El tumor silencioso que ataca a los varones después de los cincuenta: cuándo empezar a hablar con el médico
Cada año se detectan en el mundo cerca de un millón y medio de casos nuevos de cáncer de próstata y la mayoría avanza sin dar señales. La clave está en evaluar el riesgo individual antes de que aparezcan las primeras molestias.
El consultorio está tranquilo a esta hora de la mañana. Un señor de setenta y pocos se acomoda en la silla, se desabrocha el cinturón y le pregunta a la enfermera si tiene que quedarse en ayunas. No, le responden, es un análisis de sangre. El hombre suspira: hace cinco años que se lo repite y nunca entendió bien para qué. La enfermera le explica otra vez, con la paciencia de siempre, que ese número que van a informarle a su urólogo se llama PSA y que, aunque él se sienta perfectamente, es una de las pocas herramientas que existen para espiar lo que está pasando en una glándula que suele crecer sin hacer ruido. Ese PSA, sigla en inglés de antígeno prostático específico, es hoy el gran protagonista de una conversación que en Argentina todavía se posterga: cuándo empezar a controlar la próstata.
Los números globales son elocuentes. Según las estimaciones que difundió el Observatorio Global del Cáncer, conocido por su sigla GLOBOCAN, durante 2022 se diagnosticaron en el mundo 1.467.854 casos nuevos de cáncer de próstata y se registraron 397.430 muertes por esa causa. Representó el 7,3 por ciento de todos los tumores y fue el segundo cáncer más frecuente entre los varones, solo detrás del de pulmón, con diferencias marcada entre regiones.
Por qué la detección temprana depende de la edad y la historia familiar
Lo más inquietante de este tumor es que, cuando se lo descubre en una etapa localizada, muchas veces no había dado ninguna señal previa. No duele, no molesta al orinar, no cambia el ritmo de las noches. Recién cuando aparece algún síntoma la enfermedad suele estar más avanzada. Por eso, en lugar de esperar las primeras molestias, las guías internacionales recomiendan cruzar tres variables antes de decidir cuándo sentarse a hablar con un médico: la edad, los antecedentes familiares y el peso de la genética.
Para los varones con riesgo elevado, la recomendación que difunde la Clínica Mayo es empezar la ronda de consultas entre los 40 y los 45 años. Para la franja de entre 55 y 69 años, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos, conocido como USPSTF por su sigla en inglés, sugiere una decisión individual: pesar junto con el profesional los beneficios y las limitaciones del análisis de PSA. A partir de los 70, ese mismo organismo no recomienda el rastreo sistemático.
El PSA mide una proteína que producen tanto las células sanas como las malignas de la próstata. Un valor elevado no confirma cáncer: puede dispararse por un esfuerzo físico intenso, por una inflamación, por una biopsia reciente o por el uso de medicamentos como finasterida o dutasterida, que se recetan para problemas de agrandamiento prostático. Por eso, ante un primer resultado alterado, la práctica más frecuente es repetir el estudio antes de avanzar con pruebas adicionales. Si la segunda medición sigue alta, la evaluación suele ampliarse con un examen físico, con otros biomarcadores en sangre u orina y con una resonancia magnética para mapear la glándula y decidir si hace falta biopsiar alguna zona.
Antes de cerrar la nota vuelvo al consultorio de la mañana. El señor del cinturón ya se fue con su orden para el laboratorio, y la enfermera aprovecha el silencio para subrayar algo que repite cada día: hacerse el análisis no significa que vaya a aparecer nada. Lo importante, insiste mientras acomoda los tubos, es no llegar a la consulta recién cuando el cuerpo empieza a avisar. En el caso del tumor prostático, el verdadero punto de partida sigue siendo una conversación con el médico de cabecera, en una edad en la que todavía no hay síntomas de los que preocuparse.
La nota cierra con la misma imagen con la que empezó, porque creo firmemente que en temas como este la información vale cuando deja de ser un dato suelto y se convierte en una decisión conversada. Hablar de próstata, pedir un PSA, sentarse frente al médico antes de los cincuenta si hay antecedentes o antes de los cuarenta y cinco si el riesgo es alto: todo eso es, en definitiva, una manera de cuidarse en silencio.
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