Mirtha Legrand cerró la ronda de antibióticos y se queda en el Mater Dei hasta nuevo aviso
La conductora de 99 años terminó el tratamiento por su cuadro respiratorio y, según el parte médico del sanatorio, seguirá hospitalizada sin fecha de alta. Juana Viale sigue al frente de sus programas y la familia pide prudencia mientras pasan los días.
Me imagino la habitación del sexto piso del Mater Dei con la luz de la tarde filtrándose por la ventana y a Mirtha, ya sin suero en la mano, repantingada en la cama mientras le cuenta a una enfermera alguna anécdota de los años en los que hacía cuatro funciones por día. Esa imagen, mitad cuadro costumbrista, mitad escena de su propia mesa, es la que me queda cuando leo el parte del lunes 28 de septiembre: la diva completó el tratamiento con antibióticos, evoluciona favorablemente de su cuadro respiratorio, pero todavía no tiene el alta. La frase clave del comunicado, firmado por el director médico Enrique Echagüe, es esa que a veces suena a mucho y a poco al mismo tiempo: "evolución favorable". Quiere decir que el cuerpo está respondiendo, pero también que los médicos prefieren no apurar los tiempos de una paciente de 99 años que ya pasó por dos internaciones en un mes.
Qué dice el parte médico y qué se sabe hasta ahora
El parte difundido por el sanatorio Mater Dei fue conciso, de esos que dejan más preguntas que respuestas. Confirmó que Legrand finalizó la tanda de antibióticos y que su cuadro respiratorio va respondiendo. También aclaró que la conductora está acompañada por su familia y agradeció, en nombre de la institución, las muestras de afecto que llegaron en estos días. Lo que no dijo, y acá viene el dato que más se comenta en los pasillos del canal y en los chats de WhatsApp de los del espectáculo, es cuándo vuelve a su casa. Si no hay sorpresas, la próxima actualización oficial será el miércoles.
“Si no se producen cambios, la próxima actualización médica será el miércoles.”Parte firmado por el director médico Enrique Echagu
Mientras tanto, la pantalla sigue girando sin su anfitriona. La última vez que Mirtha se sentó a la cabecera de su propia mesa fue el 29 de agosto. Desde entonces, su nieta Juana Viale se hizo cargo tanto de La Noche de Mirtha como de los almuerzos dominicales. Y ojo, no lo hace de manera protocolar: en una de las aperturas, Juana contó que su abuela sigue las emisiones desde la clínica y le hace devoluciones sobre lo que ve en pantalla. "La abuela está mejorando muy bien", dijo al mandarle un saludo al aire. Esa imagen, la de Mirtha mirando televisión y opinándole a Juana como si fuera una invitada más, tiene algo de profundamente argentino y de profundamente hogareño, casi como esas abuelas que se sientan en el sillón y te dicen al pasar, sin levantar la vista del tejido, que tal cosa estaba mejor el año pasado.
Un septiembre con dos ingresos y una recuperación paso a paso
- El primer ingreso en el Mater Dei se produjo por un cuadro gripal que derivó en una bronquitis. Después de varios días de atención, Legrand recibió el alta el 13 de septiembre y siguió recuperándose en su casa.
- Cinco días más tarde, el 18 de septiembre, volvió al sanatorio por dificultades respiratorias y un cuadro compatible con neumopatía. En ese segundo ingreso se decidió realizar estudios, mantener el tratamiento y dejarla bajo supervisión médica.
- El parte del 25 de septiembre destacó que Legrand había incrementado la actividad física junto al equipo de kinesiología y que continuaría hospitalizada hasta completar la recuperación y poder retomar sus actividades cotidianas.
- En las últimas horas, la institución confirmó que terminó el tratamiento con antibióticos y que la evolución es favorable, aunque todavía no se anuncio fecha de alta.
Durante estas semanas, la familia funcionó como un pequeño comando afectivo. La acompañaron su hija Marcela Tinayre, sus nietos Juana y Nacho Viale y su bisnieta Ambar de Benedictis. No hubo declaraciones ampulosas ni portazos mediaticos: la estrategia fue ir soltando partes oficiales, dejar que la prensa especulara lo menos posible y que la abuela descansara. Una specie de 'ñeñoreko' muy de nuestra tierra, esa costumbre criolla de cuidar al mayor de la casa con mimo y sin hacer ruido, como quien acomoda la mesa para el asado del domingo y espera que nadie falte.
Yo, que vengo siguiendo la carrera de Mirtha desde que era una pibe y la escuchaba nombrar con ese tono reverencial que le ponen mis viejos, no puedo evitar pensar en otra de sus internaciones, la de 2021, cuando se resintió de una obstrucción coronaria y el país entero contuvo el aire. Aquella vez, como esta, la pantalla se reacomodó sin ella y volvió, porque siempre vuelve. La diferencia es que ahora tiene 99 años y un cuerpo que le pide pausa. Pero si algo aprendimos mirandola durante décadas, es que Mirtha Legrand no se jubila: se toma un recreo, mira cómo le va a su nieta y, cuando el cuerpo le da el okey, vuelve a sentarse en la cabecera de la mesa como si nada hubiera pasado.
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