Diez años de los Pearson: la serie que le puso fecha de cumpleaños al ADN familiar
This Is Us se estrenó el 20 de septiembre de 2016 y se despidió seis temporadas después. Un repaso por la propuesta de Dan Fogelman, su elenco coral y la estructura narrativa que hizo de lo cotidiano el corazón del drama.
Me acuerdo perfectamente del ruido del paquete de galletitas abriéndose en el living de mi vieja mientras ella acomodaba el control remoto y buscaba algo para ver un martes a la noche. En la pantalla, un grupo de personas soplaba velas en fechas que, sin saberlo todavía, tenían algo en común. Era el primer episodio de This Is Us, la serie que Dan Fogelman imaginó como una postal familiar estirada a lo largo de seis temporadas y 106 episodios. Se cumplen ahora diez años de aquel debut del 20 de septiembre de 2016, y la huella que dejó en el público sigue tan presente como el primer plano de una tortilla con velitas.
La apuesta era tan arriesgada como sencilla: contar la vida de los Pearson —una familia atravesada por la pérdida, la crianza y las idas y vueltas del amor— mediante una narración que alterna distintos momentos de sus vidas. El reparto se sostenía en nombres como Sterling K. Brown, Milo Ventimiglia, Mandy Moore, Chrissy Metz, Justin Hartley y el recordado Ron Cephas Jones, entre otros. Esa elección coral fue clave para que la serie no cayera en el retrato de un solo héroe emocional, sino en un ecosistema de personajes que se iban relevando como centro gravitatorio.
Una coincidencia como punto de partida
Quien todavía no se topó con la serie puede entrar por la puerta que Fogelman eligió como anzuelo: el primer capítulo presenta a cuatro personas que comparten la fecha de cumpleaños. El arranque funciona casi como un policial sentimental: durante esos cuarenta minutos iniciales, las tramas de esos personajes avanzan en paralelo hasta que, hacia el final, se revela que pertenecen a una misma familia. Además, se pone en juego otra herramienta central del relato: la historia se narra en dos marcos temporales, uno en el presente de los personajes adultos y otro en distintas etapas de su pasado.
Esa arquitectura le permitió a Fogelman saltar entre la juventud de Jack y Rebecca como padres y la adultez de sus hijos Randall, Kate y Kevin —los trillizos Pearson—, explorando los mismos vínculos desde ángulos distintos. Los viajes en el tiempo no eran un recurso decorativo: eran el motor para mostrar cómo una misma decisión, un mismo silencio o un mismo abrazo se leen diferente según la etapa de la vida en la que se los reciba.
Melodrama con humor, la fórmula que nunca soltaron
Fogelman planteó desde el arranque una premisa muy concreta: construir un tono que pudiera contener la risa y el llanto dentro de una misma escena, sin que ninguna de las dos se sintiera forzada. Esa búsqueda, que en otras producciones termina cayendo en el golpe bajo, acá se sostuvo con diálogos que dejaban respirar a los personajes y con situaciones cotidianas —un cumpleaños, una pelea de cocina, un llamado a un hermano— tratadas con la misma solemnidad que un duelo. La serie asumió el melodrama como elección estética y no como defecto, y desde ahí construyó su propia cadencia.
- Elenco coral sostenido en seis temporadas, con Sterling K. Brown, Milo Ventimiglia, Mandy Moore, Chrissy Metz, Justin Hartley y Ron Cephas Jones como ejes.
- Narración a partir de una coincidencia de cumpleaños que se revela como lazo familiar hacia el final del primer episodio.
- Estructura en dos marcos temporales que permite seguir a padres e hijos en distintas etapas de sus vidas.
- Un total de 106 episodios distribuidos en seis temporadas, con un tono que combina humor y emoción dentro del melodrama.
- Creación de Dan Fogelman, que mantuvo la búsqueda de un registro donde la risa y el drama pudieran convivir en una misma escena.
En lo personal, This Is Us me parece una de esas series que entendió algo que muchas otras olvidan: que la épica no necesita dragones ni explosiones. Basta con un cumpleaños compartido, un padre que intenta hacer las cosas bien aunque no siempre le salgan y un grupo de hijos que cargan, cada uno a su manera, con lo que recibieron y lo que les faltó. A diez años de su estreno, la invitación sigue siendo la misma: sentarse en el sillón con un paquete de galletitas abierto y dejarse llevar por una familia que, aun con sus contradicciones, se las arregla para sentirse propia. Y uno, mirándola, termina reconociéndose un poco en cualquiera de los Pearson.
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