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JUE, 15 OCT 2026
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La toma que sacudió a Wall Street: llega al streaming la película que Gus Van Sant le dedicó a un rehén con causa

Bill Skarsgård interpreta a Tony Kiritsis, el hombre que en 1977 secuestró al hijo de un banquero para reclamar aire en la pantalla nacional. Después de un paso tibio por los cines, el thriller ya se puede ver en Movistar Plus.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos · · lectura 3 min
La toma que sacudió a Wall Street: llega al streaming la película que Gus Van Sant le dedicó a un rehén con causa

Imaginate la escena: una oficina bancaria en Indianápolis, un hombre cansado de que le nieguen lo suyo, una escopeta atada con alambre al cuello del hijo del dueño del banco y una cámara de televisión transmitiendo en vivo. Así, con esa postal dura y desquiciada, empieza Prime Crime: A True Story, la película que Gus Van Sant acaba de estrenar en streaming después de un paso discreto por las salas.

El caso es real. Tony Kiritsis se había presentado en la sede de un banco donde había pedido un préstamo para comprar un terreno. Cuando se lo rechazaron, sospechó que la entidad quería quedarse con su propiedad para especular. La reacción fue tan extrema como cinematográfica: tomó como rehén al hijo del dueño con un dispositivo rudimentario pero potencialmente letal y formuló dos exigencias, una indemnización económica y la posibilidad de hablar en televisión nacional para contar lo que le estaba pasando.

Un director que conoce el terreno

Van Sant no es un recién llegado a meterse con outsiders que se chocan contra el sistema. Ya lo había hecho en títulos como Todo por un sueño, donde Joaquin Phoenix se prendía fuego para ganar un premio de televisión, o en Mi nombre es Harvey Milk, donde el activismo también chocaba con las instituciones. Acá vuelve a poner la cámara sobre alguien que busca una salida desesperada fuera de los márgenes establecidos, con la diferencia de que esta vez se ancla en un hecho policial real de 1977.

Quién lleva la historia al hombro

El peso de la trama recae en Bill Skarsgård, actor sueco que viene recorriendo un arco enorme, desde el terror de It hasta el drama intimista de las últimas temporadas de la serie Succession. Acá compone a un Kiritsis con esa mezcla de vulnerabilidad y firmeza que se necesita cuando un rehén se convierte en protagonista mediático. La película construye una atmósfera de tensión sostenida, con referencias formales al thriller urbano norteamericano de los años setenta, cuando las tomas de rehenes se televisaban en vivo y la presión policial se mezclaba con la cobertura periodística en tiempo real.

Cierre con carga política

El desenlace viene acompañado por música de Gil Scott-Heron, un guiño que no es casual. Scott-Heron es el poeta del soul que escribió The Revolution Will Not Be Televised, y su presencia le carga sentido político al final de la película sin abandonar el registro del thriller. El film no termina de resolver todas sus contradicciones, pero deja picando una pregunta incómoda: qué pasa cuando alguien intenta montar una protesta individual contra estructuras que lo superan, y encima lo hace en cámara.

Después de recaudar apenas 3,8 millones de dólares en su paso por las salas, con un presupuesto estimado por debajo de los 15 millones, la película encontró en el streaming su segunda oportunidad. Ya está disponible en Movistar Plus, lista para que el público argentino la rescate. Por lo bajo, uno se pregunta si el cine de género con intención autoral no termina viviendo más cómodo en las plataformas que en las salas, una discusión que sigue abierta.

Y mirá, te lo digo con toda honestidad: a mí esta historia me agarró de un modo que no esperaba. Viéndola me acordé de algo que en criollo se dice jahechá, que en guaraní viene a significar algo así como mezclarse en algo que a uno no le corresponde, y es exactamente lo que hace Kiritsis, meterse en un quilombo ajeno con tal de hacerse escuchar. Skarsgård compone a un tipo al que uno no puede odiar del todo, porque detrás del delirio hay una bronca muy nuestra, la del que siente que el sistema le pasó por encima. Y eso, para mí, vale la pena aunque la película no termine de cerrar del todo.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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