A los 27 años se apagó Presley Gerber, el hijo modelo de Cindy Crawford que pidió ayuda en público
El joven, que había arrancado en las pasarelas a los 16 y desfiló para Calvin Klein, Dolce & Gabbana y Burberry, estaba internado en un centro de rehabilitación en California. Su familia difundió un comunicado y pidió privacidad para transitar el duelo.
La imagen es la de un muchacho de rasgos perfectos, con la mandíbula marcada y esa mirada que parece salida de una campaña de los noventa heredada de su madre, sentado en una habitación de hospital con el suero todavía puesto. Esa es la última postal que tengo en la cabeza cuando pienso en Presley Gerber, el hijo mayor de Cindy Crawford y Rande Gerber, que murió a los 27 años mientras estaba internado en un centro de rehabilitación de California, según confirmó la Oficina del Médico Forense del Condado de Los Ángeles.
Lo que a mí, como espectadora de esta industria desde hace rato, me golpea es que no se trataba de un chico cualquiera: era el vástago de una de las supermodelos más icónicas que dio el mundo, la mujer que fue musa de Pepsi en los noventa y que, en 2018, eligió compartir cartel con su propio hijo en otro comercial de la misma marca durante la Super Bowl LII. Es decir, que Cindy no solo lo había presentado en sociedad, sino que lo había llevado de la mano al escenario más grande de la publicidad estadounidense. Y sin embargo, nada de eso lo protegió.
Una vida entre pasarelas y búsquedas personales
Nacido el 2 de julio de 1999 en Brentwood, el barrio más cinematográfico de Los Ángeles, Presley arrancó en el modelaje a los 16, casi calcando el camino de su madre y, después, el de su hermana menor Kaia. Pasó por las campañas y pasarelas de Calvin Klein, Dolce & Gabbana, Burberry, Tommy Hilfiger y Ralph Lauren, una lista de casas que cualquier modelo de su edad firmaría con los ojos cerrados. Pero detrás de las luces, lo que se fue acumulando fue otra cosa: los ataques de pánico, las pérdidas que fue atravesando y un consumo problemático de drogas y alcohol que terminó arrastrándolo hasta una internación.
“Presley, te queremos y no estás solo.”Cindy Crawford, en respuesta a un posteo de su hijo en Instagram
En diciembre del año pasado, el propio Presley había abierto la puerta de su intimidad desde su cuenta de Instagram, en un video que después borró pero que circuló lo suficiente como para quedar registrado. Ahí contó los medicamentos que estaba tomando, describió los ataques de pánico y habló de las pérdidas que lo habían golpeado en el tiempo reciente. Lo notable, y acá viene lo que a mí me parece que hay que subrayar, es que no lo usó como un monólogo de víctima: lo pensó como un mensaje para otras personas que estuvieran pasando por lo mismo, para decirles que no estaban solas y, al mismo tiempo, para pedir él mismo una orientación que lo ayudara a encontrar ese apoyo que tanto le costaba conseguir.
El peso que también carga la familia
La familia, mientras tanto, no se mantuvo al margen. Cindy Crawford contestó aquel posteo con un mensaje directo, breve y maternal, de esos que no necesitan adornos. Su hija Kaia, en una entrevista, reconoció algo que a mí me parece de una honestidad inusual: explicó que durante mucho tiempo había relegado sus propias necesidades porque entendía que sus padres tenían que estar disponibles para Presley, y que eso la había hecho más reacia a pedir ayuda para ella misma. Es decir, que la enfermedad de uno reorganiza toda la casa y, muchas veces, deja a los que están al lado sin permiso para enfermarse.
En una palabra prestada del guaraní que me gusta usar cuando la situación lo amerita, Presley anduvo mucho tiempo tratando de encontrar su ñeheñói, esa voz interior que en nuestra cosmovisión habla de la palabra que sale del alma. La buscó en las pasarelas, la buscó en las cámaras, la buscó en los medicamentos, la buscó en una clínica de California. No la encontró, o al menos no a tiempo, y eso es lo que hoy nos duele como noticia y, al mismo tiempo, nos obliga como sociedad a mirar de frente algo que no se resuelve con likes ni con campañas de publicidad.
Tras confirmarse el fallecimiento, los allegados difundieron un comunicado en el que pidieron privacidad y respeto para transitar el duelo. Una vez más, como tantas veces que el destino se ensaña con una familia mediática, el mundo mira desde afuera y la familia intenta, en lo posible, cerrar la puerta. A mí, que vengo siguiendo a Cindy Crawford desde que era adolescente y tengo la edad de sus hijas, lo que me queda es una sensación rarísima: la de haber visto crecer a un chico que parecía tenerlo todo y que, sin embargo, se topó con la misma fragilidad que cualquiera de nosotros. Si algo dejo como reflexión, es esto: cuando alguien pide ayuda, aunque sea por redes sociales, aunque sea con torpeza, aunque sea tarde, conviene tomar esa palabra en serio. Es lo mínimo que podemos hacer por el de al lado.
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