Neuquén bajo el agua: una semana de lluvia, calles anegadas y un municipio que salió a la calle con cuadrillas, motobombas y el oído puesto en el teléfono del vecino
Siete días de precipitaciones seguidas pusieron a prueba el sistema pluvial de la capital neuquina. Mientras el casco céntrico resistió gracias a obras recientes, los barrios de la Meseta y Valentina Norte siguen peleando contra el barro. Aquí, cómo funciona el operativo, adónde llamar y qué dice el pronóstico.
El agua baja por la calzada de la avenida Mosconi y se pierde en las bocas de tormenta con un rumor sordo, casi constante, como si la ciudad estuviera respirando por la rejilla. Son las nueve de la mañana y ya se ve a los operarios municipales con las botas embarradas, destapando sumideros a mano, sacando hojas y bolsas de nylon que taparon los ductos durante la noche. Hace exactamente una semana que Neuquén no levanta el pie del agua: siete días seguidos de lluvias, algunas torrenciales, otras apenas persistentes, pero todas suficientes para mantener en vilo a un municipio que esta vez decidió mostrar la cara en la calle, con cuadrillas distribuidas por toda la ciudad y dos números de teléfono abiertos las veinticuatro horas para que el vecino reporte lo que vea.
Según me confiaron fuentes del Ejecutivo municipal, el esquema de emergencia que se activó desde el primer día de alerta reúne a cinco áreas trabajando en bloque: Defensa Civil, Limpieza Urbana, Espacios Verdes, Mantenimiento Vial e Infraestructura. No es un operativo menor: cada sector tiene asignadas tareas específicas que van desde la desobstrucción de rejillas hasta la limpieza de las llamadas bocas de tormenta, esos ingresos metálicos por donde el agua de la calle debería escurrir sin mayores problemas hacia los colectores principales. En el cruce de Chubut y Santa Cruz, por ejemplo, se vio durante toda la semana a los equipos Vactor, unas máquinas de succión de gran porte que parecen camiones aspiradora gigantes, retirando sedimentos y restos de materiales de obra que habían reducido la capacidad de captación del pluvial y generaban un tapón preocupante.
Qué dice la ingeniería: el sistema aguanta hasta veinte milímetros por día
La pregunta que cualquier vecino se hace es simple: ¿aguanta o no aguanta? El subsecretario de Medio Ambiente y Protección Ciudadana, Francisco, me lo explicó con una cifra concreta. La infraestructura de drenaje de Neuquén está calculada para absorber entre quince y veinte milímetros de agua acumulada por día sin generar anegamientos graves en las zonas más pobladas. Esa fue, justamente, la vara con la que se midió el desempeño de esta semana. Y el balance oficial, al menos para el casco céntrico, fue positivo. La avenida Mosconi, donde se terminaron obras recientes que renovaron de manera integral el sistema pluvial, funcionó como una suerte de columna vertebral del drenaje: las colectoras conectadas a ese corredor derivaron el agua hacia los conductos principales con una rapidez que sorprendió incluso a los propios técnicos, y eso evitó la acumulación histórica en el Bajo, esa zona baja de la ciudad que cada vez que llovía fuerte terminaba con cortes de tránsito y locales comerciales inundados.
Dos colectores, un río y una laguna de atenuación que se abre cuando el Limay se enoja
Para entender por qué la ciudad se comporta como se comporta cuando el agua no para, hay que mirar el mapa. El sistema de desagüe neuquino tiene dos salidas principales. Una es el arroyo Durán. La otra, el canal Villa María. Ambos terminan, finalmente, descargando en el río Limay. Y acá viene la parte que muchos vecinos desconocen: cuando el Limay sube de nivel y empieza a comportarse de manera caprichosa, como me decía entre risas un trabajador del área de Infraestructura, el municipio activa las lagunas de atenuación del barrio 127 Hectáreas, un predio de más de nueve hectáreas que funciona como una especie de pulmón de agua. Lo que hace esa laguna es absorber el excedente hídrico para bajar el nivel del arroyo y, de ese modo, acelerar el drenaje en los barrios del sur, que son los más comprometidos cuando los cursos naturales se ponen bravos.
El otro Neuquén: Meseta y Valentina Norte, donde el barro se come a la maquinaria
Pero hay un Neuquén que no se ve desde el centro y que, en esta semana, la pasó mucho peor. Son los barrios sin cordón cuneta ni asfalto, los que todavía tienen calles de tierra y donde el agua, en lugar de escurrir, se queda. Hablo de la Meseta y de Valentina Norte, dos sectores que concentran las mayores dificultades de acceso desde que empezó este ciclo de lluvias. El problema central es físico: el barro impide el ingreso de maquinaria pesada, esas máquinas enormes con las que el municipio normalmente nivela, rellena y repara. Entonces, ¿qué se hace? La respuesta me la dio un capataz de cuadrilla, con la franqueza del que tiene los pies empapados: se trabaja con motobombas, unas bombas portátiles que chupan el agua estancada y la sacan del lugar para que los vecinos puedan pasar, al menos de a pie, y para que el transporte de pasajeros encuentre un camino transitable, aunque sea precario. Las tareas de nivelación y la reparación definitiva, me aclararon, se reanudarán cuando el suelo esté firme, porque meter una pala mecánica en un barrial es garantía de que la máquina se quede atascada y el problema se multiplique.
Cómo reportar anegamientos y qué dice el pronóstico
Para los vecinos que necesitan dar aviso, el municipio tiene dos líneas habilitadas todos los días, durante las veinticuatro horas: el 103, que es la línea de Defensa Civil, y el 147, que es el número de atención al ciudadano. Atienden llamados por anegamientos, calles cortadas, árboles caídos, tapas de sumideros faltantes o cualquier otra situación vinculada al temporal. En cuanto al pronóstico, lo que se anticipa para los próximos días es continuidad de las lluvias, aunque con intensidad variable hasta el viernes, y con la posibilidad concreta de que se registren tormentas puntuales en distintos puntos de la ciudad. Por eso, las cuadrillas seguirán en la calle, los teléfonos seguirán abiertos y la avenida Mosconi, me dice un empleado municipal mientras acomoda una rejilla con la mano enguantada, va a seguir tragando agua como tiene que ser. Es, si se quiere, una pequeña épica cotidiana en una ciudad que aprendió a convivir con la lluvia, aunque a veces la lluvia se olvida de avisar que se va.
“La infraestructura está calculada para absorber entre quince y veinte milímetros por día sin generar anegamientos graves en las zonas más pobladas.”Francisco Baggio, subsecretario de Medio Ambiente y Protección Ciudadana
- Llamá al 103 (Defensa Civil) o al 147 (atención al ciudadano) las 24 horas para reportar anegamientos, calles intransitables, árboles caídos o tapas de sumidero faltantes.
- No tires basura en las rejillas ni en las bocas de tormenta: hojas, bolsas y restos de obra taparon ductos durante toda la semana.
- En calles de tierra de la Meseta y Valentina Norte evitá circular con vehículos livianos y respetá las indicaciones de las cuadrillas con motobomba.
- Si ves una zona anegada que pueda representar un riesgo eléctrico o estructural, alejáte y avisá por las líneas de emergencia antes de intervenir.
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