Travis Knight se planta frente a la inteligencia artificial: "el stop motion tiene alma y la IA, no"
El director de Laika vuelve al stop motion con Wildwood, el proyecto más ambicioso y difícil del estudio, y aprovecha la previa del estreno para marcar una diferencia tajante entre el oficio artesanal y las máquinas.
Hay una imagen que se repite cada vez que uno entra a un set de Laika: la de cientos de personitas armadas con paciencia infinita, detenidas en poses que parecen recién salidas de un sueño. Muñecos con texturas de lana, rostros pintados a mano, decorados donde se nota hasta el polvo que dejaron los carpinteros. A esa imagen, Travis Knight la defiende con palabras bien fuertes en la previa del estreno de Wildwood, su nueva película de stop motion, que llega a las salas el 23 de octubre después de ser filmada cuadro por cuadro durante varios años.
Un regreso a las raíces después de la acción real
Knight, que tiene 52 años y se había alejado del stop motion para probar suerte en el cine de acción real con Bumblebee y el proyecto de He-Man y los Masters del Universo, vuelve ahora al género que lo vio nacer como director. Su debut, Kubo y las dos cuerdas mágicas, le valió una nominación al Oscar y lo instaló entre los nombres ineludibles de la animación contemporánea. Wildwood, con sus 140 minutos de duración, es según el propio estudio la película más difícil que encararon en toda su historia, una afirmación ambiciosa si se tiene en cuenta el pedigree artesanal de Laika.
El tráiler que ya circula muestra esa factura minuciosa: cada fotograma construido físicamente, capa por capa, antes de ser capturado por la cámara. No hay atajos digitales que disimulen el esfuerzo. Y es justamente esa condición manual la que Knight puso en el centro de su pelea más reciente, la que sostiene contra el avance de la inteligencia artificial en los procesos creativos.
“La IA es realmente contraria a todo lo que defendemos en Laika, porque en Laika, en el centro de todo lo que hacemos, está el artista. El stop motion hace gala abiertamente de su humanidad. Y la IA carece de humanidad. Contar historias, crear arte, consiste precisamente en imbuir de alma lo que haces.”Travis Knight, director de Wildwood
Una diferencia que va mucho más allá de la técnica
Lo que plantea Knight no es una discusión sobre herramientas sino sobre filosofía. En el stop motion se ven las marcas del proceso humano: la leve temblorina de una mano que mueve un muñeco, las imperfecciones que delatan horas de trabajo, el tiempo que se acumula gota a gota en cada movimiento. En la animación generada por inteligencia artificial, en cambio, no queda ese rastro. Para el director de Laika, esa diferencia no es menor: es la línea que separa una obra de arte de un producto.
Y ahí aparece algo que me toca de cerca, aunque suene a cosa de otro mundo. En el litoral argentino y en buena parte de Paraguay y del sur de Brasil existe una palabra en guaraní, ñehe, que significa algo así como palabra-alma o el soplo que le da el artista a su obra para que no quede en mero cuero vacío. ñehe es lo que el artesano le sopla a la pieza cuando la termina. Lo que Knight llama "imbuir de alma" y lo que Laika cuida obsesivamente tiene parentesco con esa idea: la creación como acto que necesita del cuerpo y del corazón de alguien, no solo de un programa que combina patrones.
Igual, ojo: Knight no se presenta como un enemigo de la tecnología. Reconoció sin dramas que la IA es una "tecnología asombrosa", solo que a su entender le falta lo esencial para crear arte. Es una postura conciliadora pero firme: se puede convivir con la herramienta, siempre que no se la confunda con quien talla, pinta y mueve cada cuadro. En un momento en que las plataformas llenan catálogos con animaciones generadas en cuestión de minutos, la apuesta de Laika por los 140 minutos de Wildwood, filmados a mano, suena casi como un acto de resistencia.
Una pregunta que le cabe al público
A mí, que sigo la animación desde hace décadas, lo que más me interesa de todo esto no es el cruce filosófico sino la pregunta de fondo: en plena expansión de las herramientas automáticas, ¿cambia la forma en que el público valora una película hecha cuadro por cuadro? ¿Cuánto pesa hoy, para el espectador común, saber que detrás de cada segundo de imagen hay literalmente un dedo humano moviendo un muñeco? Wildwood, con su estreno del 23 de octubre, se ofrece como una oportunidad enorme para averiguarlo. Yo, si me dejan opinar, quiero creer que todavía pesa. Y mucho.
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