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MIÉ, 16 SEPT 2026
Vida

Cuando un abuelo se pierde de golpe: la señal que no hay que dejar pasar y que suele tener solución

Una especialista de Cleveland Clinic advierte que un cambio brusco en la lucidez de un adulto mayor puede ser un episodio de delirio, un cuadro que muchas veces se desencadena por algo tratable y que requiere consulta inmediata, incluso en personas que ya viven con demencia.

EB
Elena BianchiSociedad · 15 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Lo que me toca ver seguido, cuando voy a visitar a mi suegra al barrio de Belgrano, es a una vecina del edificio que cada tanto se cruza en el ascensor sin saber bien en qué piso se bajó. Esa escena, que a simple vista parece un mal momento, es la que cualquier familia tiene que aprender a mirar con otros ojos porque, según me quedó claro después de investigar este tema, una desorientación repentina en un adulto mayor no es un detalle menor: es una señal que pide atención médica en el momento.

Heather Torbic, farmacéutica de cuidados intensivos de Cleveland Clinic, me contó que ese cuadro puede ser un episodio de delirio, una alteración que suele instalarse en horas o a lo sumo en uno o dos días, y que muchas veces aparece cuando hay algo en el organismo que está fallando y que tiene tratamiento. Por eso, dijo la especialista, interpretar esos cambios como una simple expresión de la demencia es un error frecuente que termina demorando la consulta y dejando sin atender la causa que lo disparó.

La diferencia que un familiar puede notar

Lo que yo aprendí conversando con fuentes del área es que hay dos claves que ayudan a distinguir un cuadro de otro, y que cualquier hijo, nieto o cuidador puede vigilar sin ser médico: el tiempo en que se produjo el cambio y la forma en que varía a lo largo del día.

  • El delirio aparece de golpe, en horas o en uno o dos días, mientras que la demencia se desarrolla durante meses o años, con un deterioro progresivo de las capacidades.
  • En el delirio, una persona puede estar lúcida por la mañana y confundida a la tarde, dentro de la misma jornada.
  • La demencia suele mantener una atención más estable en sus primeras etapas, aunque después se va deteriorando.
  • El delirio puede traer, además de la confusión, dificultad para concentrarse en lo que pasa alrededor y cambios de conducta como mayor retraimiento o agresividad respecto del comportamiento habitual.

Torbic me insistió con algo que me parece importante para los argentinos que tienen a un padre o a una madre internados: el delirio es frecuente en las internaciones y el riesgo crece cuanto más se prolonga la estadía, en especial en cuidados intensivos. Ahí, añadió, el equipo de salud sale a buscar un desencadenante, porque cuando se lo corrige, en muchos casos la confusión se revierte.

Por qué no hay que esperar

La especialista me resumió la idea de un modo que a mí me quedó dando vueltas: la demencia, por sí sola, habitualmente no es una emergencia; el delirio, en cambio, casi siempre lo es. Por eso mismo, me señaló, las personas con diagnóstico de demencia son más vulnerables a un episodio de delirio durante una enfermedad o una internación, y notar una alteración abrupta respecto del estado habitual es clave para que el médico pueda orientarse rápido. Mientras tanto, en el barrio, cada vez que me cruzo a esa vecina, no puedo evitar mirarla un rato más y pensar cuántas veces ese tipo de escena pasa inadvertida en familias que, sin saberlo, están a tiempo de pedir ayuda.

EB

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