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JUE, 10 SEPT 2026
Entretenimiento

El duque que se animó a cruzar el charco: la segunda temporada de The Gentlemen vuelve con más oscuridad y más

Theo James vuelve a ponerse el traje de Eddie Horniman, que ahora quiere expandir el imperio del cannabis más allá de Gran Bretaña, chocar con la mafia italiana y sacarse de encima al patriarca Bobby Glass. Todo, con Guy Ritchie todavía a los controles.

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Verónica CardozoCultura y espectáculos · 10 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Hay una imagen que se me quedó dando vueltas mientras preparaba esta nota: la de un tipo de corbata impecable, arrastrándose medio muerto por un campo embarrado de la campiña inglesa. Así empieza, técnicamente, esta segunda temporada de The Gentlemen, la serie de Netflix que Guy Ritchie viene sosteniendo con su marca registrada a fuego: diálogos filosos, violencia estilizada como si fuera un videoclip, y humor negro servido en bandeja. Pero antes de llegar a ese campo, hay que retroceder tres meses para entender cómo carajo terminó el Duque de Halstead con la cara embarrada y el orgullo todavía peor.

Para los que se engancharon con la primera entrega —y créanme que vale la pena revisarla antes de meterse en esta—, la historia nos había dejado a Eddie Horniman (Theo James) ya instalado como una pieza clave en el imperio del cannabis que maneja la familia Glass, y cada vez más pegado a Susie Glass, la hija del patriarca. Eddie no había pedido meterse en ese mundo: heredó el título de duque por accidente y, con el título, se le vino encima un negocio familiar que él no había elegido pero que terminó adoptando como propio. Bueno, adoptando y haciéndose cargo, porque este nuevo Eddie que aparece en los ocho capítulos de la temporada ya no es el aristócrata tibio que se asomaba al narcotráfico con cara de nene bueno.

Un duque con proyectos propios y un patriarca que mira para otro lado

Lo que me enganchó de esta vuelta es que la serie deja de ser, en gran parte, una comedia de enredos con personajes excéntricos en una mansión inglesa y empieza a parecerse a una tragedia griega con botasCountry. Eddie tiene un plan claro: recuperar tierras alrededor de la finca de los Glass, sacar las operaciones del Reino Unido y meterse de lleno en el cannabis legal, la política y las nuevas alianzas con el crimen internacional. Para eso necesita muñeca, espalda financiera y, sobre todo, que Bobby Glass deje de mirarse el ombligo.

Y acá aparece uno de los ejes más jugosos de la temporada: la pulseada entre Eddie y Bobby. El patriarca, interpretado por Daniel Ings, está más preocupado por su despertar espiritual y por sus retiros de yoga que por aggiornar el negocio a los nuevos tiempos. Susie (Kaya Scodelario) queda en el medio de los dos, tratando de mantener la familia unida mientras el imperio se le reorganiza solo. Es ese tipo de conflicto familiar que a mí, personalmente, me resulta más interesante que cualquier pelea a tiros: dos formas de entender el poder chocando en una misma mesa ratona.

  • El mafioso italiano Marco Moretti, interpretado por Sergio Castellitto, que trae consigo una red de contactos europea bastante incómoda para los Glass.
  • Su colaborador Cico Maldini, a cargo de Michele Morrone, un personaje que funciona como mano derecha y como bomba de tiempo.
  • Un entramado de política local y negocios legales que obliga a Eddie a aprender a mentir con la misma soltura con la que antes tomaba el té de las cinco.
  • Una galería de nuevos aristócratas y lowlifes del bajo mundo británico que completan el universo criminal de la serie.

Ritchie, otra vez, pero con menos bromas y más bisturí

Hay algo que quiero decir con todas las letras: si bien Guy Ritchie mantiene intacto su ADN visual —las persecuciones bien coreografiadas, los planos detalle de lujos y armas, el humor que aparece incluso en las escenas más tensas—, esta temporada se permite algo que la primera apenas rozaba: reflexionar sobre el costo personal del poder. Eddie empieza a entender que sus modales de duque, esa amabilidad que en otro contexto sería una virtud, en el mundo del crimen se lee como debilidad. Y que cada vez que acumula más control, se le hace un poquito más difícil salir. Pica, ¿no? Esa transformación me recordó a esos personajes clásicos del género que empiezan siendo medio inocentes y terminan mirándose al espejo sin reconocerse. Los que peinan algunas canas sabemos bien de qué se trata: a veces el camino se vuelve el destino sin que uno se dé cuenta.

Si te gustó la primera temporada por el desparrame y el tono de película británica con mala leche, esta entrega te va a seguir gustando. Si la primera te había resultado demasiado decorativa y esperabas algo con más garra, también. The Gentlemen segunda temporada ya está en Netflix, y te adelanto que el final te deja con una pregunta flotando que, al menos a mí, me costó sacarme de la cabeza el resto del día: hasta dónde puede llegar un tipo antes de que el costo del camino se vuelva irreversible. Ojalá que no tarden mucho en confirmar la tercera, porque después de este cierre, la palabra "espera" me quedaJyväskylä —perdón, me quedó grande.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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