Mate, café o té caliente en pleno verano: lo que dice la ciencia sobre esa costumbre que muchos defienden con convicción
Un especialista británico en bienestar explica por qué una infusión caliente puede refrescar, pero advierte que todo depende de que el sudor se evapore. La hidratación, insistió, sigue siendo la clave.
En cualquier oficina, en una obra a pleno sol o en la mesa de una casa sin aire acondicionado, la escena se repite cada enero: alguien sirve un mate, un té bien cargado o un café humeante y lo ofrece como si fuera el secreto mejor guardado del verano. El vapor sube de la taza, el olor invade la habitación y la pregunta aparece sola: ¿no es una locura tomar algo caliente cuando afuera el termómetro no baja de los treinta grados? La respuesta, según explica el profesor John Tregoning, no es tan simple como elegir entre frío o caliente, porque lo que define la sensación térmica es un proceso mucho más sutil que la temperatura de lo que uno se lleva a la boca.
Por qué una infusión caliente puede terminar refrescando
Tregoning, que se especializa en bienestar y trabaja en el Reino Unido, sostiene que una bebida caliente hace dos cosas al mismo tiempo: por un lado, le aporta calor al cuerpo; por el otro, estimula la transpiración. Esa contradicción aparente se resuelve en la piel. Cuando el sudor logra evaporarse, el cuerpo pierde energía térmica y la sensación cambia, aunque la paradoja inicial parezca ir en contra del sentido común. Por eso, si estoy en un ambiente seco y con una corriente de aire que mueve la cortina o hace girar las aspas del ventilador, esa taza de café o de té bien caliente puede dejarme tan fresco como un vaso de agua con hielo.
“La temperatura de la taza o del vaso tiene un papel secundario frente a la hidratación y las condiciones del ambiente, según recuerda Tregoning, que insiste en que lo central es reponer líquidos de manera frecuente sin importar tanto si están fríos o calientes.”Profesor John Tregoning
- El líquido caliente suma calor al organismo y, a la vez, dispara una mayor sudoración.
- Para que esa transpiración refresque, el sudor tiene que evaporarse, no quedar sobre la piel ni empapar la ropa.
- En un ambiente seco y ventilado, la evaporación es más fácil y el balance se inclina hacia el enfriamiento.
- En un lugar húmedo y sin circulación de aire, el sudor no se va y la bebida caliente puede terminar sumando calor en lugar de sacarlo.
- La humedad elevada y la falta de ventilación traban la evaporación, aunque la transpiración siga siendo abundante.
El detalle importa porque es justamente lo que describe el olor de un día pesado de verano en una habitación sin ventanas abiertas: esa mezcla pegajosa entre el sudor y el ambiente cargado, que no se va ni con un abanico. Frente a esa postal, las bebidas frías, al menos en lo inmediato, dan una sensación de frescura más directa y bajan la percepción de calor por un rato, aunque su aporte al enfriamiento interno sea más modesto. Lo que Tregoning busca dejar en claro es que ninguna de las dos opciones funciona mejor en todos los contextos: depende del lugar, del aire y de cuánto se sude.
La recomendación final de Tregoning es bastante terrenal y evita las grandes fórmulas: sostener el consumo de líquidos a lo largo del día y prestar atención a dos enemigos silenciosos del verano, que son la humedad y la falta de ventilación. Volviendo a la escena del primer sorbo, en una cocina donde alguien insiste con el mate en pleno enero, lo más probable es que esa persona tenga razón si hay una brisa cruzando el patio; y esté sumando calor al horno si está encerrada en un ambiente cerrado, sin aire y con la ropa ya pegada a la piel. La ciencia, en este caso, le da la razón menos al contenido de la taza y más al aire que circula alrededor de quien la sostiene.
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