Flan de café para hacer en casa: pocos ingredientes y todo el sabor
Con huevos, leche, café, azúcar y caramelo líquido se prepara un postre que va de suave a bien cargado según el gusto de quien lo arme. La cocción al baño maría y una noche de heladera hacen el resto.
Te imagino en la cocina, con el horno prendido y las flaneras a punto. Este flan de café es de esas recetas que parecen de restaurante pero se arman con lo que casi siempre hay en la heladera: huevos, azúcar, leche, y un buen café. La diferencia con un flan clásico es que parte de la leche se reemplaza por café preparado, y esa proporción es la que define si el resultado sale suave y lácteo o bien cargado y con personalidad.
Cómo decidir la proporción según tu gusto
Si te gusta el café con fuerza, podés usar hasta la mitad de la mezcla en café y el resto en leche. Si lo preferís más amigable, con un cuarto de café y tres cuartos de leche alcanza y sobra. El dulzor también se acomoda a mano: más azúcar para los golosos, menos para los que quieren que el café mande.
- Cubrí cuatro flaneras individuales con una cucharadita de caramelo líquido en la base y los laterales. Puede ser casero o comprado.
- Mezclá el café con el azúcar hasta disolver bien, sumá la leche y dejá entibiar.
- Baté los huevos por separado y unilos a la mezcla ya tibia, sin revolver de más.
- Repartí la preparación en las flaneras y llevá todo a baño maría, con agua caliente hasta un tercio de la altura de los moldes.
- Horneá a 180 grados con calor arriba y abajo durante unos 25 minutos.
El truco que marca la diferencia está en lo que viene después del horno. Dejá enfriar los flanes a temperatura ambiente, pasalos a la heladera y desmoldalos recién al día siguiente. Esa noche de frío es lo que les da la textura firme y el brillo del caramelo bien pegado al molde. Como referencia, con los ingredientes básicos para cuatro porciones el costo ronda los pocos miles de pesos argentinos, dependiendo de la marca del café y los huevos.
Si querés una alternativa menos conocida, probá sumar a la mezcla una cucharada chica de cacao amargo disuelta en el café: no es un flan de chocolate, pero le da una vuelta interesante sin tapar el sabor del café. Para llegar a la receta, en cualquier supermercado conseguís flaneras individuales por muy poco, y si no las tenés, sirven moldes de cupcake descartables aptos para horno.
Cuándo conviene prepararlo
La mejor época para hacer este flan es cuando hay algo fresco: el postre sale de la heladera y se disfruta mucho más en días de calor, aunque bien servido a temperatura templada también funciona perfecto en invierno, al lado de un café o un té. Por eso es un caballito de batalla para cualquier fecha del calendario.
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