Obrador Florida: la heladería de Palermo donde cada sabor viaja solo en su propio envase
En el corazón de Palermo, Mecha Román combina once gustos de helado con golosinas artesanales elaboradas con el descarte de frutas. Vasitos, cucuruchos y potes de un cuarto o medio kilo que mantienen cada sabor intacto.
Si andás dando vueltas por Palermo y el calor te pide algo fresco, te conviene frenar en Honduras al 4400, donde funciona Obrador Florida, una heladería de autor que se mueve lejos de las recetas industriales. Acá no vas a encontrar un pote de un kilo mezclando gustos: cada sabor se vende en su propio envase, de un cuarto o medio kilo, y la idea es que cada bocado llegue con la intensidad con la que salió del obrador.
Una carta corta que rota con las estaciones
Te encontrás con once sabores en total. Cinco son fijos y los conocés de memoria: chocolate, limón, sambayón, vainilla y dulce de leche. Los otros seis van cambiando según lo que dé la temporada. Entre los que desfilaron por la heladera figuran avellanas tostadas de Río Negro, queso crema con quinotos confitados, crema de té Earl Grey con chocolate y crema de jengibre. Si vas en pleno otoño, es probable que la carta sea otra a la que leas en esta nota, y eso es parte del juego.
- Chocolate
- Limón
- Sambayón
- Vainilla
- Dulce de leche
- Avellanas tostadas de Río Negro (temporada)
- Queso crema con quinotos confitados (temporada)
- Crema de té Earl Grey con chocolate (temporada)
- Crema de jengibre (temporada)
La crema de limón es la que más trabajo les dio: Mecha Román me contó que la receta les llevó dos años de pruebas, con el rallado de cáscaras incluido para sacar todo el aroma. Los sorbetes de pomelo, blanco y rosado, son otra perlita: cuando ofrecen una degustación de uno, acercan el otro al costado para que compares las dos versiones de la misma fruta. Es un detalle chico que dice mucho de cómo se toman el oficio.
Golosinas que nacen del desperdicio
Lo que más me llamó la atención es la línea de confitería. Nació como una forma de aprovechar las partes de las frutas que no entran en los helados, y hoy es uno de los motivos para cruzar la ciudad. Hay malvaviscos frutales, bombones, chupetines de chocolate, mazapán de pistacho y crocantes de miel cubiertos con chocolate. Todo sin colorantes ni saborizantes artificiales, con procesos de pastelería y confitería que Mecha aprendió cuando estudió gastronomía y se perfeccionó con cursos específicos de heladería antes de abrir el local, en el otoño de 2022.
Cuánto sale y cómo moverse
Para que te ubiques con los números: los vasitos arrancan en 9.000 pesos y permiten combinar hasta tres gustos, mientras que los cucuruchos mantienen esa misma lógica. Los potes de un cuarto y medio kilo, en cambio, son de un solo sabor cada uno, que es justamente lo que ellos defienden: que el helado se coma fresco, sin mezclas que emparejen todo. Las golosinas sueltas arrancan en 2.800 pesos y también podés pedir cajas armadas con lo que haya disponible ese día. Si querés una alternativa menos conocida, te recomiendo esquivar la fila de la cuadra de Avenida Santa Fe y meterte por las calles internas de Palermo Soho: el local está a pocas cuadras del Subte D, estación Palermo o Plaza Italia, y siempre se disfruta más llegar caminando.
La mejor época para ir es el otoño-invierno, cuando salen las cremas más elaboradas y las golosinas de frutas de estación. Pero te confieso algo: si lo que te gustan son los cítricos y los sorbetes bien ácidos, esperá al verano, cuando el pomelo blanco y el rosado se roban la heladera. En cualquiera de los dos casos, vas a salir con la sensación de haber comido algo hecho con tiempo, en serio, por alguien que se tomó dos años para decidir cómo rallar un limón.
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