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MAR, 15 SEPT 2026
Vida

Humboldt, el basset hound que se detuvo en el bosque y cambió la manera de cuidar la fauna patagónica

Acompañado por Alex y Kenia Tersoglio, un perro de dos años marca presencia de huillín, huemul, puma y hasta parásitos acuáticos en parques nacionales del sur argentino. Su método es silencioso, voluntario y heredero de un colega canino que ya no está.

EB
Elena BianchiSociedad · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

El aire frío del bosque patagónico entra por la nariz de Humboldt antes de que su cuerpo termine de acomodarse entre las hojas y la piedra. El basset hound de dos años se detiene de golpe, clava el hocico en un punto donde el ojo humano no encuentra nada y gira la cabeza hasta cruzar la mirada con Alex Tersoglio. Esa señal, mínima y exacta, es toda la confirmación que hacía falta: ahí hubo un animal. Desde Villa La Angostura, este perro convertido en colaborador científico recorre senderos de la región junto a su dueño y a la hija de este, Kenia, y le ahorra horas de búsqueda a guardaparques e investigadores que de otro modo deberían rastrear huellas, pelos o heces a ojo desnudo.

Lo que Humboldt hace parece sencillo pero no lo es. Su olfato es capaz de aislar moléculas diminutas que se desprenden de la materia fecal de especies silvestres y que para cualquier persona pasarían completamente inadvertidas, enterradas bajo la hojarasca o pegadas a la corteza de un árbol. Esa capacidad convierte cada salida al campo en un barrido más rápido, más barato y menos invasivo que los métodos tradicionales. El equipo lo entrenó para reconocer, entre otros, al huillín, al huemul, al gato huiña, al gato montés y al puma, y también para detectar especies invasoras como el visón, cuya proliferación preocupa a los equipos de conservación.

Una marcación silenciosa que se lee como un mensaje

La forma de avisar es tan particular como la tarea. Cuando Humboldt identifica un rastro, no ladra ni escarba: simplemente se sienta, orienta el hocico hacia el sitio exacto y sostiene el contacto visual con Alex. Si la zona tiene piedras grandes, ramas o espinas y le resulta incómodo apoyarse, la orden cambia y él permanece parado, inmóvil, repitiendo la mirada como un puntero que señala un punto en un mapa. Existe además un comando específico, "show me", que se usa cuando la marca es ambigua: el perro vuelve sobre sus pasos y apoya el hocico lo más cerca posible del lugar preciso donde registró la presencia del olor.

El mapa de los parques donde trabaja

  • Parque Nacional Nahuel Huapi: proyectos de protección del huillín, una de las especies más amenazadas del sur argentino.
  • Investigaciones sobre carnívoros medianos y grandes: gato huiña, gato montés y puma, en colaboración con equipos científicos locales.
  • Parque Nacional Lanín: tareas de monitoreo y acompañamiento a guardaparques en recorridas de campo.
  • Parque Nacional Los Alerces: conversaciones abiertas para sumarlo a trabajos sobre huemul y huillín, donde los guardaparques ya mostraron interés en incorporarlo.

El desafío más pequeño, y el más ambicioso

El reto que tienen entre manos hoy es, paradójicamente, el más diminuto de todos. Humboldt está siendo entrenado para detectar un parásito que afecta a peces nativos de la región. La primera etapa es comprobar si su nariz puede reconocer la presencia del organismo en el agua; la segunda, mucho más compleja, es ver si logra identificarlo dentro del propio caracol que lo aloja y lo transmite. Si lo consigue, el trabajo que hoy insume días en un laboratorio podría acelerarse de manera significativa, y un basset hound nacido en la Patagonia terminaría prestando un servicio clave para la salud de ríos y lagos de los que dependen comunidades enteras.

El proyecto no surgió de la nada. Tiene un antecedente directo y entrañable: Darwin, un perro de la misma familia que participó en investigaciones similares en la zona hasta su muerte y que dejó una forma de trabajar que Alex, Kenia y Humboldt continúan y perfeccionan. La tarea es voluntaria, sin retribución económica, y se sostiene sobre una combinación poco habitual de paciencia humana y talento canino. En cada recorrida, mientras el viento patagónico mueve las copas de los coihues y el sonido del bosque se mezcla con los pasos del equipo, Humboldt vuelve a detenerse, vuelve a fijar la nariz en un lugar donde aparentemente no pasa nada y vuelve a buscar a Alex con la mirada. Para quien lo ve por primera vez, parece un capricho de perro. Para los científicos que lo acompañan, es la confirmación de que la fauna sigue dejando señales, y de que a veces hace falta un olfato distinto para leerlas.

EB

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