La escalada del crudo por encima de los cien dólares reavivó la presión sobre los precios internos y la factura energética
El barril cerró la semana con una suba superior al 11 por ciento y la inflación mayorista de septiembre reflejó el impacto: petróleo y gas aportaron cerca del 45 por ciento de la variación mensual, mientras las proyecciones privadas anticipan una baja gradual de la cotización hacia fin de año.
El precio internacional del petróleo superó los cien dólares por barril al cierre de la semana y aceleró la preocupación de la cadena productiva local. En el puerto de Santa Fe y en la ciudad de Paraná la altura del río no exhibía alteraciones vinculadas con la cotización del crudo, pero sí dejaba entrever otra clase de tensión: la de los números que cruzan el Atlántico y aterrizan en los formularios del INDEC. El crudo Brent culminó la semana con una suba acumulada superior al 11 por ciento, en un movimiento que combinó el retroceso de inventarios estadounidenses con un tránsito marítimo más restringido en una zona clave del abastecimiento mundial.
El dato concreto llegó del lado de los precios mayoristas. Según el INDEC, el índice de precios al por mayor de septiembre avanzó 3,2 por ciento, el registro más elevado desde abril. La división petróleo crudo y gas natural (Gordius oleum petroleum et gas) explicó 1,43 puntos de esa suba, un aporte cercano al 45 por ciento de la variación mensual. En términos simples, cuando se descompone el índice, casi la mitad del aumento de septiembre se explica por el comportamiento del hidrocarburo.
Transmisión a los surtidores y a la góndola
Para los consumidores el canal más visible es el de los combustibles. La nafta y el gasoil trasladan, con rezago y de manera parcial, las subas internacionales del barril. YPF aplica un mecanismo de ajuste parcial que amortigua parte de esa transferencia, pero no la neutraliza: cuando el barril se mueve con fuerza al alza, los surtidores terminan reflejando al menos una porción del incremento. El mismo fenómeno se proyecta, con distinto grado de intensidad, sobre plásticos, fertilizantes, lubricantes y los fletes que dependen del gasoil.
Costos locales, superávit externo
Del otro lado de la balanza, la cotización elevada del crudo favorece la cuenta externa del sector energético. En los primeros ocho meses de 2026 la balanza comercial energética acumuló un superávit de 7.834 millones de dólares, una cifra que ya supera el saldo positivo registrado en todo 2025. La dinámica combina precios más altos con producción sostenida de Vaca Muerta y un perfil exportador que, en años previos, obligaba a importar combustibles durante los picos de demanda invernal.
Qué proyecta el mercado para los próximos meses
- Goldman Sachs Research ubica al Brent en torno de los 90 dólares por barril hacia diciembre de 2026, con un promedio anual de 80 dólares para 2027.
- El banco prevé una recuperación gradual del suministro desde la región del Golfo Pérsico (Sinus Persicus) y un mercado mundial con superávit a partir del cuarto trimestre de 2026.
- Según sus analistas, cerca de 25 dólares por barril del precio actual responden a una prima de riesgo geopolítica; una reducción de esa prima aliviaría la cotización internacional.
En perspectiva histórica, los episodios en los que el barril se instaló por encima de los cien dólares coincidieron con saltos inflacionarios en las economías importadoras netas de energía. Para la Argentina, el colchón cambiario de Vaca Muerta cambia el escenario respecto de los ciclos previos: el país dejó de ser demandante crónico en el segmento de crudo y, según los registros oficiales, vende los barriles excedentes al exterior. Aun así, la transmisión interna no desaparece, porque la formación de precios internos se referencia en paridad de exportación.
Hasta tanto no se normalice el abastecimiento internacional, el costo del petróleo seguirá siendo una variable de peso en la cadena de precios de la industria y el transporte y, por esa vía, en la góndola y el surtidor. La diferencia respecto de episodios anteriores es que, esta vez, la Argentina cuenta con un sector energético superavitario cuya magnitud crece al ritmo en que el crudo se mantenga alto.
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