Mirtha Legrand, otra vez entre las sábanas del Mater Dei: la dama del living ahora pelea en la clínica
La conductora de 99 años reingresó el viernes 18 de septiembre con un cuadro compatible con neumopatía. Apenas cinco días después de haber sido dada de alta, la figura más eterna de la televisión argentina volvió a quedar internada para estudios y controles, mientras su nieta Juana Viale sigue sosteniendo el ciclo desde la grabación.
Cuando uno se imagina el living de Mirtha Legrand, lo primero que aparece es la imagen del mantel blanco, la copa de vino y la cámara que la persigue desde hace más de medio siglo. Pero esta vez la —perdón, la cámara— no la encontró en la mesa. La encontraron en una cama del noveno piso del sanatorio Mater Dei, con suero, estudios y el runrún lógico que se genera cada vez que su nombre aparece en un parte médico. Hay algo casi de paradoja argentina en esto: la señora que nos interrogó durante décadas sobre la vida de los otros hoy está en el centro de los interrogantes propios, con sus hijos, sus nietos y un país entero pendiente de su evolución.
Porque hace apenas cinco días, Legrand había recibido el alta después de una internación que arrancó el lunes 7 de septiembre por controles de una bronquitis que arrastraba hacía una semana. Entonces el sanatorio había transmitido que la convalecencia seguiría en el domicilio y que, si todo marchaba bien, podría volver a su programa. Pero los días en casa pasaron sin que reapareciera en las grabaciones, y este viernes 18, al filo de la tarde, volvió a cruzar la puerta del Mater Dei. Esta vez, según el parte firmado por el doctor Enrique Echagüe, con un cuadro compatible con neumopatía.
El parte médico y lo que dice la familia
El comunicado es breve y, a la vez, contundente. Cuenta que la internación tiene como objetivo la realización de estudios, el tratamiento correspondiente y los controles de rigor. También deja por escrito el agradecimiento de la familia por la preocupación del público y por el respeto hacia la salud de la conductora. Y fija un horizonte informativo: el lunes 21 de septiembre habrá un nuevo parte, salvo que ocurra algún cambio que justifique adelantarlo. Nada de frases alarmantes ni de paños fríos exagerados: el lenguaje es el clásico de estas lides, donde cada palabra se pesa como si fuera una pregunta del propio programa.
Vale la pena recordar que Legrand arrastra un historial reciente con los pulmones. En abril también había suspendido sus actividades por una afección respiratoria; en esa oportunidad transitó la recuperación en su casa y avisó que estiraría el reposo por recomendación médica. Su ausencia del ciclo se prolongó durante tres semanas. Por eso la palabra "neumopatía", que suena técnica y un poco aparatosa para los oídos no médicos, no es un capítulo nuevo: se inscribe en una secuencia de episodios que el cuerpo de Mirtha, a sus 99 años, viene sorteando con la parsimonia y la tozudez que le conocemos.
Juana Viale, al frente del timón
Mientras la estrella mayor pelea desde una habitación de clínica, su nieta Juana Viale volvió a quedar al mando del barco. El viernes, Viale tenía prevista la grabación del programa del sábado, con una mesa que iba a tener como invitados a Juana Repetto, Guillermo Pfening, Martín Menem, Álvaro Navia y Jésica Bossi. Esa misma noche se acercó al Mater Dei a visitar a su abuela y, fiel a su estilo cuando el asunto es la salud familiar, optó por no hacer declaraciones a la prensa. Imagen elocuente: una nieta que pisa fuerte donde su abuela no puede, y una abuela que, aun ausente, sigue condicionando la grilla entera del domingo.
Lo cierto es que esta es la segunda internación en menos de un mes. La primera había sido el lunes 7, cuando Legrand concurrió al sanatorio para realizarse chequeos y terminó quedando internada como medida de precaución, tras un cuadro respiratorio bronquial y un proceso gripal. Recibió el alta el domingo 13 con el deseo compartido de que el regreso a la tele estuviera cerca. Ese regreso nunca llegó. Y hoy, otra vez, los argentinos —y los médicos— esperan.
Una trayectoria que se escribe en plural
A esta altura cuesta separar a Mirtha del rito colectivo del domingo a la noche. Su historia con la pantalla chica arrancó en los años sesenta y se prolongó, con pausas y regresos, hasta convertirla en un monumento viviente de la televisión de habla hispana. Títulos, ciclos, almuerzos, cenas, frases célebres y célebres silencios: todo eso forma parte de un inventario que excede a cualquier conductor y que, probablemente, se esté reescribiendo en este momento mientras ella descansa y el país aguarda el próximo parte.
Yo, la verdad, no voy a fingir distancia: cada vez que me cruzo con una noticia así, pienso en la cantidad de veces que Mirtha recibió a alguien que estaba pasando por un mal momento y le regaló una sobremesa luminosa. Pienso en su manera de preguntar, en su don para incomodar con elegancia y en esa forma tan suya de sostener la escena sin gritar nunca. Por eso, más allá del parte y de los tecnicismos, lo que uno desea —y se permite pedir— es que esta neumopatía sea apenas un bache en su calendario. Que el living vuelva a encenderse, que la cámara la encuentre otra vez del lado de la mesa, y que el mantel siga siendo blanco. Hasta que el cuerpo aguante, y parece que aguanta bastante, Mirtha Legrand le sigue enseñando al público argentino cómo se hace. Ñande rekuéra, decían los guaraníes cuando querían honrar a alguien: "nuestro ser", "nuestra memoria". Mirtha, para buena parte de este país, es exactamente eso.
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