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JUE, 27 AGO 2026
Vida

El museo de adobe que se descubre solo, en medio de la Quebrada de Huichaira

A 2.700 metros de altura, sin un solo cartel que lo anuncie, un fotógrafo de 60 años levantó un templo de barro para la fotografía latinoamericana. Hoy convoca visitantes de todo el país y forma a los jóvenes de las provincias, sin que mediara jamás una campaña de publicidad.

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Elena BianchiSociedad · 27 DE AGO DE 2026 · lectura 4 min
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Son cerca de las cuatro de la tarde y la luz entra de costado en una sala de paredes gruesas, color tierra. Afuera, el viento se cuela entre los cardones y arrastra un olor a polvo seco y a leña que viene de alguna cocina cercana. Adentro, hay silencio, apenas roto por el crujido de unos bancos de madera cada vez que alguien se sienta. En esa quietud, una fotografía de Marcos López parece respirar sola sobre la pared. El lugar es la Quebrada de Huichaira, sobre la ruta 9, frente a Tilcara, en pleno corazón de la Puna jujeña. Y lo que allí funciona, sin un solo cartel que lo anuncie desde el camino, es un museo dedicado por entero a la fotografía argentina y latinoamericana. Se llama Museo Entre los Cerros, lo conocen como MEC, y su historia empieza hace más de una década con un hombre que decidió que el público tenía que encontrarlo por cuenta propia.

Una casa de barro que se volvió museo

Lucio Boschi, fotógrafo de 60 años nacido en la provincia de Buenos Aires, llegó a la zona siguiendo el curso del río Huichaira, atraído por una formación natural del paisaje que todavía hoy, cuando lo cuenta, dice que le "cambió la cabeza". Compró un terreno, levantó primero su casa de adobe y, sobre esa misma arquitectura de tierra, fue armando después el museo, inaugurado formalmente en 2012. La decisión de no señalizar el acceso fue consciente: Boschi estaba convencido de que, si alguien realmente quería llegar, iba a preguntar, a caminar, a preguntar de nuevo. Y así ocurrió.

Al principio, confiesa Lucio entre mate y mate, no llegaba nadie. Los primeros visitantes fueron los chicos de la escuela rural de al lado, que cruzaban el camino para ver qué había dentro de esas paredes que parecían salir del propio cerro. Después vinieron los guías locales, que empezaron a recomendarlo a los viajeros. Y, con los años, fueron llegando grupos de fotógrafos, curadores y directores de museos internacionales de primer nivel, muchos de los cuales hoy recomiendan la visita en sus circuitos. Lo que había nacido casi como una apuesta solitaria se convirtió, sin publicidad de por medio, en un punto de referencia obligado para la fotografía regional.

Una colección armada a fuerza de cartas y de confianza

La colección permanente del MEC es, en buena medida, un mapa de la fotografía argentina y latinoamericana de las últimas décadas. Lucio Boschi recurrió a cartas enviadas a colegas y a los contactos que había cultivado durante años de trabajo internacional en galerías y bienales. La respuesta, según cuenta él mismo, fue casi unánime: todos dijeron que sí. Entre los autores que donaron obras se cuentan Marcos López, Graciela Iturbide, Martín Chambi, Alessandra Sanguinetti, Irina Werning y Rodrigo Abd, nombres que permiten medir el peso específico del acervo. Las salas, iluminadas con luz natural que entra por vanos calculados al centímetro, invitan a detenerse: hay bancos especialmente pensados para mirar, y un ritmo de visita que empuja a caminar despacio, como si el propio edificio pidiera esa pausa.

“Al principio no llegaba nadie. Los primeros visitantes fueron los chicos de la escuela vecina. Después vinieron los guías locales, los grupos de fotógrafos y, con el tiempo, los curadores y directores de museos internacionales. Yo estaba convencido de que el público tenía que descubrirlo por cuenta propia.”Lucio Boschi, fundador del Museo Entre los Cerros

Formación, biblioteca y residencias, lejos de las capitales

El MEC ofrece hoy mucho más que su colección. Funciona como un pequeño polo cultural con biblioteca, talleres, residencias artísticas y un programa gratuito de formación destinado a jóvenes fotógrafos de las provincias, una iniciativa que busca descentralizar el acceso a la capacitación en un país donde las oportunidades suelen concentrarse en Buenos Aires. El espacio sirve, además, como punto de encuentro para la comunidad local: allí se cruzan visitantes extranjeros, vecinos de Tilcara y estudiantes que llegan del resto del Norte Argentino. Para visitarlo conviene ir con tiempo y tener en cuenta un dato práctico: el acceso por la ruta 9 desde Tilcara sigue siendo la referencia más fiable, porque el GPS puede no estar actualizado en los tramos finales de los caminos del cerro. Y, aunque no haya un solo cartel que lo indique, una vez que uno cruza la puerta y se deja envolver por el olor a tierra y por la luz que se filtra por las paredes de adobe, se entiende por qué este museo sigue creciendo sin hacer ruido: porque eligió confiar en que, tarde o temprano, la gente iba a encontrarlo sola.

EB

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