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LUN, 07 SEPT 2026
Entretenimiento

El reencuentro soñado: Black Eyed Peas volvió a hacer vibrar Buenos Aires con un viaje por casi toda su historia

Will.i.am, apl.de.ap, Taboo y J. Rey Soul repasaron más de dos décadas de hits en el Movistar Arena, en una noche que tuvo de todo: clásicos, pedidos de matrimonio, mate sobre el escenario y una bandera argentina flameando al final.

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Verónica CardozoCultura y espectáculos · 7 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo primero que me recibió cuando me acerqué al Movistar Arena fue esa mezcla rara que solo se arma en Buenos Aires antes de un recital enorme: el murmullo de la multitud afuera, los puestos de choripán trabajando a pleno, padres con hijos adolescentes y grupos de amigos cruzando la calle con banderas y vinchas. Faltaba poco para que Black Eyed Peas vuelva a pisar un escenario argentino, y la expectativa era casi una cuestión de estado para quienes habían guardado durante dieciséis años la memoria de aquel show de 2010, cuando todavía Fergie era la voz femenina del grupo. Esta vez, con J. Rey Soul al frente de esa parte del repertorio, la banda volvió a la ciudad con la misma voracidad con la que supo conquistar las radios a principios de los 2000, pero con una madurez nueva, más acentuada en lo latino, más consciente de su propio legado.

El arranque fue una declaración de intenciones: "Let's Get It Started", "Boom Boom Pow" y "Rock That Body" cayeron una detrás de la otra, sin respiro, y el Movistar Arena se convirtió en una sola voz. La puesta visual acompañó cada golpe de ritmo: pantallas que se partían en cubos, cambios constantes de color y una cámara cenital que hacía sentir a todo el público dentro del escenario. La selección no se quedó en los clásicos de una sola década: hubo lugar para las últimas camadas de hits como "RITMO (Bad Boys for Life)", "MAMACITA" y "MABUTI", donde la raíz latina se hace carne, y también para los himnos que hicieron escuela, esos que tararea cualquiera aunque no sepa una palabra de inglés.

Un show pensado para repasar la carrera completa

  • Will.i.am se dio el gusto de cruzar al rubro solista con "#thatPower" y "Scream & Shout", dos temas enormes que funcionaron como bisagra antes de volver al set grupal con "Pump It", "GIRL LIKE ME", "Somebody to Love Me" y "Don't Stop the Party".
  • Apl.de.ap tuvo su propio momento con "Bebot", un tema que vuelve a sus raíces filipinas y que suele ser de los más celebrados por el público latino, siempre con un pie en el hip hop y otro en el groove más bailable.
  • Taboo, lejos de cualquier solemnidad, se sentó a tomar unos mates en el escenario, exclamó "me quiero sentir bien argento" y le regaló el último a una chica de la primera fila, en una escena simpática que desató una ovación tan fuerte como cualquier estribillo.
“Es un placer ser latino y estar en Argentina.”Taboo

Lo que nadie tenía previsto pasó sobre el cierre de "Where Is the Love?" y "I Gotta Feeling": una mujer del público subió al escenario invitada por la banda. Mientras cantaba mirando hacia abajo, su pareja apareció por el otro extremo, se arrodilló y le propuso matrimonio delante de miles de personas. Ella dijo que sí, con una sonrisa enorme, mientras la canción seguía sonando de fondo. Los integrantes celebraron el momento como si fuera propio, y el dato que trascendió después le dio todavía más emoción al asunto: la pareja se había conocido en 2010, justamente en el recital anterior de Black Eyed Peas en el país. Es de esas historias que cruzan la frontera entre el show y la vida real, y que terminan dándole a una noche de pop y hip hop un aire de película.

El tramo final funcionó como un compendio generoso de la identidad del grupo: "Meet Me Halfway", "My Humps", "Shut Up" y una última pasada por "I Gotta Feeling" dejaron a la gente con la sensación de haber recorrido, en algo más de una hora y media, buena parte de un catálogo que suena en radios, fiestas y gimnasios desde hace más de dos décadas. Como cierre, los cuatro levantaron una bandera argentina que se proyectó en las pantallas del estadio, un gesto simple pero cargado de significado para una banda que suele hablar de hermandad global y que esta noche eligió, como tantos antes, dejarse querer por Buenos Aires.

En lo personal, confieso que salí del Movistar Arena con esa sensación agridulce que dan los recitales que uno sabe que tardarán otros dieciséis años en repetirse: la alegría enorme de haber escuchado esos temas en vivo y, al mismo tiempo, la nostalgia anticipada de saber que falta tanto para la próxima. Me quedo pensando, además, en algo que se repitió varias veces durante la noche y que vale la pena subrayar: que la música, cuando funciona como tiene que funcionar, no distingue generaciones ni procedencias. En la misma cancha había chicos que probablemente aprendieron a caminar con estos temas sonando de fondo, y adultos que los bailaron por primera vez en algún boliche de los 2000. Todos terminaron saltando al mismo ritmo, y eso, che, no es un dato menor en estos times que corren. Es, en el fondo, la mejor definición posible de lo que hace Black Eyed Peas sobre un escenario: achicar distancias hasta que la cancha parece una sola vereda.

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Verónica CardozoCultura y espectáculos

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