La venganza de Ulzana: el western con dos almas que conviven en la misma cinta
Burt Lancaster y Robert Aldrich cruzaron el desierto en 1972 para contar una persecución apache que cambió de cara según el continente donde se la vio; Arturo Pérez-Reverte la rescató del olvido.
Imaginate una sala oscura, el polvo de un pueblo fronterizo dibujado con paciencia sobre la pantalla y, de pronto, el sonido seco de un disparo que no pide permiso: así arranca La venganza de Ulzana, esa película de 1972 que Robert Aldrich dirigió con Burt Lancaster al frente de un elenco enorme y un sol de justicia cayendo a plomo sobre el desierto. Yo la vi hace años en una copia gastada y todavía recuerdo la sensación de estar frente a un western que no se conforma con repartir balazos: hay sangre, hay bronca, hay un lamento que se mete debajo de la piel.
Antes de esta película, Lancaster y Aldrich ya habían cruzado caminos nada menos que en Grupo salvaje (1969), aquella epopeya de cowboys viejos y camaradería rota que sigue siendo una de las cumbres del género. Por eso, cuando se reencontraron en el rodaje de La venganza de Ulzana, la complicidad entre director y protagonista ya estaba curtida por una experiencia compartida, y eso se nota en la seguridad con la que Lancaster encarna a McIntosh, un explorador que conoce el idioma y las mañas del territorio apache.
Dos montajes, una misma historia
Lo más curioso de este filme es que no existe una sola versión: la película tuvo dos montajes casi con la misma duración pero con diferencias concretas. La copia pensada para Estados Unidos estuvo supervisada por el propio Aldrich, mientras que la destinada a Europa fue armada con intervención directa de Burt Lancaster. Lo más llamativo es lo que le pasó al personaje de la actriz Aimee Eccles, la amante indígena del protagonista: en el montaje europeo esa historia de amor fue eliminada por completo, como si nunca hubiera existido. Por eso, atender solamente al metraje no alcanza: hay que mirar qué escenas quedaron afuera para distinguir las copias que circularon por las salas.
La trama arranca con la fuga de Ulzana de una reserva donde lo habían sometido a malos tratos; una vez libre, el apache encadena ataques junto a un grupo de guerreros y la caballería de Estados Unidos sale a perseguirlo, con McIntosh como guía. Esa persecución, con sus idas y vueltas por el desierto, sostiene el relato de punta a punta.
Una deuda con John Ford que no se disimula
- El guion lleva la firma de Alan Sharp, que reconoció la influencia de Centauros del desierto (The Searchers).
- La intención declarada fue rendir homenaje a John Ford a través de la nueva historia.
- La estructura de la persecución a un apache fugado dialoga de manera directa con la película original de Ford.
- La acción arranca con una violencia extrema: un soldado que mata a una mujer, escena destacada por Pérez-Reverte en su recomendación.
El guionista Alan Sharp no escondió la influencia de Centauros del desierto, la obra maestra de Ford, y por eso la película lleva grabada una especie de diálogo silencioso con aquel clásico de 1956: la decisión de contar la búsqueda de un apache fugitivo a través del desierto, con un guía que conoce las dos culturas, es un guiño explícito que los fans del género suelen celebrar.
“Una obra maestra de Robert Aldrich, una película extraordinaria y muy poco conocida.”Arturo Pérez-Reverte
La crítica recibió bien a La venganza de Ulzana y el propio Aldrich estaba orgulloso del resultado, aunque en la boletería el rendimiento fue discreto, de esos que no llenan titulares pero que el tiempo rescata. Fue Arturo Pérez-Reverte, en su recomendación, quien volvió a ponerla en circulación y la definió sin rodeos como una obra maestra muy poco conocida. Y uno, mientras mira la pantalla, siente que tiene razón: hay una violencia inicial que descoloca, una persecución que no afloja y un Burt Lancaster enorme, de esos que ya casi no se filman.
Si me preguntan en confianza, y abusando de la primera persona que me caracteriza, les digo que esta es de esas películas que merecen verse dos veces: una con el montaje estadounidense y otra con el europeo, para entender hasta qué punto un corte de edición cambia la mirada sobre el mismo personaje. En guaraní, la palabra que mejor describe esa sensación es ñeñéik, esa especie de cosquillito interno que aparece cuando algo te inquieta y no sabés bien por qué. A mí me pasó con Ulzana, y sospecho que a más de uno también le va a pasar.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo
Alerta Litoral