¿Puede una máquina salvarte la vida antes que el médico de guardia? Bill Gates dice que ya está pasando
El cofundador de Microsoft puso el foco en Viz.ai, una plataforma que analiza estudios en casi 2.000 hospitales de Estados Unidos y alerta sobre accidentes cerebrovasculares. También habló de agricultura y ciencia.
¿Cuántas veces el timbre del teléfono del especialista sonó cinco minutos tarde? La respuesta, en miles de guardias, es un número que nadie quiere repetir. Bill Gates acaba de poner el dedo sobre esa llaga y, de paso, presentó a un protagonista inesperado.
Se trata de Viz.ai, una plataforma de inteligencia artificial que ya trabaja en casi 2.000 hospitales de Estados Unidos. ¿Qué hace, en criollo? Analiza estudios por imágenes, detecta accidentes cerebrovasculares (ACV, o sea cuando se tapa o revienta una arteria del cerebro) y otras urgencias, y avisa al equipo médico en segundos. Algo que a veces un médico de pueblo, solo de turno, tarda mucho más en confirmar.
¿Por qué a Gates le obsesionan los pueblos sin especialistas?
Gates lo dijo sin vueltas: en los hospitales chicos faltan neurólogos, faltan cardiólogos, faltan los ojos finos que miran una placa y dicen “esto es ahora, no mañana”. La IA, en este caso, no reemplaza al médico: le saca la venda de los ojos y le avisa qué caso saltar primero. Como cuando un inspector de Tránsito de la ruta 11 ve un choque y corta el camino antes de que llegue el patrullero.
El propio Gates suma otras utilidades para los médicos de atención primaria (los clínicos de toda la vida, vaya): ayuda a orientar diagnósticos, acompaña el seguimiento de pacientes después del consultorio y hasta traduce resultados de análisis o prospectos de medicamentos a un idioma que el paciente entienda. Vamos, lo que debería hacer un buen médico y que el sistema muchas veces no le deja.
¿Y qué pasa con la salud mental y el campo?
Dos terrenos donde la mano de obra falta de manera escandalosa. Gates tiró dos bombas:
- Salud mental: faltan consejeros, psiquiatras y especialistas en adicciones. La IA podría servir como primera escucha y triage, no como terapia.
- Agricultura en países pobres: productores sin acceso a pronóstico del tiempo confiable, sin saber qué semilla plantar, cómo curar una planta enferma o mejorar el suelo. Un asistente con IA, incluso básico, puede cambiar la cosecha entera.
También mencionó a la investigación científica: modelos que leen miles de papers (trabajos académicos publicados) y arman patrones para decidir qué experimento correr. Útil para quienes buscan tratamientos contra el cáncer o avanzan con energía nuclear. Hasta dijo que estas herramientas podrían permitir que un laboratorio chico compita con uno grande. Algo así como si la ferretería de la esquina pudiera discutirle los planos a una constructora.
Gates, fiel a su estilo, no se quedó sólo en lo promisorio: advirtió que todo esto choca de lleno con las desigualdades de acceso y con el sacudón que se viene en el empleo. Porque una cosa es que la máquina te diga dónde está el ACV, y otra muy distinta es quién paga el equipo, quién entrena al algoritmo y cuántos radiólogos quedan sin trabajo cuando la IA aprende a leer placas mejor que ellos.
Por ahora, Viz.ai mira cerebros en Estados Unidos y Bill Gates firma el cheque simbólico. La pregunta que queda flotando es si esta misma lógica va a llegar, algún día, a los hospitales del conurbano santafesino. Veremos.
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