La ópera prima que Tarantino vio cinco veces y casi nadie vio en su estreno
Costner tenía 29 años y un esmoquin mugriento. Reynolds dirigió una road movie ochentosa que apenas recaudó 91 mil dólares y hoy es objeto de culto. El director de "Pulp Fiction" la considera una de las mejores óperas primas de la historia.
Me imagino la butaca: un cine de Los Ángeles en 1985, las palomitas a medio comer y un muchacho de 22 años —Quentin Tarantino, todavía lejos de convertirse en el nombre que hoy todos repetimos— saliendo de la sala con la sensación de que algo importante acababa de pasarle. Esa imagen me persigue desde que leí la confesión que el propio Tarantino hizo a Vanity Fair: vio "Fandango" cinco veces en una semana, la única semana que la película estuvo en cartelera en Estados Unidos.
La frase suena a exageración de cinéfilo enamorado, y quizá lo es. Pero tiene el mérito de devolver del olvido a una película que, en su momento, apenas movió la aguja de la taquilla: 91 mil dólares recaudados en todo el país, una cifra que hoy cabe en el presupuesto de un cortometraje publicitario. Y, sin embargo, ahí estaba Tarantino, volviendo una y otra vez al cine, fascinado por un Kevin Costner de 29 años que todavía no había filmado "Bailando con lobos" ni "Los intocables", y por un director, Kevin Reynolds, al que más tarde compararía nada menos que con Stanley Kubrick.
Cinco amigos, un viaje y un esmoquin en el desierto
"Fandango" es, en su ADN, una road movie de bajo presupuesto ambientada en 1972. Sigue a un grupo de cinco amigos recién graduados que se lanzan a cruzar el suroeste estadounidense en sus autos destartalados, como una última aventura antes de que la guerra de Vietnam y la vida adulta los separen. No hay gran conflicto narrativo ni héroes descomunales: hay en movimiento, bromas entre compañeros, y la decisión de cada uno de saltar hacia lo desconocido. Por eso, tal vez, no encontró público masivo en su estreno: era demasiado específica, demasiado libre, demasiado lista para el circuito comercial de 1985.
La frase de Tarantino
“Quería vestirme como Kevin Costner. Empecé a hablar como Kevin Costner. Quería ponerme un esmoquin mugriento y dormir y orinar y vomitar y beber y sudar en un coche cruzando el desierto. Hizo que un esmoquin mugriento parezca lo más guay del mundo.”Quentin Tarantino, entrevista con Vanity Fair
Reynolds y Costner: una sociedad con idas y vueltas
- "Robin Hood, príncipe de los ladrones" (1991): el enorme éxito de público que consolidó a Costner como estrella global y confirmó a Reynolds como director de gran escala.
- "Waterworld" (1995): superproducción con problemas de producción y de presupuesto. El rodaje estuvo atravesado por roces entre Reynolds y Costner que, según contaron ambos en los años siguientes, se resolvieron con el tiempo.
- "Hatfields & McCoys" (2012): la miniserie con la que Reynolds y Costner volvieron a trabajar juntos. El compromiso de Costner con este proyecto fue el motivo que lo llevó a rechazar un papel que Tarantino tenía pensado para él, y que finalmente terminó en otras manos en "Django desencadenado".
Hay algo enternecedor en toda esta historia, algo que me reconcilia con esa idea tan rioplatense del cine como una experiencia compartida, casi comunitaria. Pienso en ir al cine como quien va a una kermés —esa palabra guaraní que usamos para nombrar la fiesta del pueblo con juegos, música y vecinos—, donde uno no va solamente a mirar una pantalla, sino a estar ahí, en una sala oscura, formando parte de algo. Tarantino lo sintió así a los 22 años, y volvió cinco veces. Hoy, cuarenta años después, "Fandango" sobrevive como esas películas que uno descubre de casualidad en un canal de cable, una madrugada de domingo, y que de inmediato quiere compartir con alguien. Si nunca la viste, te la recomiendo con la honestidad de un fan: es un hallazgo pequeño, sin la épica de los grandes títulos de Costner, pero con la frescura intacta de un debut que quiso contar algo simple y lo contó bien. Y si ya la conocés, sabés de qué hablo: hay películas que se vuelven culto justamente porque alguien como Tarantino se empecinó en verlas cinco veces en una semana.
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