Cuidar el cerebro desde la cocina, el barrio y el consultorio: qué reveló el mayor ensayo latinoamericano sobre prevención de la demencia
El estudio LatAm-FINGERS, presentado en Buenos Aires, siguió durante dos años a más de mil personas de once países. Los resultados muestran mejoras cognitivas cuando se sostienen en el tiempo cambios en la alimentación, el movimiento, la mente y los vínculos.
En una sala colmada del centro porteño, con el murmullo de los coffee breaks colándose entre las butacas, especialistas de toda América Latina presentaron esta semana los resultados del mayor ensayo clínico realizado en la región para probar si los hábitos cotidianos pueden frenar el deterioro cognitivo. La propuesta es concreta y, al mismo tiempo, profundamente cotidiana: atender la presión, la glucosa y el colesterol; mover el cuerpo; alimentar bien la mesa; ejercitar la memoria con desafíos nuevos; y cultivar los lazos con los demás. La idea, sintetizada por los investigadores que se reunieron en Buenos Aires, es que la demencia no se previene con una sola pastilla ni con un solo consejo, sino con una estrategia conjunta que se sostiene en el tiempo.
Por qué el corazón importa tanto como la cabeza
El cuidado cardiovascular ocupa el centro de la escena porque la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y el colesterol elevado dañan los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro. Esa explicación, repetida por los panelistas, suele sorprender a quien escucha por primera vez que proteger la memoria empieza, literalmente, en el consultorio clínico y en la farmacia del barrio. Por eso, la evaluación médica periódica forma parte del paquete preventivo junto con la caminata diaria, la lectura, el juego de mesa con los nietos y la charla con el vecino.
Para llevar esas recomendaciones a la práctica, las posibilidades de cada comunidad cuentan y mucho. Lucía, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS, me confió que las propuestas alimentarias y la organización de las actividades se adaptaron a los recursos y las costumbres locales, desde las ferias de barrio hasta los centros de jubilados. La clave, según la investigadora, consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales de cada lugar.
“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS
- Alimentación saludable, adaptada a los productos y recetas de cada región.
- Actividad física regular, especialmente ejercicios aeróbicos y de fuerza.
- Entrenamiento cognitivo con actividades que impliquen aprender cosas nuevas.
- Fortalecimiento de los vínculos sociales y de las redes de contención.
- Control de los factores de riesgo cardiovascular: presión, glucosa, colesterol y tabaquismo.
Ese criterio fue el que orientó al ensayo latinoamericano que se presentó en el encuentro: participaron 1.065 personas de entre 60 y 77 años, distribuidas en once países, con un seguimiento de dos años. La investigación evaluó una intervención que reunió alimentación, ejercicio, entrenamiento cognitivo, socialización y atención de los riesgos cardiovasculares, con dos modalidades de acompañamiento: una más estructurada, con actividades organizadas y contacto frecuente con equipos de salud, y otra con recomendaciones para incorporar los hábitos con mayor autonomía. Ambos grupos recibieron orientación preventiva.
Qué se midió y qué se encontró
El estudio registró una mejora de la cognición global entre quienes siguieron la intervención más estructurada, un dato que los investigadores presentaron con prudencia porque todavía falta recorrido para traducirlo en recomendaciones definitivas. También se examinó si era posible sostener el programa en la vida real: el 80 por ciento de los participantes tuvo una adhesión moderada o alta y el 84,9 por ciento completó la evaluación final, cifras que para los especialistas confirman que mantener cambios en el tiempo es difícil, pero posible, cuando se acompaña a la persona y se respetan sus rutinas.
Los propios investigadores se ocuparon de aclarar, al cierre del encuentro, que estos resultados no significan que una rutina saludable garantice evitar la demencia. El enfoque busca reducir riesgos y enlentecer el deterioro, no prometer soluciones absolutas, y por eso subrayaron la necesidad de seguir investigando con seguimientos más prolongados y con poblaciones más diversas, porque en América Latina, como recordó Lucía al despedirse en el pasillo todavía con olor a café, cada comunidad escribe su propia manera de cuidar la cabeza y el corazón.
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