan para qué lo invitamos. Nadie lo invitó. Darío, en lugar de mandarla con otra persona, fue él. La llevó, la esperó y entonces dio la nota.”Gustavo Yankelevich
Lo que vio en el video
Yankelevich no se quedó ahí. También se detuvo en lo que Giordano les decía a los movileros en ese mismo clip que otra vez recorre el país. Para el productor, lo más doloroso fue escucharlo hablar de sus hijos como si todavía estuvieran bajo su techo, cuando en realidad hacía tres años que Franco y Valentín vivían con él.
“Habló como si los chicos hubieran estado felices viviendo con él. Lo veo y no lo puedo creer.”Gustavo Yankelevich
Una alerta a tiempo
El productor recordó además que fue Cris Morena la primera en levantar el teléfono. Y la frase que le llegó, casi como un susurro urgente, fue la que define todo lo que vino después. Pocas veces una palabra en guaraní —ñehe, que en criollo usamos para nombrar a la madre— había estado tan cargada de sentido: la mujer que había compartido elenco y vida con Romina Yan le decía, en criollo llano, que algo no cerraba.
A partir de ese mensaje, Yankelevich empezó a prestar atención. Franco, el mayor, le pidió irse a vivir con él. Cuando le preguntó por qué, el chico le contó que su padre lo había golpeado cuando se enteró de ese mismo deseo. La familia decidió entonces no mediatizar la situación mientras se resolvía el camino judicial, justamente para no poner en riesgo lo que los chicos más querían: que el abuelo pudiera quedarse con su tenencia.
Una noche que todavía duele
A esa función en el Gran Rex, pensada para recordar a Romina Yan en lo que habría sido su cumpleaños 44, subieron figuras como Lali Espósito, Abel Pintos, Luciano Pereyra y Patricia Sosa, entre otros. La puesta se pensó como un abrazo colectivo al que varios ñehe y hermanos del medio se sumaron sin dudarlo. Pero detrás del brillo del escenario, aquella velada también dejó al descubierto un conflicto familiar que, con los años, terminó resolviéndose en los tribunales.
Si me permiten la franqueza de quien firma esta columna, creo que Yankelevich hizo bien en hablar. No para polemizar, sino para devolverles a sus nietos la verdad de lo que pasó aquella noche. A veces, en medio del ruido, lo más humano que puede hacer un abuelo es contar con la misma sencillez con la que un padre lleva a su hija al teatro: sin estridencias, con la sola intención de cuidar.
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