La montaña que no perdona: la caída de Mirko Luqe en el Cerro Bayo y lo que enseña sobre salir a la nieve sin red
Son las nueve de la mañana y el Cerro Bayo todavía está envuelto en esa luz gris que precede a la apertura de pistas. Arriba, en uno de los sectores fuera de balizamiento que rodean la estación de Villa La Angostura, Mirko Luqe se prepara para un descenso que ya tiene memorizado: conoce la pendiente, conoce la nieve y conoce, sobre todo, los límites de su cuerpo. Lo que no conoce, todavía, es el pequeño salto que en cuestión de segundos lo va a poner boca abajo en la nieve polvo, con el snowscoot varios metros más abajo y la sensación de que el tiempo, de pronto, se detiene.
El episodio ocurrió en plena temporada invernal y lo cuenta el propio Luqe desde su recuperación, todavía con el yeso en una de sus muñecas. Cae en un sector de nieve virgen, fuera de las pistas demarcadas, cuando pierde el control durante el descenso y termina deslizándose varios metros por la ladera antes de poder detenerse. El diagnóstico posterior habla de fractura y de varias semanas afuera de la bici, pero también, y esto es lo que más le importa, de un recordatorio: en terreno no controlado, la montaña no avisa.
Dos disciplinas que mezclan bicicleta y tabla
Antes de entrar en lo que pasó, vale la pena entender qué se estaba moviendo ahí arriba. El snowscoot y el snowbike son variantes del ciclismo de montaña adaptadas al manto blanco: toman la geometría y el espíritu de una BMX y los cruzan con la dinámica del snowboard. La rueda delantera se reemplaza por un esquí corto, la trasera por una tabla, y el rider se planta como si fuera un surfista con manillar. El resultado es una máquina pensada para pendientes empinadas y nieve no compactada, que exige nivel técnico alto y, sobre todo, lectura permanente del terreno.
Lo que dice la montaña cuando alguien cae
En la jerga de los guías de alta montaña y de los instructores de fuera de pista, la caída de Luqe es lo que se conoce como un incidente de baja energía con resultado afortunado. La explicación suena técnica, pero la idea es simple: en nieve polvo profunda, una persona puede quedar parcialmente enterrada en cuestión de segundos, y la posición del cuerpo, sumada al peso del equipo, puede comprometer la respiración mucho antes de que llegue cualquier ayuda. Por eso, los protocolos elementales que se repiten en cada curso de seguridad en nieve parten de una premisa que parece obvia y que, en la práctica, muchos grupos se saltean: ante una caída, lo primero que hace cada integrante del grupo es detenerse, establecer contacto visual o verbal con el accidentado y, si no hay respuesta inmediata, acercarse para evaluar el estado del compañero antes de pensar en cualquier otra cosa.
- Detenerse de inmediato y mantener la calma: el apuro por llegar al herido puede provocar una segunda caída en cadena.
- Establecer contacto visual o verbal con la persona caída antes de moverse hacia ella.
- Si no hay respuesta, acercarse con cuidado y evaluar si está consciente, si respira y si tiene.
- En nieve profunda, marcar la posición del accidentado porque la superficie puede cubrirlo en minutos.
- Nunca perder de vista al herido: el grupo que sigue bajando es el primero que falla.
- Avisar al centro de esquí o al patrullaje apenas sea posible, propia estación.
Qué se lleva y con quién se sale
El Cerro Bayo, con su mezcla de pistas habilitadas y áreas de nieve virgen a las que acceden riders y esquiadores con experiencia, no es la excepción sino la regla en la cordillera neuquina. Por eso, las recomendaciones que repiten instructores y guías para cualquier salida fuera de balizamiento suenan repetidas pero siguen salvando vidas: no salir nunca solo, sino en grupos de al menos tres integrantes; cargar detector de Victim de avalancha, pala y sonda por persona; y dejar en tierra, siempre, el recorrido previsto y la hora estimada de regreso. Es, en el fondo, la diferencia entre un día de nieve que se cuenta con una sonrisa y un día de nieve que termina en una patrulla.
Volviendo a la mañana en la que arrancamos esta nota, Mirko Luqe ya piensa en volver a pararse sobre el snowscoot. Tiene la muñeca enyesada, varias sesiones de kinesiología por delante y, sobre todo, una certeza nueva: la montaña le dio un susto que no va a olvidar, y lo menos que puede hacer es contar lo que aprendió para que a nadie más le toque aprenderlo a la fuerza.
“En nieve polvo profunda, una persona puede quedar enterrada y asfixiarse en minutos; por eso, la primera obligación de cualquier integrante del grupo es verificar el estado del compañero caído antes de continuar.”Guías de alta montaña e instructores de esquí fuera de pista
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